Qué formidable libro ha escrito Joni D. El anteriormente conocido –en ambientes punk de los ochenta– como Joni Destruye acaba de firmar una crónica personalísima, altamente rítmica y honesta, sobre lo que representó ser punk-rocker en Barcelona durante la década que va de 1981 a 1991. Este detalladísimo trabajo (en catalán, y ya también en castellano) narra las cosas que sucedieron en aquella vertiginosa época (los ochenta españoles son como los sesenta ingleses: el inicio de todo), y lo hace desde un valiente y cándido Yo que no puede sino emocionar al lector.
Sin duda, uno de los primeros choques es ver cómo los integrantes de las subculturas y bandas musicales de entonces tenían de 14 a 20 años; algo que parece increíble hoy, cuando el pop es puro viaje del Imserso. El otro choque es enfrentarse a un mundo urbano mucho más peligroso que el actual, donde “ir de un palo” (jerga ochentera) implicaba violencia callejera co-ti-dia-na. Y otro choque aún mayor es ver cómo el punk-rock de los ochenta era un millón de veces más politizado que el actual, y de origen obrero.
Lo sé: en estos días en que la mitad de los punks vienen de colegios de élite parece un hecho imposible. Y es que cuando Joni D. habla de los primeros pasos del mundo okupa y antimilitarista, de las algaradas, de la autogestión y las constantes revueltas en que participaban sus protagonistas –esa brava foto de dos punks arrasando la caseta del PSC en 1983–, les juro que suena a otro planeta. Pero no lo es: esto pasó aquí, hace treinta años, y no hay otra forma de aprenderlo que leyendo libros como este. ![]()























