Obviando el pasmo inicial de quienes aún arquean las cejas ante un escritor de canciones que, osado él, acaba lanzándose a la escritura a secas, el estreno literario de Bill Callahan es exactamente como uno se lo imaginaría. Esto es: rugoso, punzante, analítico y con una acentuada pasión por la soledad y las grietas emocionales. Como ocurre con sus canciones, donde sensibilidad y frialdad cortante andan siempre de la mano, el estadounidense sigue tirando del hilo para enzarzarse en un diálogo epistolar que bien podría ser un monólogo; el de un científico aficionado al boxeo y de vida más bien dispersa que comprime su rutina y se confiesa en sesenta y dos cartas dirigidas a una fémina, Emma Bowlcut, que solo hace acto de presencia a través del narrador. Ella, de hecho, no aparece, pero es la manera que tiene Callahan de dotar de cierto hilo conductor a esta colección de postales fugaces y extrañas reflexiones.
Ahora bien: “Cartas a Emma Bowlcut” (editado originalmente en inglés en 2010), con su ritmo hipnótico y sus atajos científico-filosóficos, no es más que una expansión del universo lírico de Callahan, una puesta al día de sus obsesiones y pasiones retratadas aquí entre frases cortas y metáforas imposibles –“eres mi taza favorita de acampada”, escribe– con las que el el autor de “Rain On Lens” viene a confirmar que, por mucho que este libro haya sido saludado como su debut oficial, su carrera literaria viene de lejos. ![]()
(Se puede leer un extracto del libro aquí)























