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HARUKI MURAKAMI, Made in Japan

No hay lector de Murakami que no sea fan de Murakami.

Foto: Brigitte Friedrich

 
 

ARTÍCULO (2006)

HARUKI MURAKAMI Made in Japan

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor? Probablemente, de Haruki Murakami. El escritor de Kioto, un pequeño mito viviente desde la publicación en 1987 de “Tokio Blues”, sabe atrapar como pocos el latido de la melancolía y enmarcarlo en paisajes fantásticos y sorprendentes. Rodrigo Fresán publicó esta semblanza en Rockdelux cuando se editó, por fin, “Tokio Blues” en España, escogido mejor libro del año 2005 en el Rockdelux 236.

UNO. En 2002 por fin sucedió lo que tenía que suceder para placer de fetichistas, mitólogos y adoradores del tótem: apareció una biografía/estudio crítico, en un idioma cercano (el inglés), de Haruki Murakami (Kioto, 1949), el escritor japonés más cool. Y la espera valió la pena: “Haruki Murakami And The Music Of Words” (publicada por la editorial inglesa Harvill) no solo estaba firmada por Jay Rubin –uno de sus traductores históricos al inglés–, sino que, además, desde la confesión que abría el juego confesaba un crimen que no equivale a castigo sino, por lo contrario, a recompensa: “Voy a admitirlo: yo soy fan de Haruki Murakami –dice Rubin– y he escrito este libro para los otros muchos fans que seguro sienten una camaradería similar y a quienes les gustaría saber más sobre su vida, pero se quedan con las ganas al chocar con la barrera del idioma. Lo que yo quise hacer aquí fue compartir algo de la felicidad que he sentido leyendo a Murakami. Por favor, discúlpenme si este libro produce la impresión de que me he divertido mucho escribiéndolo”.

Todo esto para decir que no hay lector de Murakami que no sea fan de Murakami. Y que no se sienta parte importante de un todo. Y que no se divierta siéndolo y leyéndolo.

“A mí me parece que si de un día para otro la literatura –las novelas– desapareciera del paisaje de la sociedad contemporánea, nadie lo lamentaría demasiado. Cada vez hay más cosas que suplantan a las novelas. En otras palabras, yo me gano la vida escribiendo cosas que la gente no necesita. Lo que, pensándolo bien, no deja de ser un milagro”

DOS. Tres años y medio más tarde, el lector en castellano tiene un poco más de acceso al escritor japonés que por estos días ha triunfado entre nosotros con su mítica y superventas “Tokio Blues” (Tusquets, 2005; Empúries en catalán), publicada originalmente en Japón en 1987 con el título de “Norwegian Wood”. Ahí está esta novela confesional y melancólica –pero feliz de serlo– en las listas de libros más vendidos y sumándose a “La caza del carnero salvaje” (1982; Anagrama, 1992), de la que nunca fue traducida su continuación, “Dance Dance Dance” (1988); y a la monumental y de algún modo contenedora de todas y cada una de las obsesiones murakamianas que es “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” (1994), publicada en castellano en 2001 por Tusquets, la editorial que en 2002 lanzó la más ligera “Sputnik, mi amor” (1999) y en 2003 la perfecta “Al sur de la frontera, al este del sol” (1992), una suerte de “Tokio blues” “para adultos” que Wong Kar-Wai debería llevar al cine YA.

No es mucho, pero ya es bastante y promete ser más: Tusquets publicará en 2006 la alucinógena “Kafka en la orilla” (2002), algo así como un thriller psicoexistencial con fantasmas perdidos y gatos que hablan. Quien quiera leer en inglés tendrá más y mejor suerte: los relatos de “The Elephant Vanishes” (1993) y “After The Quake” (2000); “Underground” (1997), o la investigación periodística sobre los ataques con gas sarín en el metro de Tokio; “Hard-Boiled Wonderland And The End Of The World” (1985), novela favorita del autor entre las suyas, con Bob Dylan como personaje invitado; y la antología de historias cumpleañeras “Birthday Stories” (2002), donde Murakami incluye su “Birthday Girl” junto a relatos de Raymond Carver, David Foster Wallace y Denis Johnson.

Pero, aun así, todo esto no será más que un pálido reflejo de la realidad: en 1990 aparecieron los primeros ocho volúmenes de las “Obras completas” de Murakami –debutante literario en 1979– y desde entonces y hasta ahora, a punto de cumplir 57 años (lo hará el 12 de enero), el escritor ha agregado otros doce volúmenes de ficción y no-ficción a la pirámide o a la pagoda.

 
HARUKI MURAKAMI, Made in Japan

Debutante literario en 1979, en todas partes crece el número de lectores que –como alguna vez sucedió con Salinger– sienten que Murakami está escribiendo sobre ellos y solo para ellos.

 

TRES. El demorado éxito español de Murakami coincide con su consagración universal. Su nombre suele sonar desde hace un par de años a la hora del Nobel, John Updike se ocupa de él en las páginas de ‘The New Yorker’ y en todas partes crece el número de lectores que –como alguna vez sucedió con J. D. Salinger– sienten que Murakami está escribiendo sobre ellos y solo para ellos. Eso que viene ocurriendo en Japón durante años y que, en principio, despertó el recelo de la Academia (que lo entendió como una nueva versión pop del “extranjerizante Mishima”) pero no pudo negarle los grandes premios literarios de su país. Mientras tanto, Murakami lleva una existencia casi secreta y no se deja seducir por el propio mito. Se sabe que es un compulsivo corredor solitario, que no quiere tener hijos, que es feliz desde hace años con su mujer Yoko, que tradujo al japonés a Francis Scott Fitzgerald y a Truman Capote y a Raymond Carver y a John Irving, que tiene miedo de morir de golpe, que comenzó como barman y DJ en el legendario jazz club Peter Cat de Tokio y que ahora pone a girar una y otra vez la música de libros que se venden por millones en su patria y que fuera de ella comienzan a ser justamente comparados con los de Jorge Luis Borges, Raymond Chandler, J.D. Salinger y Philip K. Dick, sin por eso olvidar a Manuel Puig, a quien Murakami reconoce como figura tutelar y quien en Japón es considerado “el Haruki Murakami latinoamericano”.

"Cuando comencé a escribir, lo que más me interesaba era distanciarme de las formas tradicionales de la literatura japonesa. Yo quería hacer y ser algo diferente. En otras palabras: quería ser un toro salvaje suelto entre la porcelana. Creo haberlo conseguido”

En un pequeño ensayo titulado “When I’m Sixty-Four”, Murakami se escabulle de tanta gloria afirmando: “A mí me parece que si de un día para otro la literatura –las novelas– desapareciera del paisaje de la sociedad contemporánea, nadie lo lamentaría demasiado. Cada vez hay más cosas que suplantan a las novelas. En otras palabras, yo me gano la vida escribiendo cosas que la gente no necesita. Lo que, pensándolo bien, no deja de ser un milagro”.

CUATRO. Y esa calidad de milagro se traslada a sus libros. Historias que nacen en Japón pero que viven en todas partes. Amores malditos pero bendecidos por una prosa hipnótica y rara que acaso sea el idioma no de la Aldea Global sino de la Metrópoli Fractal. No hace mucho Murakami declaró a la revista norteamericana ‘Bookforum’: “Lo que a mí me preocupa es que determinado paisaje real se funda con la idea que yo tengo de ese paisaje. Fitzgerald lo hizo con Nueva York, Dostoievski con San Petersburgo, Chandler con Los Ángeles. A mí me gustaría lograr el mismo efecto con Tokio. De ahí todas esas alusiones más occidentales que orientales en mis libros: son mi signo, son parte de mi educación y de mi forma de ver y sentir las cosas. Cuando comencé a escribir, lo que más me interesaba era distanciarme de las formas tradicionales de la literatura japonesa. Yo quería hacer y ser algo diferente. En otras palabras: quería ser un toro salvaje suelto entre la porcelana. Creo haberlo conseguido”.

Cualquier novela de Murakami –y “Tokio Blues” es la mejor puerta de entrada posible a un sitio del que ya nunca se saldrá o se querrá salir– explica el enigma de esa música de platos rotos a la que se aplaude, siempre, por supuesto, como corresponde, con una sola mano.

Etiquetas: 1980s, 1987, 1990s, 2000s, 2005, Japón, novela
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