En marzo de 2006 (Rockdelux 238) , a propósito de “En la cuerda floja” (James Mangold, 2005), el filme sobre Johnny Cash, Joan Pons decía que “para que un buen ‘biopic’ sea también una buena película, debe escapar de la norma”, y ahí caben ejemplos como “I’m Not There” (Todd Haynes, 2007) y “Last Days” (Gus van Sant, 2005). En honor a la verdad, no puede decirse que el primer largo de Floria Sigismondi (con una intachable trayectoria previa en el terreno del videoclip) escape de la norma, pero al menos hay que reconocerle su intención de trascender el tópico, convirtiendo la accidentada y breve peripecia de The Runaways en una metáfora sobre la pérdida de la inocencia desde la secuencia inicial, en la que Cherie Currie tiene su primera menstruación.
El filme se toma algunas licencias discutibles (eran un quinteto, Joan Jett no compuso “I Love Rock’n Roll”) y desaprovecha claramente las posibilidades como personaje del lunático Kim Fowley, en aras de sustentar el grueso del conflicto dramático en la pareja formada por Kristen Stewart (espléndida) y Dakota Fanning, una decisión lógica teniendo en cuenta que Joan Jett asume la producción ejecutiva, después de haberse negado a participar en “Edgeplay” (2004), el interesante documental de Vicki Blue (segunda bajista del grupo), y que el guión de la película está basado en “Neon Angel”, el libro de memorias de Cherie Currie.
Así las cosas, y más allá de algunos apuntes sobre el recalcitrante machismo imperante en la industria musical y su delirante modo de funcionamiento, “The Runaways” se debate entre la fantasía rock adolescente, que es lo que, en esencia, representaba el grupo, y el intento, conseguido únicamente a medias, de ofrecer un discurso más elaborado sobre la significación de la banda en su contexto y el proceso de cambio que la experiencia operó en sus protagonistas. ![]()


























