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JOANN SFAR, Del cómic al cine sin manías

El dibujante de cómics francés Joann Sfar es uno de los autores más prolíficos de los últimos años. Ahora, también con una carrera cinematográfica.

Foto: Rita Scaglia

 
 

ENTREVISTA (2010)

JOANN SFAR Del cómic al cine sin manías

Cambiar de medio de expresión sin despeinarse. Joann Sfar, reputado y admirado en el mundo del cómic, se puso detrás de la cámara para dirigir una atípica biografía, “Gainsbourg (vida de un héroe)” (2010), un filme que no fue un biopic al uso, aunque repasó los aspectos más relevantes en la vida del músico francés. Vicenç Batalla lo entrevistó para que hablase de la película y de su faceta de dibujante. Mirada multidisciplinar que al año siguiente continuó con su guión y codirección en “El gato del rabino”, adaptación al cine de su cómic.

Lo más difícil de presentar al dibujante de cómics francés Joann Sfar (Niza, 1971) es definir su estilo. Porque es uno de los autores más prolíficos de los últimos años y ahora ha empezado también una carrera cinematográfica. Con “Gainsbourg (Vida de un héroe)” (2010), que se estrena en España este mes de julio, ha hecho el salto al celuloide pero conservando esa mirada fantástica de los cuentos para la que un personaje como el cantante de las mil mujeres le va como anillo al dedo. De hecho, lo incorpora un doble en la pantalla que es su superyo con los rasgos físicos todavía más marcados, a la manera de los dibujos animados.

“Mi técnica es tomar personajes que me gustan y practicar el espiritismo: dejarlos solos para que encuentren su propio conflicto, los problemas, la forma de resolverlos...”, nos explica por teléfono un afable Sfar que confiesa que no dispone de método de trabajo, aunque su gusto por la conversación hace que se acabe deduciendo las claves de tanta producción. “Es como si dispusiera de una pequeña tropa de actores. La verdad es que se les reconoce de un cómic al otro. Siempre hay uno con los ojos azules, un poco travieso y despierto. Siempre hay una enorme mujer morena y tosca. Siempre hay una chica con largos cabellos y pechos. Son personajes que se siguen de una historia a la otra. Es como si vistiera a los actores de otra forma. Son pequeñas voces que hablan en mi cabeza y acaban por tomar forma. Y no consigo poner fin a una historia... porque no me gusta”, asegura el dibujante de unas series que nunca se sabe si van a retomar la vida.

“Gainsbourg era un mentiroso, entre un mundo sexual y musical. Todo su universo se prestaba a fabricar una especie de cabaret”

Hasta la fecha, lleva empezadas más de treinta, que suman casi un centenar de álbumes. Los inició a mediados de la década de los noventa; llegaron las primeras traducciones a España con la serie de burla a los héroes fantásticos “La mazmorra” (Norma, a partir de 2000), donde Sfar se encarga del guión y Lewis Trondheim, otro de los nombres importantes de la nueva escena francesa, de los dibujos. Pero el reconocimiento público le ha venido sobre todo por la serie “El gato del rabino” (Norma, a partir de 2003), sobre una familia sefardita en Argel en los años veinte, y “Klezmer”(Norma, a partir de 2007), su versión asquenazí y más festiva en la Europa oriental previa a la Segunda Guerra Mundial. Un interés debido a su origen judío sefardita, por parte de padre, y asquenazí, por parte de madre.

“Elijo la época de principios de siglo porque es muy agradable para dibujar. Y, en mi caso, necesito mucho tiempo para que un objeto se me aparezca en mi trabajo. Por ejemplo, me cuesta mucho dibujar los móviles o los coches deportivos... Pero lo hago en mis carnés”, sigue contando entre risas Sfar de su universo cada vez más heterodoxo y cercano a la pintura, sin preocuparse demasiado de las cuestiones académicas. Como en la realización cinematográfica.

 
JOANN SFAR, Del cómic al cine sin manías

El multidisciplinar Joann Sfar tiene un estudio compartido con los también dibujantes Mathieu Sapin, Christophe Blain y Riad Sattouf.

 

“Para Gainsbourg, primero hice un cómic. Y a partir del cómic, escribí un ‘script’, pero ocupaba doscientas cincuenta páginas. Me dijeron que era demasiado largo, que tenía que ser de ciento veinte páginas. Escribimos once versiones sucesivas antes de llegar a esas ciento veinte páginas y, al final, apareció una historia que me gustaba... pero no sé muy bien si se trata de un guión”, reconoce el autor de este antibiopic que más que la vida de Lucien Ginsburg, también de familia de judíos rusos, es una recreación del personaje que encarnó en la Francia puritana de los años sesenta.

“El suicidio de Lucy Gordon fue una tragedia a la que nunca me había enfrentado. Se produjo quince días después de haber finalizado el rodaje... Tuve que montar la película sabiendo que la actriz principal ya no estaba con nosotros. Habíamos preparado el filme durante cinco meses y, luego, estuvimos cuatro más juntos durante el rodaje. Y nos convertimos casi en una compañía de teatro o de circo”

“Gainsbourg era un mentiroso, entre un mundo sexual y musical. Todo su universo se prestaba a fabricar una especie de cabaret. Como primer filme, quería saber lo que podía hacer, para aprender”, comenta como experiencia Sfar, quien, de paso, convierte este primer largometraje en un musical donde cantan los propios actores: Eric Elmosnino (Gainsbourg), Lucy Gordon (Jane Birkin), Laetitia Casta (Brigitte Bardot), Anna Mouglalis (Juliette Gréco), Sara Forestier (France Gall), Mylène Jampanoï (Bambou), Philippe Katerine (Boris Vian), el propio Sfar (Georges Brassens)...

La otra cara de este ejercicio hedonista fue el suicidio, poco después, de la actriz inglesa Lucy Gordon. “Es difícil hablar de ello por teléfono. Su suicidio fue una tragedia a la que nunca me había enfrentado. Se produjo quince días después de haber finalizado el rodaje... Tuve que montar la película sabiendo que la actriz principal ya no estaba con nosotros. Habíamos preparado el filme durante cinco meses y, luego, estuvimos cuatro más juntos durante el rodaje. Y nos convertimos casi en una compañía de teatro o de circo. Cuando falta alguien, se produce un vacío”.

Sfar refleja todos estos estados de ánimo en otro libro, “Gainsbourg (hors champ)” (Dargaud, 2009), con casi quinientas páginas de dibujos y comentarios que es de nuevo una confesión en voz alta de alguien que no quiere renunciar a sus sueños de infancia y adolescencia. Sin solución de continuidad, me revela que tiene sobre la mesa de su despacho dos cómics al mismo tiempo: una historia sobre el pintor ruso Chagall, que ocupará ciento veinte páginas, como su adaptación de “El principito” (Salamandra, 2010), y una novela fotográfica erótica, que mezclará dibujos de hombres monstruos con imágenes reales de mujeres en látex. Y, en casa, continúa con la tercera parte de la serie “L’ancien temps”. Su jornada la reparte entre la productora cinematográfica Autochenille, donde ya ha terminado la versión en pantalla de “El gato del rabino”, y su estudio compartido con Mathieu Sapin, Christophe Blain y Riad Sattouf. Y ya se ha comprometido para reemprender series con Trohdheim, Blain y Emmanuel Guibert.

Y aún le queda tiempo para visitar de vez en cuando Barcelona, donde trabaja con DDT, el estudio de efectos especiales de David Martí y Montse Ribé que ha creado el muñeco del doble de Gainsbourg, y ya piensa en escaparse el año que viene con Javier Mariscal para hacer un trabajo pictórico conjuntamente. “Nuestros dibujos se complementan y, cuando estamos juntos, nuestras locuras se parecen mucho. La idea es ir a un lugar donde haya alcohol, coches y chicas bonitas para dibujar mucho”.

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