En el cine de Asghar Farhadi nada es lo que parece. Si en “A propósito de Elly” (2009) podía pensarse que la película giraría en torno al personaje femenino del título, en “Nader y Simin, una separación” el núcleo de la trama no se centra tampoco en el proceso de divorcio al que se hace mención en el encabezamiento. Sin embargo, como ocurría con Elly, esa separación entre Nader y Simin, en el fondo, lo impregnará todo.
A Aghar Farhadi le gusta jugar con las expectativas y crear tensiones a partir del juego de las apariencias. Y es que nada es lo que parece en esta película en la que una familia en proceso de descomposición ve cómo su precario equilibrio todavía se tambalea más a causa de una demanda judicial por el involuntario asesinato del niño que esperaba su asistenta de hogar.
El director introduce su cámara en los resquicios de la intimidad de la pareja escindida y en sus problemas cotidianos, y filma con pulso tenso una realidad que se desmorona. Al mismo tiempo, convierte al espectador en juez de la batalla legal, moral y social que se libra entre los personajes. Pero no hay víctimas ni verdugos en este relato opresivo y desasosegante, cargado de violencia interna, solo seres atrapados en la tela de araña de sus propios problemas personales.
Narrado con la inmediatez de una crónica de urgencia, “Nader y Simin, una separación” es un filme áspero e incómodo que evidencia la ambigüedad de Farhadi a la hora de acercarse, seco, directo, pero a la vez equidistante (nunca aleccionador), a un relato que tiene como punta del iceberg las diferencias de clase y que termina convirtiéndose en un tratado sobre si la verdad es un término absoluto en una sociedad en la que todos somos vulnerables al engaño, casi como único medio de supervivencia. ![]()


























