“Joe Strummer. Vida y muerte de un cantante” (“Joe Strummer. The Future Is Unwritten”, 2007) es el documental que el cineasta pop Julien Temple dedica a Joe Strummer (1952-2002), caudillo del punk que supo emitir la música que necesitaba ser emitida, entre la verdad y el panfleto, desde la atalaya de su banda The Clash (1976-1985).
Alrededor de estéticas fogatas nocturnas en Londres, Nueva York, Los Ángeles, Granada y San José (Almería), Temple convoca a amigos y conocidos para que mitifiquen y/o perdonen al exhibicionista personaje. En su época final al frente de The Clash, Joe Strummer, a pesar de su confeso idealismo “auténtico”, cayó en los errores que siempre prometió combatir: engreimiento, vanidad, traición. Pero como buen predicador que fue, atravesó su larga etapa de penitencia con un discreto y discontinuo semirretiro (bandas sonoras, actor invitado, fallido disco en solitario, colaborador de The Pogues) hasta que llegó su segunda oportunidad, con su pletórico regreso mestizo al frente de The Mescaleros en 1999.
Más humano, y renacido artísticamente, se convirtió en un maduro optimista cargado de buenas vibraciones, las mismas que siempre relucieron en su confusa naturaleza un tanto hippie. Pero el 22 de diciembre de 2002, a los 50 años, un defecto congénito en el corazón se lo llevó sin avisar, justo cuando algunas de las postales de Navidad que había dibujado (barcas llenas de gente llegando a acogedoras islas con hogueras) aterrizaban en los buzones de sus destinatarios. Triste pero bonito.
¿La película? Muy Temple: collage de declaraciones pasadas y presentes, insertos de imágenes referenciales, archivos sonoros y admiración a espuertas. Para fans del legado de The Clash y aprendices de rock star. ![]()























