Un personaje de esas nuevas generaciones, Silvia (la actriz Bárbara Lennie), tiene un plano fijo que dura siete minutos. ¿Ya estaba en el guión o surgió en el rodaje? Para mí es el momento de la película. Hay una extraña leyenda en torno a esa escena. Mucha gente da por hecho que rodamos el plano general desde fuera pero que se estropeó la cámara y tuvimos que repetir la escena en casa de la actriz al cabo de un mes. En realidad ya estaba en el guión, aunque me imaginaba que lo montaría con “jump cuts”. Cuando la rodamos yo estaba detrás de la cámara y al ver su cara ante las réplicas de Martín –el personaje interpretado por Daniel Fanego–, pensé: “igual esto es muy friki, pero vamos a probar a quitar la voz de Martín y dejar la cara de Silvia durante siete minutos”. Y nos lo quedamos.
De la cercanía de los personajes de “La leyenda del tiempo” has pasado a una mirada más distante, casi entomológica. Son películas muy distintas. “Los condenados” está contada desde fuera, con la intención de que no puedas identificarte con ellos. En ese sentido es brechtiana. Es complicado seguir el proceso lógico de causas y efectos, de modo que el espectador tiene que crearlo por sí mismo.
No se lo quieres poner fácil. Creo que si el espectador se identifica emocionalmente con los personajes, pierde distancia intelectual respecto a los hechos. La finalidad de la película es que piense cómo le habría gustado comportarse en circunstancias parecidas y, en consecuencia, qué papel juega hoy en día y hace treinta años la lucha armada, si es legítima o no.
Aunque esta sea tu primera ficción, tu cine todavía sigue manteniendo una relación muy estrecha con la realidad. Supongo que es porque me preocupa mucho la presencia física del personaje. Puede que venga de mi interés por el retrato. Pero no tengo ningún problema en imaginarme rodando películas de ciencia ficción, aunque seguramente pondría muchísimo interés en el trabajo con los actores y eso tal vez imprimiría un sello muy realista.
Háblame de la banda sonora de la película. Trabajas desde hace tiempo con Gerard Gil, que ha tocado en Pupille, H de Casa, Zul... Lo conocí a través del documental que hizo sobre Cirlot y desde entonces utilizo música suya para mis cortos, aunque no siempre le puedo pagar. Le propuse hacer la banda sonora de “Los condenados” y apareció con ochenta y cinco minutos de música. Había temas buenísimos que no pudieron entrar porque la música explicaba demasiado bien la emoción de cada personaje y, debido a todo lo que hablábamos antes, trataba de huir de eso. 