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HANIF KUREISHI, Suburbia

Inglés de origen pakistaní, a Hanif Kureishi se le empareja habitualmente con otros escritores anglosajones con pasado exótico colonial.

 
 

ARTÍCULO (1991)

HANIF KUREISHI Suburbia

Documento Rockdelux. Juan Cervera, en 1991, reivindicando la obra de Hanif Kureishi, cronista de los suburbios y de las extrañas e inesperadas redes que cruzan las relaciones humanas y uno de los emblemas de la literatura británica desde los años ochenta. De origen pakistaní, sus obras rezuman furia, mugre, amor y humor. Aquí se revisaron sus primeros pasos.

“Mi hermosa lavandería” y “Sammy y Rosie se lo montan” son, y no descubro gran cosa, dos de las películas emblemáticas del cine europeo de los ochenta, de 1985 y 1987. Al margen de sus errores (variados y no precisamente insignificantes), ambas estaban llenas de ruido, furia, sudor y pasión, y, lo más importante, han quedado como puntos referenciales para acercarse a una realidad concreta: la vida de la working class durante los tiempos de Mrs. Thatcher. Con ellas, Stephen Frears inició su carrera hacia las nominaciones de los Óscar, y Hanif Kureishi (Londres, 1954), el responsable de los guiones, dejó de ser un autor teatral más o menos respetado en Gran Bretaña para convertirse en uno de los nombres emblemáticos del frente artístico anti-Iron Lady.

Inglés de origen pakistaní, a Kureishi se le empareja habitualmente con otros escritores anglosajones con pasado exótico colonial (Kazuo Ishiguro, Salman Rushdie), aunque la comparación apenas se sostiene: los citados son autores “intelectuales”, con mayúsculas, mientras que Kureishi parece firmemente decidido a erigirse en apresurado portavoz del Londres suburbial y underground. Aunque sin llegar a los extremos hipersurrealistas de Martin Millar, el cronista del lumpen de Brixton, en sus escritos toman carta de naturaleza squatters, vagabundos, inmigrantes desorientados, homosexuales o radicales sin esperanza, pero con el firme propósito de vivir a cualquier precio on the edge. Cobraron vida en las películas citadas, cuyos guiones, editados en libro en 1986 y 1988 respectivamente, han sido publicados en 1991 en un solo volumen por Anagrama dentro de su colección Contraseñas. Leer guiones (o teatro) sin su complemento natural puede resultar extenuante, pero si alguien está interesado en verificar cómo Frears resolvió el traspaso a celuloide, ya puede hacerlo. El libro se completa, lo más interesante, con dos textos: “El signo del arco iris”, recuento de un revelador viaje del autor a Pakistán para hurgar en sus raíces, y “Un rato con Stephen”, diario escrito durante el proceso de preparación y rodaje de “Sammy y Rosie se lo montan” que sirve para aportar interesante información sobre la cinematografía alternativa inglesa y su precaria subsistencia.

De forma casi simultánea, se ha publicado también en España un segundo libro dedicado a Kureishi, “El buda de los suburbios” (1990; Anagrama, 1991), primera incursión del autor en la novela. El caldo de cultivo es el mismo y su paso a la narrativa ha cuajado en un debut inteligente, escrito con una prosa directa, funcional y efectiva que levanta un colorista cuadro de Londres en pleno trip de los sesenta con toda su energía, estupidez y locura. Es un viaje cínico y vital guiado por Karim –alter ego del autor–, un joven vago y bisexual que observa con casi total indiferencia los diversos dramas de la variopinta fauna que se mueve a su alrededor, todos lanzados a una carrera veloz en busca del karma perfecto. Entre la fábula picaresca, el documental de la época y las aportaciones sociológicas, “El buda de los suburbios” encuentra su equilibrio en un sabio afán por no trascender unos temas que difícilmente serían digeribles sin el impulsivo y desbordante sentido del humor que aquí aparece.

Una lectura más que recomendable mientras se espera el inminente nuevo ensayo de Kureishi: su debut como director con la película “London Kills Me”.

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