Acogida como “la primera gran novela americana del siglo XXI”, a “Las correcciones” (“The Corrections”, 2001) de Jonathan Franzen (Western Springs, 1959) le llueven los elogios y le buscan un hueco al lado de grandes como Don DeLillo, Richard Ford, Thomas Pynchon o Philip Roth. Con su tercer libro, el escritor de Illinois ha ganado el National Book Award 2001 y también alguna que otra antipatía, como la de Oprah Winfrey y la de todos los que se le echaron al cuello al rechazar la invitación de esta a su club del libro, garantía instantánea de éxito editorial.
No obstante, “Las correcciones” ha sido un boom sin doblarse ante las exigencias mediáticas. Ácida crónica de Estados Unidos hoy, esta obra ahonda en los entresijos de los Lambert, una familia norteamericana como otras muchas familias norteamericanas (llámense Amberson, Tennenbaum o Simpson). Alfred, el patriarca, enfermo de Parkinson terminal, navega a la deriva en su zozobra mental (Franzen afirma haber escrito el punto de vista de Alfred con los ojos vendados y tapones en los oídos…). Enid, la agobiada y agobiante madre, se empeña en recuperar la unidad familiar perdida en una última comida de Navidad. Gary, el primogénito, casado y padre de tres hijos, es un director financiero obsesionado con no deprimirse que ahoga su desastroso matrimonio en el licorero. Chip, el mediano, ve cómo su vida se va por el retrete al perder su puesto en la universidad por culpa de un desliz a lo Humbert Humbert. Denise, la pequeña, fría y elegante, se refugia en el orden de su vida profesional como chef para huir de su caótica vida sentimental.
Corregir. Todos tienen algo que corregir, errores que enmendar. Alrededor de esta familia, Franzen teje una red de anhelos y miserias, de envidias y miedos, de esperanzas y desencantos. Sus certeras descripciones de ánimos y ambientes nos acercan tanto a los personajes, que respiras, ríes, sufres y te derrumbas con ellos.
Con estilo exuberante, irónico unas veces, corrosivo otras, y mediante continuos flash-backs, digresiones y comparaciones insólitas, Franzen nos proporciona las claves que conforman esta historia de culpa y autoengaño. Enfrenta dos generaciones, dos estilos de vida incompatibles: uno con valores ancestrales del Medio Oeste, y otro prisionero de la consumista anarquía de la Costa Este.
“Las correcciones” es más que una lectura placentera y absorbente; es el derribo de la familia como institución aún válida en la sociedad actual, donde el materialismo y el dinero como única meta prevalecen sobre todo lo demás. ![]()























