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EMIL FERRIS, Donde viven los monstruos

Autorretrato.
Ilustración: Emil Ferris

 
 

ENTREVISTA (2018)

EMIL FERRIS Donde viven los monstruos

Número uno en las listas de mejores cómics norteamericanos de 2017, “Lo que más me gusta 
son los monstruos” es la novela gráfica con la que Emil Ferris, 
ilustradora profesional, debuta en el cómic a 
sus 55 años. Una asombrosa Bildungsroman articulada como thriller detectivesco, que conduce a una novela histórica sobre la Alemania de Weimar y más allá.

Los sesenta fueron la década en que los freaks –los “monstruos” reales– se convirtieron en un tema público y legitimado del arte, Susan Sontag dixit. También fueron los años de una contracultura juvenil que se identificaba con ellos para rebelarse contra sus mayores. Emil Ferris (Chicago, 1962) creció en esa década, en un barrio poblado de freaks cotidianos: afroamericanos, indios nativos, hispanos, blancos paletos pobres y supervivientes del Holocausto. Ese bagaje autobiográfico alimenta la intrahistoria ficticia de “Lo que más me gusta son los monstruos” (Fantagraphics, 2017; Reservoir Books, 2018), un cómic que realizó como parte de su rehabilitación tras quedar paralizada por el virus del Nilo. Cuatro años y medio de trabajo, dieciséis horas al día.“Sí, me llevó mucho tiempo”, contesta Ferris desde el otro lado del océano. “Y mucho dolor por mis limitaciones físicas. Solo me decía: ‘Sigue. Tienes que seguir’. Muchas cosas salieron mal y el proyecto perdió apoyos. Gente que me conocía asentía con indulgencia cuando decía que aún estaba trabajando en la novela. Pero mi editor original tuvo la amabilidad de darme algo de dinero y dejarme a mi aire. El dinero se acabó y me volví muy pobre, pero, después de tantos sacrificios, quería que mi pequeño monstruo viniera al mundo, sí o sí”.

“Los artistas deben ser tenaces. La estructura social no les apoya a menudo, sobre todo si la obra no se puede valorar fácilmente en términos monetarios

A veces idealizamos la vida del artista. Además de quedarse sin blanca, Ferris ha servido en bares y ha limpiado casas. “Los artistas deben ser tenaces. La estructura social no les apoya a menudo, sobre todo si la obra no se puede valorar fácilmente en términos monetarios. Todo esto puede hacerles perder la esperanza sobre la importancia de su creatividad... Pero el acto de crear esa pintura, esa canción, lo que sea, el acto de HACER la obra es más importante de lo que podemos entender”. El proceso no fue fácil: desde el rechazo de editores hasta la pérdida de la primera edición en el barco de un armador chino embargado. “Después de estar paralizada de cintura para abajo, los peligros para publicar, aunque no fueron un paseo, no resultaron tan traumáticos”.

La protagonista y narradora del libro es Karen Reyes –las páginas se presentan como su cuaderno de bocetos–, una niña que afronta el descubrimiento de su sexualidad –le gustan la chicas– y se dibuja a sí misma como una mujer-lobo, un “monstruo” que no encaja en la sociedad de 1967. Por contraste, le pregunto por Emma González, líder en el movimiento estudiantil actual contra las armas de fuego en Estados Unidos, una joven de origen cubano que se declara bisexual. “No tengo televisión, así que nunca he visto sus discursos, pero estoy emocionada con los jóvenes. Los adoro. Son muy inteligentes, muy abiertos. Deseosos de un mundo saludable que los acoja a todos. Hay muchos ‘faros’ reales que brillan en la oscuridad”.

En el cómic, Karen Reyes, en parte alter ego de Ferris, investiga el (presunto) asesinato de una vecina, superviviente del Holocausto, lo que conduce a una historia de historias a través de personajes de construcción muy literaria. “He estudiado escritura creativa y tuve grandes profesores. Muchos de los mejores eran poetas, como Mary Cross y Amy England. ADORO a los poetas surrealistas en particular. La poesía, para mí, se parece mucho a la obra gráfica”. Para Ferris, pintar “no es suficiente”; necesita añadir texto a sus imágenes narrativas. “Los escritores son magos. Es una antigua forma de ‘magick’. Te cuento una historia y la ves en tu mente, aunque es invisible. He CONJURADO una imagen”.

 
EMIL FERRIS, Donde viven los monstruos

Una de las páginas de “Lo que lo más me gusta son los monstruos”.

 

Su novela gráfica adopta una forma peculiar, demostrando que un cómic no tiene que ser del modo convencional. A veces no hay viñetas, otras veces sí. “No creo que tengamos que estar confinados en cajas, más bien contenidos cómodamente por ellas, cuando las elegimos. ‘¿Por qué encontraba las cajas tan restrictivas?’, pensaba. Entonces me encontré unas fotos que tomé en el Pueblo de Taos, y me di cuenta de que esa suavidad en el borde de las cosas era, por haber vivido en Nuevo México hasta los 6 años, una de mis primeras influencias”. Los cambios de estilo, infrecuentes en un mismo cómic, para Ferris son la norma. “Uso cuanto puedo para que cada momento reciba un tratamiento diferente según el tema”. Reivindica también el error, el tachado, el dibujo no siempre acabado. “Me gustan las imperfecciones. Creo que en algunas tradiciones indígenas es habitual generar un error, una puntada saltada, en lo que uno hace. He oído que es para desviar los celos de los dioses, pero, en realidad, los errores son muy valiosos. Son caminos nuevos. Al menos lo fueron para mí”. Sus estilos cambiantes van desde caricaturas abocetadas hasta retratos realistas muy elaborados con una trama manual de bolígrafo Bic. “Estoy como esculpiendo con el Bic. Me descubro a mí misma SINTIENDO la superficie que dibujo en un sentido espiritual. ‘¿Podría hacer esto con un trazo bien colocado?’, me pregunto. ¿Como algunos de mis héroes, como Goya, Grosz o Schiele? No estoy segura, pero creo que lo descubriremos en un futuro libro”.

“Me gustan las imperfecciones. Creo que en algunas tradiciones indígenas es habitual generar un error, una puntada saltada, en lo que uno hace”

El segundo volumen de “Lo que más me gusta son los monstruos” se ha retrasado. “Era necesario posponer el lanzamiento porque, tal como lo había terminado, Karen no desarrollaba un verdadero interés en el amor hasta el final. En el clima reciente de odio –se refiere al populismo de extrema derecha– sentí que debía enunciarlo con más firmeza. Karen necesitaba AMAR”. Entretanto, se prepara una adaptación cinematográfica de Sam Mendes. “Aún no hay nada formalizado, pero tengo la esperanza de que todo salga bien. Será bueno para Karen saltar a la arena del cine. Tiene muchos amigos esperándola allí, ¿verdad? Como Drácula, Frankenstein, La Momia y, por supuesto, su colega el Hombre Lobo”. Los monstruos famosos del cine no fueron su única inspiración juvenil. “Mi padre tenía una gran colección de cómics underground y gracias a él pude disfrutar del ‘RAW’ de Françoise Mouly y Art Spiegelman, y del trabajo de Robert Crumb. También ADORABA la revista ‘MAD’. ¡Aún conservo todas las que he tenido! Y era muy fan de los EC Comics, mucho más difíciles de conseguir, pero, de nuevo, mi padre lo hizo por mí”.

Terminamos hablando de la sensacional recepción de su libro, que ha cosechado elogios de Alison Bechdel (“una creadora increíble. ‘Unas lesbianas de cuidado’ me emocionó mucho. ¡‘Fun Home’ es formidable!”), Art Spiegelman (“‘Maus’ me dejó sin palabras. Conocerlo hace poco en persona fue la locura. Emotivo”) o Chris Ware: “Cuando vi su trabajo, pensé: ‘Esto es la perfección, no debería intentar hacer cómics’. Pero entonces Paul McComas me dijo, y vivo de acuerdo con este credo, ‘solo tienes que hacer tu trabajo. Ahí acaba tu responsabilidad’. Eso me liberó de sentirme tan mal preparada”.

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