Todo lo bueno de “Pagafantas” (2009), que ya era mucho, está aquí. Pero aún mejor. “No controles” (2010) confirma a Borja Cobeaga y al guionista Diego San José como dos de los mejores escritores de comedia en activo (la película que nos ocupa no tiene nada que envidiar a las de Judd Apatow, por citar a otro cineasta extraordinario que no concibe el humor sin emoción). Todo funciona en esta preciosa y desternillante viñeta navideña. Para empezar, tiene personajes. Tanto el terceto protagonista como los maravillosos secundarios (atención al personaje deliciosamente ochentero de Secun de la Rosa, gran actor de comedia que hace tiempo que merece un protagonista) están dibujados con tanta lucidez como gracia y ternura. Son mucho más que el soporte de la historia, tienen carisma y no acaban cuando acaba la película. De alguna manera, y sin jugar a la comedia generacional, Cobeaga y San José hablan a través de ellos de “la crisis de los 30” (en relación a esto, qué mejor idea que arrancar la película con “Segundo premio” de Los Planetas, una declaración de principios) con cariño, humor y algo de melancolía; y alcanzan con esa fórmula mejores resultados que otras propuestas que juegan al drama existencial descafeinado.
“No controles” tiene un guión maestro. No solo brillan sus personajes, entre los que destaca Juan Carlitros –no se me ocurre un personaje con más carisma desde el McLovin de “Supersalidos” (Greg Mottola, 2007)–, el amigo pesado al que da vida un Julián López directamente sobrenatural: estamos ante uno de los grandes actores de comedia de su generación, con un sentido del ritmo y una mímica soberbios. La cinta de Cobeaga también brilla en su ocurrente diseño de situaciones y en sus diálogos, rápidos, ingeniosos, hilarantes y pespunteados con guiños irresistibles (y nada obvios) a la cultura popular. Grande, muy grande. ![]()


























