La serie no ha sido siempre eminentemente visual: de hecho, puede depender demasiado del diálogo para explicar quiénes son los personajes y cuáles son sus motivaciones. Existe cierto déficit de acción: los escasos momentos han sido brillantes –véanse la matanza de los irlandeses, el disparo de Richard Harrow a través del cristal del restaurante– y algo de esa magia operática animaría un relato a veces falto de tensión narrativa. Pero se disculpa por la excelencia del guión, defendido por actores que han construido un puñado de figuras para el recuerdo.
Obviamente, el jefe de todo esto es Buscemi/Thompson y su máquina republicana. Pero Kelly Macdonald exhibe delicadeza de matiz como la mujer que lo empuja, no sin dudas, en la dirección del bien. Michael Pitt brilla sombríamente como el protegido de Nucky, Jimmy Darmody, mientras que Stephen Graham da temible cuenta del joven Al Capone. Salvando, quizá, a la sufrida pero osada esposa de Darmody (Aleksa Palladino), en “Boardwalk Empire” no existen personajes claramente buenos; y la justicia está representada, sobre todo, por el agente federal Nelson Van Alden (Michael Shannon), raro como él solo, obsesivo-compulsivo y de un puritanismo autoflagelatorio (no es metáfora). Luego está Michael Kenneth Williams como Chalky, Jack Huston como Richard Harrow (el veterano de la guerra con el rostro de lata).
El comienzo del párrafo anterior pierde algo de sentido en la inminente en España segunda temporada: aunque Buscemi sigue igual de grande, su personaje pierde fuerza en Atlantic City. Empieza en lo más alto –ya tiene todo lo que quería, es decir, un presidente republicano–, pero antiguos aliados están dispuestos a pisotearlo. El Comodoro quiere recuperar el control de la ciudad y para ello tiene el apoyo no solo de señores de pelo blanco, sino también de jóvenes cachorros con colmillos recién salidos, como Charlie “Lucky” Luciano (interpretado por Vincent Piazza) y el letal Jimmy Darmody.
De los episodios emitidos hasta la fecha en Estados Unidos se trasluce que esta temporada tiene su foco en las relaciones personales y familiares y, sobre todo, la paternidad. En la primera temporada supimos por fin quién era el padre de Jimmy, pero Jimmy no tiene claro, todavía, quién merece en mayor grado ese apelativo. Además, tenemos la paternidad de Nelson Van Alden, o la complicidad de Nucky con los hijos de Margaret. Quien dice paternidad dice maternidad: el factor edípico que rige la relación de Jimmy con su madre Gillian (Gretchen Mol) se subraya ahora casi en cada capítulo; en el primero, Gillian le confiesa a la mujer de Jimmy que cuando este era pequeño “solía besarle su pequeña pilila”.
Admitiendo el pecado y los deseos: así es cómo se construye la historia y se levantan las naciones, parece contar “Boardwalk Empire”. Una historia ya sabida pero pocas veces explicada con semejante convicción. Es tele, pero poco. 