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FÉLIX ROMEO, Pérdidas y desamores

La amistad, la muerte y cómo acostumbrarse a la sombra de los seres desaparecidos...

 
 

ENTREVISTA (2008)

FÉLIX ROMEO Pérdidas y desamores

En “Amarillo” (2008), Félix Romeo nos guiaba por la vida de su amigo Chusé Izuel, escritor que decidió suicidarse a los 24 años. Una historia de amistad y amores rotos que se convirtió en un bálsamo de duelo y en un exorcismo contra el olvido. Cuando se editó “Amarillo”, el tercero de sus trabajos, Jesús Llorente habló con Romeo sobre la amistad, la muerte y cómo acostumbrarse a la sombra de los seres desaparecidos... Qué gran y cruel paradoja: Félix Romeo murió el 7 de octubre de 2011 en Madrid a los 43 años. De repente. El corazón le hizo crac... La recuperación de esta entrevista es nuestro homenaje a Romeo, una persona vitalista, culta y entusiasta.

Hay algunos libros que solo podrían ser firmados por ciertos autores. Y otros que podrían ser la obra de cualquiera, con intercambiables nombres, apellidos y bufanda de escritor. En contadas ocasiones das con un título que únicamente podría pertenecer a alguien concreto. Hablamos de Félix Romeo (Zaragoza, 1968) y “Amarillo” (Plot, 2008). “Amarillo”, si es que puede explicarse en pocas palabras, es una historia sobre el suicidio de Chusé Izuel, un joven escritor amigo de Romeo que acabó con su vida a los 24 años en la madrugada del 27 de febrero de 1992 dejando atrás lo que con el paso del tiempo se ha convertido en la carne, la bilis y los huesos de estas 155 páginas.

Por pura coincidencia, el libro que leí antes de “Amarillo” fue “El año del pensamiento mágico”, de Joan Didion. Dos obras muy diferentes, pero, en cierto sentido, con un hilo común: la intención de dejar constancia de una vida que merece ser recordada y celebrada. ¿Hubo algún momento en que pensaste que “Amarillo” podría ser un homenaje y un ajuste de cuentas al mismo tiempo, o que te decantabas hacia una cosa u otra? Me gustó mucho “El año del pensamiento mágico”. Me volvió loco. Cuando lo leí, pensé que mi libro, en el que llevaba ya muchos años trabajando, y que no se llamaba aún “Amarillo”, debía ser algo así. Cuando me encontraba con frases como “el desconsuelo llega en oleadas, en acometidas, en repentinos arrebatos que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y borran la cotidianidad de la vida”, reconocía mi dolor... Joan Didion es una excelente escritora y en todo momento sabía cuál era el sentido de su libro, que es un ensayo o, si se prefiere, un “autoensayo”. Yo, que soy un tarugo, nunca supe qué estaba escribiendo mientras escribía. No sabía qué quería contar. No sabía adónde quería llegar. No sabía si acabaría de escribir alguna vez. Hay otros libros de esa exploración íntima del dolor que me gustan mucho. El primero que verdaderamente me impactó fue “Desgracia indeseada” (1972) de Peter Handke, sobre el suicidio de su madre. Y otro, más reciente pero también muy perturbador y sobre el suicidio de una madre, es “Una historia de amor y oscuridad” (2003) de Amos Oz. Quizá lo singular en “Amarillo” es que se trata de la indagación de la pérdida de un amigo.

”Hay libros de esa exploración íntima del dolor que me gustan mucho. El primero que verdaderamente me impactó fue ‘Desgracia indeseada’ de Peter Handke, sobre el suicidio de su madre. Y otro, también muy perturbador y sobre el suicidio de una madre, es ‘Una historia de amor y oscuridad’ de Amos Oz. Quizá lo singular en ‘Amarillo’ es que se trata de la indagación de la pérdida de un amigo”

Mi impresión es que de no existir Chusé Izuel daría igual, porque habrías creado un personaje fascinante. Quiero decir que, para quienes no sepan que se trataba de alguien de carne y hueso o no se les explique, el libro estremece de igual manera. ¿Hasta qué punto es más difícil recordar al amigo desaparecido, con todo detalle, que inventar un nuevo amigo, que sería el personaje? No tengo imaginación. Así que, desgraciadamente, me habría resultado imposible inventar a Chusé. De hecho, no hay nada inventado en el libro. O, mejor dicho, no hay nada recordado. Todas las citas están sacadas de sus textos, sus artículos, sus cuentos, sus esbozos de novelas y las cartas que me escribía, o de textos que se escribieron sobre él. No quería evocar, no quería recrear, no quería construir, no quería retratar un personaje, no quería dejar que fuera la memoria la que escribiera, ni tampoco, por supuesto, que fuera el sentimiento el que dominara la historia.

Se dice que has optado por distanciarte, por escribir en un estilo casi forense, como si se tratara de un informe policial. Pero, en realidad, pretender distanciarse es algo bastante ficticio. Tomar distancia es una toma de posición en sí misma y demuestra una implicación máxima. En base a eso, ¿te ha costado escribir “Amarillo” tanto como parece? Me gusta mucho eso del informe forense. Aunque quizá se parezca más a un atestado policial chapucero, el que habría hecho cualquier compañero negligente de Colombo. El padre de Chusé era policía y el mío también, así que a lo peor queda alguna herencia... He estado con el libro durante muchos años, pero la sensación que tengo, después de verlo publicado, es que ha sido todo fácil... Las veinte líneas que escribí el verano pasado, las que hablan de Barcelona, son las que dan el verdadero sentido al libro. Así que todos los años previos de versiones delirantes de esta obra, que llegó a tener en ocasiones casi seiscientas páginas, me parecen ahora un suspiro.

¿Cómo te imaginas “Amarillo” de haberlo escrito dentro de, digamos, diez años? Tengo una imaginación de pez. Pero me entran temblores solo de pensar que me quedan diez años para terminar el libro (risas).

Me da la sensación de que al terminar de escribirlo has sentido un cierto alivio. ¿O fue mayor el alivio del primer impulso, aquel que te condujo a empezarlo? No fue el suicidio de Chusé lo que me convirtió en escritor, porque desde adolescentes ambos ya éramos escritores cachorros. Pero, sin duda, su muerte me cambió profundamente como persona y cambió también mi escritura, de la misma manera que nuestra guerra civil lo hizo con otros autores hace décadas. Y aunque no me gustaría dejar de ser el escritor y la persona que soy, sí me gustaría que Chusé no hubiera muerto. Quizá por eso no logro sentirme aliviado. No es un libro terapéutico.

¿El misterio que rodea a la persona que le rompe el corazón a Chusé, su ex, es premeditado o simplemente has querido dejarla un poco fuera de esto? Mariángeles leyó el manuscrito y le pedí permiso para que apareciera con su nombre en el libro. Dirige una compañía de teatro en Zaragoza y tenemos buena relación. Si yo hubiera escrito una biografía de Chusé, su versión habría estado, o al menos habría intentado que estuviera. Y si aparece en el libro como misteriosa, es porque a mí me parecía también misteriosa.

Etiquetas: 2000s, 2008, novela, Zaragoza
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