Aunque poseen un valor indiscutible, las aproximaciones cinematográficas a la historia de Joy Division no habían ofrecido todavía una imagen completa de la banda. “24 Hour Party People” (Michael Winterbottom, 2002) ni siquiera lo pretendía, ya que se centraba en la vida de Tony Wilson, extravagante presentador televisivo metido a mecenas rock, artífice del esplendor y caída de The Haçienda y Factory Records. Por su parte, el interesante biopic “Control” (Anton Corbijn, 2007) adaptaba al pie de la letra “Touching From A Distance”, el libro biográfico de Deborah Curtis, y por tanto relataba la trayectoria del grupo desde una perspectiva unidireccional.
Aunque cronológicamente llega la última, “Joy Division” (2007), dirigida por Grant Gee –responsable también de “Meeting People Is Easy” (1998), sobre Radiohead– y escrita por Jon Savage, es la pieza principal del puzle. Un documental en el sentido estricto del término que ofrece una crónica de la banda al completo, contextualizándola en el espacio (el degradado Manchester de la segunda mitad de los setenta) y en el tiempo (la convulsa era punk), y que se beneficia de la multiplicidad de voces que contribuyen a construirla. Únicamente falta la de la viuda de Ian Curtis (presente virtualmente, por medio de varios párrafos extraídos de su libro), pero están todas las demás, incluida la de Annik Honoré, la amante belga que precipitó la decisión del cantante de quitarse la vida, incapaz de asumir el conflicto sentimental que le torturaba.























