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BRET EASTON ELLIS, Suites imperiales
 

LIBRO (2010)

BRET EASTON ELLIS Suites imperiales

Mondadori

Vuelve el superpijo en “Imperial Bedrooms” (2010). O eso parece: ahí está, por ejemplo, esa papilla made in Oliver Stone con el retorno a los retoños de “Wall Street”. O esta (digámoslo ya: innecesaria) continuación de “Menos que cero” (1985) que Bret Easton Ellis (Los Ángeles, 1964) se ha sacado de la manga sin que nadie se lo pidiese (o sí: su contable). Ellis retoma su tropa de guiñapos humanos un cuarto de siglo después para intentar mostrar que siguen igual de desorientados para establecer eso que llamamos relaciones humanas. Clay, instalado en Nueva York, vuelve a Los Ángeles para cerrar los trámites de producción de una película –ahora es guionista de éxito– y en su desidia existencial vuelve a cruzarse con Blair, Julian, Trent, Rip y otros jóvenes y bellos –ya menos, claro– que adornaron las páginas de “Menos que cero” con drogas duras, sexo igualmente duro y una comezón vital que los tenía en constante tensión con los juegos de la muerte.

Si ese debut funcionó es porque supo capturar el angst de una generación y una clase social perdida en los oropeles de sus privilegios, reflejo de los excesos hipercapitalistas y de las carencias consustanciales a la “humanidad”. Y lo hizo con una prosa de factura minimalista, descriptiva y “vacía” que le iba como anillo al dedo para retratar a unos personajes perennemente instalados sobre el, sí, vacío. Pero lo que entonces sonaba a revelación en esta secuela resuena a desidia, dejadez y oportunismo.

Los vaivenes de Clay, paranoico y todavía colgado de su amada Blair, pretenden encuadrarse en un leve thriller habitado por productores sin escrúpulos, camellos decrépitos, starlettes dispuestas a todo y, para reírse, narcotraficantes fronterizos aparentemente ligados al negocio de las snuff movies. Todo muy manido, deslavazado y obvio, sin la mala leche que le habría echado, por ejemplo, Chuck Palahniuk (por no hablar de Dennis Cooper). ¿Glacial? Sí, en el peor sentido del término: prosa congelada para personajes-monigote que ni siquiera merecen nuestra compasión o desprecio. Muy, muy mal.

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