En “Una vida ejemplar. Memorias de Art Pepper” (“Straight Life: The Story Of Art Pepper”, 1979; en España, 2011) no se habla demasiado sobre discos y conciertos. Al menos en proporción a temas como droga y sexo y en el sentido que lo haría un biógrafo o músico al uso. Art Pepper (1925-1982) nunca lo fue, y por ello la crónica de su vida no constituye un segmentado y quirúrgico estudio de su obra y milagros, sino que discurre de la mano de un relato que fluye a borbotones, agarrado a los vaivenes de turbulentas sesiones en estudio y directos, rutinas carcelarias, fobias raciales, trapicheos de drogata, cómicos atracos, arrebatos homófobos y obsesiones sexuales. Sin pretextos ni maquillajes. Situado en un punto en el que el músico californiano llegó a pensar que “no estaría mal cargarme a alguien y ser aceptado como un tipo peligroso de verdad”.
Laurie Pepper, su tercera esposa, extrajo esta conmovedora confesión durante largas sesiones frente a una grabadora y las traspasó luego al código literario. También incorporó con acierto opiniones de músicos, colegas y seguidores, enmarcadas entre artículos, críticas y entrevistas extraídas del referencial ‘Down Beat’. El resultado, publicado originalmente tres años antes de la muerte de Pepper, puso en las tiendas una de las autobiografías más intensas no solo del jazz, sino de la historia de la música popular contemporánea, reeditada en 1994 con prólogo de Gary Giddins y epílogo de la propia Laurie. El mismo texto que, reparando una bochornosa laguna, se edita en 2011 por primera vez en nuestro mercado con notable traducción de Antonio Padilla. 