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CAITLIN MORAN, Riot motherrr

Moran y su Gran Bocaza, superestrellas mediáticas gracias al best seller mundial “Cómo ser mujer”: carcajadas y revolución. Foto: Ismael Llopis

 
 

ENTREVISTA (2013)

CAITLIN MORAN Riot motherrr

Por Kiko Amat

Se peina como la Bruja Avería y suelta más obscenidades que un actor porno. Es la escritora inglesa Caitlin Moran, pesadilla de feministas ceñudas y supermamás abstemias. Y tiene miles de fans, lo que implica que hay esperanza para el planeta. España necesita más Caitlins: escritoras malhabladas y sucias, cómicas y rocanroleras y valientes. “Cómo ser mujer” es su manual para ser una tía con un par. Kiko Amat la entrevistó.

Conocí a la periodista y escritora Caitlin Moran (Brighton, 1975) cuando yo aún leía ‘Melody Maker’ (un pasatiempo cuestionable, pero que me proporcionaba mi buena dosis matutina de odio + asco para afrontar la jornada laboral). ¿En qué número topé con ella por primera vez? Diría que fue en el especial “Touched By The Hand Of Mod” (ejem) de 1994, donde entrevistaba a Menswear, un abazofiado grupo de britpop especialmente anémico. Su artículo –faltoso, grosero, hiperbólico, acusador– era para morirse de risa, y a partir de ese momento fui más o menos fan. Luego me olvidé de ella. Y, cuando volví a mirar, Moran y su Gran Bocaza eran ya superestrellas mediáticas, gracias al best seller mundial “Cómo ser mujer” (2011; Anagrama, 2013).

“Creo que el britpop es todo consecuencia de una insolación. Un montón de tajas con insolación chillando ‘Parklife!’ por los parques. Si nos hubiésemos puesto algún tipo de sombrero para protegernos del sol nada de eso hubiese sucedido”

Caitlin Moran no ha inventado nada en el campo del feminismo, pero lo discute con mucho más sentido del humor y desvergüenza de lo habitual.

Me gusta cuando hablas en “Cómo ser mujer” de tus inicios en el ‘Melody Maker’, porque desde siempre he leído los semanarios musicales ingleses y... (Me interrumpe) ¿Cuántos años tienes?

Los mismos que tú, más o menos. Soy del 71. O sea, que eres uno de los que se compró aquel ‘Melody Maker’ con Skinny Puppy en portada y se dijo: ”¡Voy a comprar este buen álbum!” (ríe).

No, con eso no me la pegasteis. Salad tampoco colaron. De hecho, me reí mucho cuando en el libro decías que Echobelly (¡de quien sí me compré el disco, maldita sea!) eran inmundos. Dios, sí que lo eran. Jesús. Por mucho que tuviesen a una mujer cantando. Pero, por otra parte, todo el mundo se esforzaba tanto, queríamos que nos gustaran: una chica asiática cantando en un grupo pop... Pero luego escuchabas el disco y decías: “No, no puedo ponerles bien, soy incapaz”.

Yo iría más allá: creo que todo el britpop, desde la perspectiva actual, es espeluznante. Sin duda. Era terrible. Pero ya lo sabíamos entonces. Es solo que la cocaína que circulaba era de muy buena calidad. Muy buen éxtasis. Aquel año fue muy soleado, también. Creo que el britpop es todo consecuencia de una insolación. Un montón de tajas con insolación chillando “Parklife!” por los parques. Si nos hubiésemos puesto algún tipo de sombrero para protegernos del sol nada de eso hubiese sucedido.

 
CAITLIN MORAN, Riot motherrr

Caitlin Moran no ha inventado nada en el campo del feminismo, pero lo discute con mucho más sentido del humor y desvergüenza de lo habitual. Foto: Ismael Llopis

 

Da la sensación de que en ‘Melody Maker’ cumplías la “cuota” femenina. El periodismo musical es un entorno muy masculino, pero no tanto como el de las tiendas de discos, donde no ha trabajado jamás una mujer (excepto en un par de casos documentados). Y tanto. Estoy escribiendo una novela que transcurre en los noventa, y que habla de lo que es ser una chica involucrada en la cultura juvenil, y una de las escenas transcurre precisamente en una tienda de discos. Allí es un poco como la cabaña del árbol de los niños, con el cartel que pone “PROHIBIDO NIÑAS”. Un pequeño club solo para mozos. Y la tienda queda en absoluto silencio cuando entras, y el tío del mostrador lleva una camiseta que sugiere que va a matarte y luego comerte. Una camiseta de Sepultura es, de hecho, el lenguaje internacional para “voy a matarte y luego comerte”.

“Creo que lo del riot grrrl fue una gran oportunidad desperdiciada. Casi todas eran chicas asustadas de clase media que nunca habían tenido que luchar por nada, y sin querer lo transformaron en un pequeño club solo para miembros. Y no creo en esos clubes. Tienes que salir al descampado con tu bandera y permitir que todo el mundo se entere”

Tu opinión sobre el fenómeno riot grrrl es inusual: afirmas que era una comunidad bastante elitista, y que se convirtió en un club privado. Por un lado entiendo sus razones, pero no puedes intentar hacer una revolución privada. Es como si yo apareciera afirmando que he reinventado el feminismo, pero me negara a explicar cómo y no dejara que nadie se acercara a mí. “Se lo voy a contar a tres de mis amiguitos, y a los demás que os jodan”. Eso es estúpido. Si haces algo de forma diferente, especialmente si eres mujer, tienes que dejar que la gente lo vea. Lo que hacen las mujeres está siempre tan escondido, y se discute tan poco, que si tienes algo relevante que decir deberías echarle un par de huevos y dar la cara, por desagradable que pueda resultar. Creo que lo del riot grrrl fue una gran oportunidad desperdiciada. Casi todas eran chicas asustadas de clase media que nunca habían tenido que luchar por nada, y sin querer lo transformaron en un pequeño club solo para miembros. Y no creo en esos clubes. Tienes que salir al descampado con tu bandera y permitir que todo el mundo se entere, y dar ejemplo sobre cómo vives, e intentar que lo tuyo llegue a la gente de las casas baratas. Me enteré de que existía el fenómeno solo porque trabajaba en prensa musical. Si vas a montar una revolución, yo qué sé... envía más invitaciones. Me recuerdan a esos estudiantes que hablan de revolución a las cuatro de la mañana, pero no hacen absolutamente nada para cambiar las cosas. ¿Cambiar el mundo? Joder, salta a la vista que no te has cambiado de ropa en cuatro días.

Como escritora de clase obrera, ¿te preocupa cercenar tus raíces por culpa del éxito y el dinero? Terminar como Rod Stewart, o algo así. Para mí, cuando eres de clase obrera, el éxito lleva implícito una serie de obligaciones que no puedes desatender: ayudar a tus amigos, hablar siempre de desigualdad de clase, del estado del bienestar... Es el impuesto que se te debe aplicar si te has hecho famoso. Y si no lo cumples, eres un capullo. No hay más que hablar.

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