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CORMAC McCARTHY, La carretera
 

LIBRO (2007)

CORMAC McCARTHY La carretera

Mondadori

El “nowhere to run to, baby, nowhere to hide” que cantaban Martha And The Vandellas. La noche occidental que derrotaba a los héroes en “El camino” de Jack Kerouac. El no future del punk. Samuel Beckett. El Antiguo Testamento. Mad Max. Todo eso el escritor estadounidense Cormac McCarthy (Providence, 1933) lo lleva en “La carretera” (“The Road”, 2006; Mondadori, 2007) a un extremo apocalíptico. Lo sume en terror gótico, lo hace trizas y ceniza. El argumento: un padre y su hijo huyen hacia el sur y hacia el mar, dejando atrás ciudades y campos devastados por algo que se antoja un holocausto nuclear. Los paisajes son cementerios de árboles y cemento, las provisiones escasean. Las latas de conserva se acaban. Los recién nacidos son asados. El sol no puede atravesar las nubes. Aparece el raquitismo. El asfalto devora los zapatos que devoran el asfalto. Y la lluvia no para de empapar a los pocos supervivientes, un goteo de caníbales y tullidos.

No hay más que contar en este libro, salvo eso. Se suceden los días de plomo y las noches heladas. Los unos tras las otras. El cielo es solo una placa gris y negra. Los dos protagonistas tienen una pistola con dos balas. Una para cada uno en el cielo de la boca, en el caso de que vayan a ser capturados por los malos. Ellos, padre e hijo, son los buenos porque dicen que llevan el fuego, convertido en una metáfora de la última brizna de seguridad y esperanza.

El lenguaje es sencillo y naturalista, de frases cortas, muy legible. Los diálogos son lacónicos. Poco hay que decirse. Los adjetivos llegan desde el lado desolado del diccionario, el más inclinado hacia la muerte, y McCarthy apela con ellos al sentido del olfato de manera magistral, con un ritmo poético sutil, muy interior. Y aunque parece que nada se mueva dentro de su bucle de rutinas diarias, notas que cada párrafo te va empujando a un pozo ciego. Que te acercas a un vacío. Y la tensión, la del relato y también la tuya, va en aumento. Y el olor a muerte.

Esta novela ha recibido el Premio Pulitzer 2007 a la mejor obra de ficción y en Estados Unidos ha alcanzado ya la categoría de best seller literario del año. Es un libro excepcional. Que sirve para tomar la temperatura a nuestro destino colectivo, pero también al cotidiano. A ese miedo a quedarte sin lo más querido, a esa sensación de derrota implacable que ves en cada sin techo.

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