El autor (es decir, el superviviente) reconstruye los hechos (el suicidio de su amigo, también escritor, Chusé Izuel) con datos de primera mano (cartas, textos inéditos, testimonios, entrevistas, anotaciones al margen) en una necrológica tan subjetiva como la misma memoria. Estamos ante la crónica de un amor: el amor aniquilado de Izuel por la novia que le abandona, Mariángeles; el amor no correspondido de Izuel por el mundo; el amor culpable de Félix Romeo hacia Izuel, o contra Izuel. Al terminarlo –se lee de un tirón– no puedo dejar de pensar en las mariposas, que recuerdan cuando eran larvas a pesar de que su cerebro haya muerto para crear otro nuevo en el proceso. Solo así puedo concebir que “Amarillo” exista y que se alimente de los fantasmas del pasado, del presente y del futuro al mismo tiempo. ![]()























