Antes de llegar a este desenlace, sin embargo, Vila-Matas aprovecha para ironizar sobre otro final, el del mundo, reflexionar sobre el tránsito de la Galaxia Gutenberg al Universo Google y, en fin, desdramatizar el futuro de la literatura y el libro impreso. “El fin del mundo es tan antiguo como el comienzo del mundo. Todas las generaciones creen que es la última generación de una época que se pierde, pero no hay una ruptura, sino una continuidad. El día que no haya continuidad será el día en que haya desaparecido el lenguaje y la inteligencia”, asegura, deteniéndose por un momento en una de las muchas direcciones en las que se desparrama “Dublinesca”. Y es que, como explica el propio Vila-Matas, esta “es una novela muy narrativa en la que todo está muy conectado”. “En cierto modo, la he escrito como si fuese un relato corto, trabajándolo todo muy minuciosamente y sin dejar nada al azar”, añade.
De ahí que entre las subidas y bajadas, entre las apariciones fantasmales y las huellas de “Ulises” de Joyce, “Dublinesca” acabe siendo no una novela con una trama y un único hilo conductor, sino una auténtica telaraña que Vila-Matas va tejiendo con la paciencia de una Atenea moderna mientras desliza sus propias experiencias bajo el relato. O, mejor dicho, los relatos. “Es una pregunta habitual, algo que todos queremos saber, de dónde sale un libro; pero para ser honesto tengo que decir que sale de muchas cosas. Es muy difícil reducirlo todo a una imagen o un estímulo. En mi caso convergen muchas cosas. Podría decir que al principio fue un cuento que escribí sobre la película ‘Spider’, de David Cronenberg, sobre un tipo solitario, ensimismado. Estas fueron las primeras páginas. Luego fue tomando cuerpo”, explica.
Lo que también ha tomado cuerpo, aunque en este caso en un plano puramente periodístico, ha sido la colección de segundas lecturas que muchos han querido ver en esta novela. El hecho casual de que su primera novela tras su salida de Anagrama y su fichaje por Seix Barral esté protagonizada por un editor ha levantado más de una suspicacia. Algunos incluso ven en Riba un retrato más o menos fiel de Jorge Herralde, editor de Anagrama. Algunos entre los que, faltaría más, no se cuenta Vila-Matas. “Es un personaje que tiene mucho de mí, pero también de otros editores. Si la novela fuese acerca de mi antiguo editor, sería un libro completamente diferente”, asegura. Es más: el propio autor reconoce que en un principio el libro estaba protagonizado por un escritor, no por un editor. Un detalle que, sin embargo, revela con la boca pequeña. “Esto es una de esas cosas que no deberían explicarse, ya que forman parte del borrador”, asegura. 