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KEITH RICHARDS, Vida
 

LIBRO (2010)

KEITH RICHARDS Vida

Global Rhythm

La historia la escriben los vencedores. Y en el rock’n’roll acostumbran a ser supervivientes veteranos de guerras psíquicas y químicas, que se sientan al lado del fuego, a dictarle al negro de turno historietas llenas de exceso, desesperación y, por encima de todo, redención.

“Vida”, la historia del superviviente más mitificado de todos, son unas memorias de rock’n’roll atípicas; en ningún caso Keith Richards muestra arrepentimiento por su carrerón yonqui ni entona un mea culpa por una vida de disipación. Al contrario: da a entender que se lo pasó bomba. Metanol, tuinal, heroína, nembutal, LSD, cocaína, speedball, ganja...

Nuestro hombre rememora su vida con las sustancias recreativas sin un ápice de confesionalidad, imprimiendo al libro un liviano aire de costumbrismo drogata que pondría los pelos de punta a un empleado del Proyecto Hombre. El desayuno de Keith: “Tomaba un barbitúrico nada más despertarme (...) Un tuinal pinchado (metiéndole una aguja para que saliera más rápido). Y luego una taza de té bien caliente y a decidir si me levantaba o no (...). Cuando se te pasa el efecto, al cabo de dos horas más o menos, estás suave como la seda, has desayunado un poco y te puedes poner a currar”. La socarronería de sus advertencias deja entrever que él sí puede porque sabe las dosis y tiene aguante; el lector, no.

La gran virtud de “Vida” es su carácter de narrativa oral. James Fox, el escritor del tomo, explica que “hay algo excepcional en la manera en que Keith habla y recuerda. Es un gran narrador de historias, y quise conservar esto en el libro”.

El resultado es adictivo y seductor, pese a que abunde por enésima vez en hechos que Robert Greenfield y Victor Bockris congelaron magistralmente. No es extraño, pues, que los párrafos en los que habla de música sean lo mejor del libro: las progresiones de acordes, las afinaciones, el modo en que blues y rock’n’roll iluminaron una infancia gris y dickensiana, sus ídolos... Aquí es donde el relato de Richards cobra una vida vibrante y despega. Y baja a ras de suelo cada dos por tres para pegarle un capón a Mick Jagger. Pese a que el riff humano insista en la necesidad de ver los hechos en su contexto, los reproches a su media naranja musical exudan bilis. Casi ciento cincuenta páginas de ajuste de cuentas de un total de quinientas.

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