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ENRIQUE VILA-MATAS, El hombre que fue signo de interrogación

Vila-Matas, dublinesco.

Foto: Elena Blanco

 
 

ENTREVISTA (2010)

ENRIQUE VILA-MATAS El hombre que fue signo de interrogación

Lejos de despejarse, la incógnita Vila-Matas sigue creciendo. “Son tantas las máscaras que al final es difícil saber quién es uno”, sentencia el barcelonés, autor de culto en reinvención permanente que volvió a triunfar con “Dublinesca” (2010), obra con la que ironizó sobre el fin del mundo y donde relató el derrumbe de un editor retirado. Los lectores escogieron “Dublinesca” mejor libro del año 2010 en el Rockdelux 293. Aquí presentamos la entrevista que le hizo David Morán al autor a propósito de la obra. Además, “Dublinesca” inauguró la “Biblioteca Vila-Matas” (toda su obra en Debolsillo: 16 volúmenes).

“Los escritores acaban solos y acaban mal”, sentencia nuestro protagonista en una de las muchas páginas de “Vila-Matas portátil. Un escritor ante la crítica” (Candaya, 2007), grueso volumen en el que cerca de setenta periodistas y críticos literarios tratan de desentrañar el misterio Vila-Matas. Y digo tratan porque, tras recorrer más de cuatrocientas páginas leyendo sesudos ensayos y análisis pormenorizados de casi todas las obras del autor barcelonés, uno sigue saliendo casi como entró. Esto es: con la sensación de que Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) es la gran incógnita de la narrativa contemporánea; un inmenso signo de interrogación al que le gusta aparecer y desaparecer entre los párrafos de sus novelas y al que cualquier definición, por ajustada que pretenda ser, le viene excesivamente holgada.

“Hace un tiempo me empezaron a preguntar que si después de escribir tantos libros me conocía mejor y, aunque nunca había pensado en eso, la respuesta siempre era que no. Son tantas las máscaras que al final es muy difícil saber quién es uno”

Porque, veamos, ¿quién es Vila-Matas? ¿El autor de culto que colecciona premios y aprovecha su semiclandestinidad para espiar las conversaciones de sus vecinos de autobús? ¿El novelista enamorado de París al que se le ha podido ver recientemente haciendo manitas con la cultura anglosajona? ¿La versión catalana y algo ojerosa de Paul Auster? ¿El huidizo y tímido escritor que palidece ante sus lectores cada jornada de Sant Jordi? ¿”El escritor minoritario más conocido del mundo”, como alguien lo bautizó un día? Quizá lo más sensato sea preguntarle al propio Vila-Matas quién demonios es Enrique Vila-Matas, pero da la sensación de que tampoco él lo tiene demasiado claro. “Hace un tiempo me empezaron a preguntar que si después de escribir tantos libros me conocía mejor y, aunque nunca había pensado en eso, la respuesta siempre era que no. Son tantas las máscaras que al final es muy difícil saber quién es uno”, reconoce el autor justo antes de extender ese desconcierto identitario al común de los mortales. “¿Hay alguien que realmente sepa quién es? ¿Sabemos quiénes somos? Y si lo supiéramos, ¿nos convendría conocernos?”, se pregunta el autor echando mano una vez más del signo de interrogación. La incógnita. Siempre la incógnita.

Tampoco va a ser “Dublinesca” (Seix Barral, 2010), su última novela, la que acabe de abrir claros y desfacer entuertos. “No me conozco. Mi catálogo editorial parece haber ocultado ya para siempre la persona que está detrás de los libros que fui publicando. Mi biografía es mi catálogo”, le hace decir Vila-Matas a Samuel Riba, protagonista de una obra que relata la caída libre de un editor que acaba de vender su editorial y emprende un viaje a Dublín guiado por un sueño premonitorio. La novela, por si fuera poco, viene acompañada del anuncio de la llegada de un nuevo Vila-Matas; uno renovado y renacido tras el colapso físico que sufrió hace un par de años. “Se produce un antes y un después y reaparezco como administrador de una obra libre y valiente y con un distanciamiento diferente, buscando quizá una etapa más perfeccionista, más consciente de las palabras. Pero para esto no hace falta tener un colapso, sino que puede hacerlo cualquier persona”, explica. Lo que tal vez no pueda hacer cualquier persona es reaparecer sin siquiera haberse ido y presentarse en sociedad como el “albacea” de la obra del joven Vila-Matas. Para entendernos: el que habla es un autor que, entrado ya en la madurez, se ha autoimpuesto la misión de superarse. “Es que más que superar –puntualiza–, es sustituir”.

Sea joven o maduro, albacea o propietario, el enigma Vila-Matas sigue creciendo. El misterio empezó a cobrar forma con “La asesina ilustrada” (Tusquets, 1977), novela escrita en la buhardilla que Marguerite Duras le alquiló en París y que, según el propio autor, “pretende asesinar a todo aquel que la lee”, pero la leyenda ya estaba ahí. Y estaba ahí desde que en julio de 1968, y bajo la firma de Mary Holmes, tuvo la ocurrencia de inventarse una entrevista con Marlon Brando para la revista ‘Fotogramas’ –“Sé que puedo terminar asesinado como los Kennedy y Luther King”, tituló Vila-Matas– y puso la primera semilla de una iconoclasta obra de ficción que saltaría de las entrevistas “falsas” –no, la de Brando no fue la única– a las complejas enredaderas metaliterarias y al siempre desconcertante juego de la literatura dentro de la literatura. Es así como Vila-Matas ha dado forma a una veintena de títulos radicalmente diferentes e inevitablemente iguales. “Siempre he utilizado la misma técnica: sitúo a un personaje en una situación límite ya de entrada. Siempre es interesante ver cómo se las arregla para salir de la situación que le tiene atrapado”, explica.

 
ENRIQUE VILA-MATAS, El hombre que fue signo de interrogación

Enrique Vila-Matas es la gran incógnita de la narrativa contemporánea.

Foto: Elena Blanco

 

Y mientras contempla cómo se las ingenian sus protagonistas, Vila-Matas filtra y destila obsesiones recurrentes: la vida y la muerte –“Suicidios ejemplares” (Anagrama, 1991)–, la autobiografía enmascarada y de carácter desmitificador –“París no se acaba nunca” (Anagrama, 2003)–, la desaparición –“Bartleby y compañía” (Anagrama, 2000), “El mal de Montano” (Anagrama, 2002), “Doctor Pasavento” (Anagrama, 2005)–... Y así hasta llegar a “Dublinesca”, novela que confirma el buen gusto del barcelonés a la hora de imitar a sus personajes y, como ellos, colocarse en situaciones límite y desconcertantes. “En mi caso, escribo para saber de qué quería hablar, pero al final resulta que acabo hablando de tantas cosas que me resulta muy difícil poder explicar la novela –asegura–. Con ‘Dublinesca’ me pasé toda la novela tratando de averiguar cuál era el centro de la novela y, cuando creía haberlo encontrado, la novela se desplazaba a otro centro. Y luego a otro. Al final he decidido que el centro es el final”.

“El fin del mundo es tan antiguo como el comienzo del mundo. Todas las generaciones creen que es la última generación de una época que se pierde, pero no hay una ruptura, sino una continuidad. El día que no haya continuidad será el día en que haya desaparecido el lenguaje y la inteligencia”

Antes de llegar a este desenlace, sin embargo, Vila-Matas aprovecha para ironizar sobre otro final, el del mundo, reflexionar sobre el tránsito de la Galaxia Gutenberg al Universo Google y, en fin, desdramatizar el futuro de la literatura y el libro impreso. “El fin del mundo es tan antiguo como el comienzo del mundo. Todas las generaciones creen que es la última generación de una época que se pierde, pero no hay una ruptura, sino una continuidad. El día que no haya continuidad será el día en que haya desaparecido el lenguaje y la inteligencia”, asegura, deteniéndose por un momento en una de las muchas direcciones en las que se desparrama “Dublinesca”. Y es que, como explica el propio Vila-Matas, esta “es una novela muy narrativa en la que todo está muy conectado”. “En cierto modo, la he escrito como si fuese un relato corto, trabajándolo todo muy minuciosamente y sin dejar nada al azar”, añade. 

De ahí que entre las subidas y bajadas, entre las apariciones fantasmales y las huellas de “Ulises” de Joyce, “Dublinesca” acabe siendo no una novela con una trama y un único hilo conductor, sino una auténtica telaraña que Vila-Matas va tejiendo con la paciencia de una Atenea moderna mientras desliza sus propias experiencias bajo el relato. O, mejor dicho, los relatos. “Es una pregunta habitual, algo que todos queremos saber, de dónde sale un libro; pero para ser honesto tengo que decir que sale de muchas cosas. Es muy difícil reducirlo todo a una imagen o un estímulo. En mi caso convergen muchas cosas. Podría decir que al principio fue un cuento que escribí sobre la película ‘Spider’, de David Cronenberg, sobre un tipo solitario, ensimismado. Estas fueron las primeras páginas. Luego fue tomando cuerpo”, explica.

Lo que también ha tomado cuerpo, aunque en este caso en un plano puramente periodístico, ha sido la colección de segundas lecturas que muchos han querido ver en esta novela. El hecho casual de que su primera novela tras su salida de Anagrama y su fichaje por Seix Barral esté protagonizada por un editor ha levantado más de una suspicacia. Algunos incluso ven en Riba un retrato más o menos fiel de Jorge Herralde, editor de Anagrama. Algunos entre los que, faltaría más, no se cuenta Vila-Matas. “Es un personaje que tiene mucho de mí, pero también de otros editores. Si la novela fuese acerca de mi antiguo editor, sería un libro completamente diferente”, asegura. Es más: el propio autor reconoce que en un principio el libro estaba protagonizado por un escritor, no por un editor. Un detalle que, sin embargo, revela con la boca pequeña. “Esto es una de esas cosas que no deberían explicarse, ya que forman parte del borrador”, asegura.

Etiquetas: 2010, 2010s, Barcelona, novela
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