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BONG JOON-HO, La perfección existe

Parásitos de oro.

 
 

ENTREVISTA (2019)

BONG JOON-HO La perfección existe

En tiempos de pensamiento categórico, de voces gritonas enfrentadas a favor y en contra, cuesta fiarse del hype o del anti hype que rodea a todo. Pero el runrún de Cannes 2019 iba en la dirección correcta y “Parásitos”, (última) obra maestra del surcoreano Bong Joon-ho, está destinada a convertirse en un clásico de nuestro tiempo.

Aunque cueste creerlo, Bong Joon-ho es el primer cineasta de Corea del Sur en obtener la Palma de Oro en el festival de Cannes. Y ahora muchos esperan que, en un mundo cinematográfico post-“Roma” (Alfonso Cuarón, 2018), “Parásitos” pueda convertirse en la primera cinta del país asiático con nominaciones a la mejor película (a secas) y a la mejor dirección en los Óscar.

“Parásitos” lo tiene todo para lograr este y otros hitos. De entrada, es la obra más depurada de su director a nivel de gramática cinematográfica: como una masterclass continua de puesta en escena y composición visual. En tiempos de renovada conciencia social, sirve para reflexionar sobre la infinita brecha entre ricos y pobres, algo que, por otro lado, no es nuevo en Joon-ho. Como tampoco es nueva su mezcla de géneros y tonos, aquí quizá más satisfactoria a nivel de puro entretenimiento que nunca.

Parece imposible no sentir aunque sea un poco de cariño por la familia Kim, a la que conocemos malviviendo en un desastrado semisótano y ganándose la vida (por poco tiempo) doblando cajas de pizza. (Cuidado, el resto de párrafo son spoilers). Tras convertirse el hijo (Choi Woo-sik) en profesor de repaso de la hija adolescente de una familia adinerada, su paisaje vital cambia. Los Kim al completo acaban integrados en el hogar de los Park. A base de trampas, engaños y falsificaciones, la hija (Park So-dam) acaba convertida en terapeuta artística del niño pintor de la familia; el padre –Song Kang-ho, un habitual de Joon-ho, visto en “Memories Of Murder (Crónica de un asesino en serie)” (2003), “The Host” (2006) y “Snowpiercer. Rompenieves” (2013)–, en el chófer, y la madre (Jang Hye-jin), en sirvienta. Con esto ya haces una película, pero en “Parásitos” es solo la mitad de la historia.

El proyecto empezó a cobrar forma, en cierto modo, durante la juventud de Bong Joon-ho, cuando él mismo empezó a dar clases de repaso en casa de una familia acaudalada. “Enseñaba al hijo de una familia muy rica”, me dice vía telefónica, en coreano; una traductora me explica luego cada respuesta. “Y no era bueno: me despidieron a los dos meses porque jugábamos más que estudiábamos. Nunca dejé de pensar en la extraña atmósfera de aquella casa”.

“La familia Kim, la pobre, está haciendo cosas despreciables, pero los personajes son bastante adorables. Y la familia rica tampoco es horrible. De acuerdo, son un poco esnobs, pero tampoco han hecho nada tan terrible ni se merecen que les pasen cosas malas. Hay que preguntarse cuál es la verdadera raíz del desastre final”

Pero Joon-ho no convierte a los pobres en los normales y a los ricos en los raros. Toma partido por los olvidados –la familia pobre de “Parásitos” no es tan distinta de la que luchaba en “The Host” contra un pez mutante nacido de la tiranía estadounidense–, pero, lejos del maniqueísmo, ofrece un retrato matizado de la clase pudiente. “Mi idea es que, viendo la película, nunca supieras decidir quiénes son los buenos y los malos de la historia”, dice. “La familia Kim, la pobre, está haciendo cosas despreciables, pero los personajes son bastante adorables. Y la familia rica tampoco es horrible. De acuerdo, son un poco esnobs, pero tampoco han hecho nada tan terrible ni se merecen que les pasen cosas malas. Hay que preguntarse cuál es la verdadera raíz del desastre final”. El parásito es, en realidad, el corrupto sistema capitalista.

Parece casi inevitable comparar “Parásitos” con “Burning” (Lee Chang-dong, 2018), otra inmensa película surcoreana que lidiaba con la brecha entre ricos y pobres e ideas de insuficiencia. En ambas, la tensión va hirviendo –sobre todo desde cierto comentario sobre el olor corporal– hasta un final catártico. “Sí, a mí también me llamó la atención”, dice Joon-ho. “Y tampoco es la primera vez que esto me pasa con Lee Chang-dong”. Y reconoce que, cuando hizo “Mother” (2009), su colega apareció al año siguiente con “Poesía” (2010). “En ambos casos, la heroína era una mujer de cierta edad que trataba de salvar a un miembro más joven de su familia; liberarlo de algún crimen. También ‘Parásitos’ y ‘Burning’ comparten un montón de temas”. ¿Son ustedes más o menos cercanos? ¿Han hablado de estos asuntos? “Nos conocemos, pero tampoco es que hablemos mucho o quedemos. ¡Simplemente, nos pasan estas cosas! Si yo fuera crítico de cine, también me habría fijado y habría querido llegar al fondo de esta conexión. Los protagonistas jóvenes masculinos de una y otra película son casi intercambiables”.

Joon-ho también lidió con la brecha de clases, en un escenario muy diferente, en la distopía de acción “Snowpiercer. Rompenieves”. “Esa película trataba sobre el sistema de clases y cómo podría ser el futuro de la humanidad. Estaba narrada de forma distinta, aunque la trama era similar, es verdad. Dicen que los autores solo repiten la misma historia una y otra vez. Es como si uno no pudiera elegir qué historia cuenta. Yo me veo abocado a esta de forma realmente natural”.

También de forma natural se encamina Joon Ho, como otros directores surcoreanos, a la mezcla de géneros y tonos. Hemos dicho “otros” y no “todos” porque, como nos señala Joon-ho, “cine surcoreano hay de muchas clases. No se puede generalizar. Quizá se busca esa clase de película para los festivales. Al menos en mi caso, mezclar géneros me sale solo. No pienso mucho en las convenciones de género ni en la posibilidad de romperlas; simplemente, me dejo llevar por los personajes y las situaciones”. Una situación en concreto, la de la fiesta de cumpleaños infantil, le da para encadenar emociones de forma casi letal. “Esa escena es muy diferente al resto del filme. Quería que pasara muy rápidamente. Es la forma de reflejar el caos. En ella, los destinos de un puñado de personajes cambian muy rápidamente. Y lo que da más miedo es que era inevitable. Sabíamos que todo eso iba a pasar, de un modo u otro, pero no queríamos creerlo”.

Además de muy surcoreana, “Parásitos” es bastante europea; de hecho, en su discurso de agradecimiento por la Palma de Oro, Joon ho mencionó a Chabrol y a Clouzot. En la película se respira también un claustrofóbico y surrealista aroma a lo Buñuel. “De Chabrol y Clouzot no he dejado de hablar en entrevistas. Pero me alegra que mencione a Buñuel. ‘El ángel exterminador’ (1962) me descolocó y es una influencia clara en ‘Parásitos’, aunque tampoco se suela sacar mucho a colación”.

Lo siguiente que vendrá será, dice el director, una película “más o menos del tamaño de ‘Parásitos’”, ni mucho menos tan grande como la reivindicable “Okja” (2017). “Estaba trabajando en ese nuevo proyecto hasta que ‘Parásitos’ empezó a ganar premios y me vi abocado a esta larga temporada de promoción”. Te dejo seguir, Bong.

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