Aunque dispone ya de casi una decena de novelas, Don Winslow (Nueva York, 1953) es uno de los grandes gigantes de la novela contemporánea que los avatares de las editoriales españolas habían mantenido inédito hasta ahora. El vacío se corrige gracias a Rodrigo Fresán, el responsable de la flamante colección Roja&Negra que Mondadori ha inaugurado con este volumen y con, atención, “Delitos a largo plazo” del británico Jake Arnott, primera parte de una trilogía que promete sabrosas emociones.
“El poder del perro” apareció originalmente en 2005 y desde su publicación ha ido recibiendo elogios de gente como Quentin Tarantino, Ian Rankin o el mismísimo James Ellroy.
Más grande que la vida o un monumento de violencia, sexo, drogas, religión y redención: esta ensalada de tópicos podría servir para indicar lo que contiene este mastodóntico relato de setecientas páginas que se abre en 1975 y ¿finaliza? en 2004.
Winslow dedicó más de cinco años a investigar el narcotráfico entre México y Estados Unidos y se sirve de un agente de la DEA, Art Keller, para vertebrar un impresionante fresco social que le saca el pus a la corrupción y a las conveniencias entre gobernantes y narcovaqueros, una de las puntas de un iceberg donde se cruzan el FBI, la CIA, el ejército, las Familias neoyorquinas y el olor de santidad del Vaticano. Como telón de fondo, la guerra sucia contra la izquierda latinoamericana que desde Washington se planeó de forma “legal” con asesoramiento militar, batallones de la muerte y comandos “descontrolados”.
De Sinaloa a El Salvador, de la Cocina del Infierno de la Gran Manzana a San Diego, de Medellín a la Baja California: “El poder del perro” es un vibrante fresco histórico y un thriller de acero, un documentado análisis de los cárteles de la droga enmarcado en una historia de venganza y obsesión, la crónica de una perdida war on drugs cuyas sombras adquieren formas de tragedia shakesperiana. ![]()























