Aunque a Joaquín Reyes se le conoce sobre todo por programas televisivos como ‘La hora chanante’, ‘Muchachada Nui’ y ‘Museo Coconut’, su primera vocación fue el dibujo y, de hecho, empezó ilustrando para la colección Barco de Vapor. Él mismo reconoce que su estilo ha evolucionado hasta llegar a “Ellos mismos”: “Antes hacía unos monigotes muy graciosos, como de línea clara, y de repente empecé a dibujar así, realista, no sé muy bien por qué. Eran también influencias del cómic norteamericano independiente, mi género favorito. En este caso concreto, al hacer tiras sobre famosos, buscaba que el dibujo fuera lo más realista posible para que el texto, que muchas veces son disparates en boca del personaje, funcionara como un contraste entre la forma y el fondo”.
Por las páginas de “Ellos mismos” desfilan todo tipo de famosos: músicos, actores, futbolistas o políticos. Lo mismo ocurría en las parodias televisivas de “Celebrities” y “Testimonios”, en una mezcla esquizofrénica en la que podían aparecer personajes de la prensa del corazón (Paquirrín, Tita Cervera) junto a otros mucho más minoritarios (Lars von Trier, Alan Moore). “Para mí, la cultura pop es hacer un batiburrillo con todo eso. Me divierte poner a Lars von Trier, John Galliano, Paquirrín o Tita Cervera al mismo nivel. Aunque a veces nos hemos propuesto forzar un poco al público. Por ejemplo, con Alan Moore; creo que es el personaje más minoritario que hemos hecho, porque no deja de ser un guionista de cómics. Pero la gente que lo estaba viendo en su casa pensó: ‘¿Alan Moore? ¿Michael Moore, ha dicho? ¿Julianne Moore?’. Evidentemente, en mi opinión, unos tienen más méritos que otros, pero como personajes todos tienen un interés, y me acerco a ellos de la misma forma”.
Más que una simple selección de sus tiras en la prensa, en “Ellos mismos” Joaquín hace un ejercicio de autocrítica sobre su profesión, con unos interludios donde dialoga con un orangután. “Me daba un poco de pudor hacer una recopilación pura y dura. Porque si la hace Quino, dices: ‘Quino, claro, fue un grande’. Pero ¿cómo va a hacer una recopilación Joaquín Reyes, si es lo primero que saca? Se me ocurrió meter esa conversación, una estructura que copié a Juanjo Sáez –de su libro “Yo” (Reservoir Books-Mondadori, 2010)–, con él y un álter ego que comentan, en este caso, el trabajo de las tiras. Los primates me hacen mucha gracia, porque son muy bonicos y te hacen reír con sus cucamonas, pero en un momento dado, si se cabrean, te arrancan la mano de un ‘bocao’. Son graciosos y cabrones. Pensé en un orangután para que hiciera de álter ego que dice lo que yo no quiero decir, me mete caña y se ríe de mí. Situarse por debajo es una estrategia del cómico para que luego se le permita decir cosas”. Ese diálogo surrealista culmina con un desenlace sorpresivo. “No quería que la gente se sintiera estafada, quería llenar el libro de muchas chorradas y que hubiera un giro final muy Amenábar para que la gente dijera: ‘¡Oh, Dios mío, qué inesperado!’”.