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JIM DODGE, Sé nuestro gurú, Jim

El buen salvaje: “Básicamente, seguí el consejo que siempre se da a los jóvenes escritores: escribe sobre lo que conoces”. Foto: Bob Doran

 
 

ENTREVISTA (2011)

JIM DODGE Sé nuestro gurú, Jim

Por Kiko Amat

Se acaba de publicar “No se desvanece” (“Not Fade Away”, 1987; Alpha Decay, 2017), nueva oportunidad para conocer al gran Jim Dodge. Recuperamos esta extasiada entrevista de Kiko Amat con él... Cuatro caóticos documentos de Word (uno de ellos... ¿vacío?) adjuntos a su correo nos confirmaron que Jim Dodge continuaba impermeable a la tecnología. El escritor más ludita, inspirador y fascinante del mundo volvió a estar de actualidad gracias a la reedición mejorada de “Introitus lapidis” (Alpha Decay, 2007), rebautizada “Stone Junction. Una epopeya alquímica” (Alpha Decay, 2011), su celebrada saga anarco-alquímica publicada originalmente en 1990 como “Stone Junction: An Alchemical Potboiler”. Hombres vs. plutocracia, bien contra mal, compasión contra crueldad, y encima explosiones, alucinógenos, póquer y pócimas: un libro de fiesta mayor.

Nunca he seguido a santones o hechiceros, pero si tuviese que adoptar a mi Meher Baba, mi maestro yogui, escogería a Jim Dodge (Santa Rosa, California, 1945). He aquí el artista como hombre bueno, el autor de novelas como sabio humanista, como inacabable fuente de inspiración y dirección: figura paterna, camarada y consejero, corazón de león y alma en las pupilas, Dodge desafía la frase “Nunca conozcas a tu ídolo” (en realidad, la máxima debería continuar: “... si es Pete Doherty”). Pues si tu ídolo es un expoeta beat lleno de pasión, amor y humanidad (y también furia, que no somos hippies), una especie de Merlín rocanrolero con recursos inagotables de empatía, dulzura, astucia e imaginación; y encima ludita; y biorregionalista; y novelista insuperable; y encima fan de Big Bopper y Little Richard; y para colmo Hombre Erguido que tala árboles y vive sin conexión (no sabe ni qué es “conexión”) y fríe animales cazados y considera la amistad como uno de los más sagrados bienes de un hombre... ¿Quién no querría adoptar a un maestro así? Este optimizado “Stone Junction. Una epopeya alquímica” (1990; Alpha Decay, 2011) es, ya imaginan, una ocasión inmejorable para dialogar de nuevo con nuestro gurú.

“En ‘Stone Junction’ algunas cosas ya las conocía por pura pasión, como el póquer, la historia de la alquimia, el ‘lingo’ de los DJs de la AM, la magia y, en menor medida, la física nuclear. Otras me llegaron por vía de familiares, amigos y amantes, gente que considero ‘informadores fiables’ y me iluminaron con su conocimiento sobre cultura de las drogas, tradiciones nativoamericanas, medicina y armas. Y lo que nadie sabía sobre venenos, reparación de embarcaciones fluviales y robo de cajas fuertes, entre otras cosas, lo investigué”

“Stone Junction” exhibe una cantidad titánica de documentación sobre trucos de póquer, historia de la alquimia, fusión nuclear, jerga de DJs de radio, química, filosofía, plantas alucinógenas... Es inevitable preguntarse si todo este manantial de saber ya residía en tu cabeza o estudiaste trabajos especializados. Por un lado, el arte de narrar consiste en crear ilusiones que revelen las ilusiones acorde a las que vivimos, y esa creación requiere una selección de detalles que convenzan al oyente de que sabes de lo que hablas. En otras palabras: la autoridad narrativa es esencial para el hechizo, tanto para lanzarlo como para mantener ese espacio mágico al que invitas al lector y donde participará en un acto colaborativo de imaginación. En “Stone Junction” algunas cosas ya las conocía por pura pasión, como el póquer, la historia de la alquimia, el “lingo” de los DJs de la AM, la magia y, en menor medida, la física nuclear. Otras me llegaron por vía de familiares, amigos y amantes, gente que considero “informadores fiables” y me iluminaron con su conocimiento sobre cultura de las drogas, tradiciones nativoamericanas, medicina y armas. Y lo que nadie sabía sobre venenos, reparación de embarcaciones fluviales y robo de cajas fuertes, entre otras cosas, lo investigué. Básicamente, seguí el consejo que siempre se da a los jóvenes escritores: escribe sobre lo que conoces.

Uno de los preceptos que expone “Stone Junction” es que es perfectamente lícito alzarse violentamente contra la injusticia. Y “existe una maldad en el mundo de la que hay que ocuparse”. En “Stone Junction”, si recuerdas, está prohibido cargarse a un enemigo a no ser que sea en defensa propia. Sí puedes usar tu imaginación para hacerle sentir culpable, o llevarle a la locura o al remordimiento de tal forma que termine suicidándose. Pero no puedes usar las mismas armas que la plutocracia, especialmente porque una de esas armas se llama “misil”, y hoy sabemos que las armas nucleares son biocidas: no solo matan humanos, destruyen todo tipo de vida. Y, encima, mediante la mutación genética, ponen en peligro la evolución futura. Aunque existe la mezquindad en el mundo, y residen en él poderosas fuerzas destructivas, creo que el término “maldad” parte de una construcción binaria algo simplista. De acuerdo que estas exquisitas distinciones morales no entran en juego si alguien te ha puesto el pie en el cuello o un puñal en el de tu hijo, pero ciertamente un uso responsable de la inteligencia o la imaginación pueden prevenir decisiones de vida o muerte. La defensa propia es más un reflejo, una expresión instintiva de la fuerza de la vida, que un derecho; y cuando llegas a ese estadio ya puedes despedirte de la razón, la comprensión y la sabiduría.

“Stone Junction” tampoco deja lugar a dudas sobre tu opinión sobre el progreso tecnológico: “El conocimiento y las tecnologías siempre se anticipan a nuestra capacidad de comprender las consecuencias”. ¿Es el ludismo el camino, antes de que lo “entendamos todo demasiado tarde”? Esa cita es del ciclo de “Edipo”, de Sófocles, y continúa siendo mi definición operativa de tragedia. Empujadas por la innovación tecnológica, las cosas cambian tan rápido que las industrias dedican todos sus recursos a anticipar cambios venideros y direcciones de desarrollo. Eso ha provocado que la gente sienta que ha perdido todo control sobre su propia vida. Siempre he creído que la libertad reside en igualar tus necesidades, pero si realmente necesitamos todas estas máquinas sorprendentes, entonces ya podemos despedirnos de la libertad: no vamos a tener tiempo suficiente para dominar el uso y la reparación de esas herramientas, y además la mayoría de ellas requieren combustibles fósiles en lugar de energía metabólica. Quizá el ludismo sea la respuesta. Puedo decirte que yo mismo viví sin electricidad de 1979 a 1990, cultivando mi huerto, cazando, pescando y recolectando la mayoría de mi comida, y la vida era dulce y fácil, si bien en ocasiones agotadora.

 
JIM DODGE, Sé nuestro gurú, Jim

“Mi pasión principal es la poesía, y si ese no es el ARTE en su manifestación más alta y más exigente que existe, no hay vida en la Tierra”. Foto: Maureen Hurley

 

Podrías aplicar lo dicho al uso de internet. Kurt Vonnegut dijo que “las comunidades electrónicas no construyen nada, siempre terminas con nada. Somos animales bailadores”. Creo que tal vez hayamos ganado en cierto tipo de “democratización” del conocimiento, pero a un precio muy alto: información fragmentada, debilitación de lazos comunitarios físicos, polución, aislamiento... ¿Cómo te posicionas tú en el debate “¿Google nos está volviendo estúpidos?”? Básicamente, estoy con Vonnegut y otros cascarrabias como él. Siempre me ha gustado esa homilía celta que dice: “Antes de darle un arma a un hombre, enséñale a bailar”. Por añadidura, la información no es conocimiento: el conocimiento requiere la síntesis de todos esos factores fragmentados, y también el corazón necesario para llevar esa síntesis al reino de la comprensión, y la comprensión reclama alma, o espíritu, para acceder a la sabiduría. Ya veremos, pero hasta entonces todo lo que puedo decir es “quizá”.

“Desde Sófocles hasta el libro de Job, sean muchos dioses o uno solo, el mensaje es consistente: la divinidad se encuentra más allá de la comprensión humana, y la respuesta inteligente a la percepción que uno tiene de los Grandes Poderes es la sumisión. Creer, por definición, es fe sin pruebas, lo que es lo mismo que decir que es una decisión basada en la admisión de completa ignorancia. Así pues, ¿por qué no reconocer que nadie tiene ni idea, abrazarlo como Misterio Profundo y dejarlo hasta el día en que nuestra dulce carne humana vuelva a las cenizas y el polvo?”

“Stone Junction” comienza con una joven partiéndole la mandíbula a una monja, lo cual siempre es celebrable. Últimamente he vuelto a pensar (leyendo a Robin Lane Fox y a A. N. Wilson) que el cristianismo (o cuando menos las tres religiones monoteístas) sea posiblemente la causa de todos nuestros problemas. Junto a la codicia. Yo iría aún más allá, y diría que la culpa es del monoteísmo y de cualquier poder centralizado. Especialmente cuando la historia nos enseña que la práctica prioritaria del poder humano es la imposición de control, sea ejercido a base de violencia física o la biopatología de mentirles a los niños sobre la naturaleza de la existencia. Desde Sófocles hasta el libro de Job, sean muchos dioses o uno solo, el mensaje es consistente: la divinidad se encuentra más allá de la comprensión humana, y la respuesta inteligente a la percepción que uno tiene de los Grandes Poderes es la sumisión. Creer, por definición, es fe sin pruebas, lo que es lo mismo que decir que es una decisión basada en la admisión de completa ignorancia. Así pues, ¿por qué no reconocer que nadie tiene ni idea, abrazarlo como Misterio Profundo y dejarlo hasta el día en que nuestra dulce carne humana vuelva a las cenizas y el polvo?

Recientemente he vuelto a cavilar sobre el tema de los artistas que abandonan la disciplina a la que dedicaban su talento para dedicarse a solo vivir, ignorando la demanda de “producir”. ¿De veras no va a volver a haber otra novela de Jim Dodge? Bueno, mi decisión era mucho más compleja que esa. Mi pasión principal es la poesía, y si ese no es el ARTE en su manifestación más alta y más exigente que existe, no hay vida en la Tierra. Una confluencia de sucesos acabaron de determinar mi decisión: adoptamos al hijo de mi cuñada, lo que exigió mi completa atención; él tenía 2 años, por aquel entonces. Por mucho que hayas vivido de tu ingenio durante años, no puedes exigirle a un niño que lo haga también, así que me vi obligado a aceptar un puesto de profesor. Y, puesto que la enseñanza también ofrece numerosos desafíos y masajes de ego, vi que podía sentirme bien sin tener que pasar seis horas al día encerrado en una habitación. Además, descubrí que tener a un pequeño humano botando en mi vida había abierto un tremendo boquete en mi ambición. Dicho esto, ahora que ese pequeño humano tiene 20 años y estoy semirretirado, estoy pensando en revisitar aquella novela de detectives que abandoné. Y también pienso en cómo siempre he deseado escribir una novela sobre béisbol, y otro libro sobre perros y montañeros, así que..., quién sabe.

Cuando te entrevisté en el año 2007 hablamos de tristeza, miedo, culpa y paternidad. Tus palabras fueron reconfortantes, humanas y curativas, los consejos de un hombre sabio. Yo nunca he sido de gurús, pero si tuviera de escoger uno, serías tú. ¿Quieres ser mi gurú, Jim? ¿Quién podría desear a Polonio como gurú? Aunque, de hecho, su “Pero, sobre todo, sé fiel a ti mismo...” no está mal, asumiendo que uno tenga una personalidad y la capacidad de conocerla. Pero, de veras, Kiko, lo que describes, consejos honestos ofrecidos desde una simple consideración por nuestros comunes aprietos humanos, suena solo como un acto de verdadera amistad. Así que no me queda más remedio que rechazarte como estudiante o discípulo, aunque será un honor ser amigo tuyo.

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