Éxitos tan incontestables como el de “Kind Of Blue”, vaticina, ya no se repetirán. En su opinión, la insistencia de la industria en reeditar antiguas grabaciones responde no sólo a su afán por explotar un catálogo que sigue dando beneficios. También es el reflejo de una realidad artística que, dice Kahn, no admite discusión. “No se puede comparar el jazz acústico de pequeño formato de 2005 con el de 1955 ó 1965. Ésa fue la edad de oro, y no sólo por la calidad de la música, sino por las circunstancias. El jazz, en esa época, era una música muy popular y muy sexy, a juzgar por la cantidad de mujeres que iban a los conciertos. Era una manifestación cultural de vanguardia. Pero hacia el fin de los años sesenta, el rock lo reemplazó cuando supuestamente llegó a su madurez con Bob Dylan y The Beatles”.
Ashley Kahn ha dado con un filón y seguirá exhumando tesoros de esa época dorada del jazz. Su próximo libro, “The House That Trane Built. The Story Of Impulse Records”, está dedicado a la discográfica con la que Coltrane se hizo célebre en los años sesenta. Y en la enésima reedición de “Kind Of Blue” (una versión en formato Dual Disc que ha dado muchos quebraderos de cabeza a sus compradores al intentar reproducirlo en un ordenador) se incluye un DVD con un documental de media hora, “Made In Heaven”, firmado por Kahn. Lo mostró en la charla sobre el disco de Davis que dio en Barcelona el 11 de noviembre. Tres días después, daba otra bajo el título “‘A Love Supreme’: escuchar a los músicos hablar de música”. Volvió a poner un vídeo (esta vez del cuarteto de Coltrane interpretando esa obra en Francia, una grabación de culto que corre de mano en mano entre fans y que la discográfica Verve tiene previsto poner a la venta en un par de años). Pero de cómo hablar con los músicos no dijo ni media palabra. Sí lo hizo unos minutos antes en esta entrevista, con una anécdota que no está en el libro: “Le pedí a Elvin Jones (batería de Coltrane) que escuchásemos juntos ‘A Love Supreme’. Quería aprender más cosas sobre el disco. Aceptó. Nos sentamos a escuchar el CD. ‘A Love Supreme’ dura treinta y dos minutos. Treinta y dos minutos después, Elvin no había dicho ni una palabra. Sólo sonreía. Al final, se giró y me dijo: ¿Lo ves?”. 