Lo cuentan como un milagro: al quinto día del Festival de Wight de 1970, después de revueltas e incendios provocados por un público vandálico, Leonard Cohen salió a escena y se puso a cantar sus lentas canciones, más lentas aún. No solo se hizo la calma: hubo una repentina y masiva comunión con un artista que parece en éxtasis, como un santo en trance. El aplomo con que se enfrentó a la audiencia, el convencimiento y la intensidad que imprimió a cada palabra, siguen produciendo una hipnótica fascinación.
Murray Lerner filmó el concierto en largos primeros planos, como sin poder quitar la mirada de ese ser poseído por una emoción melancólica extraordinaria, sobrecogedora en “The Partisan”. El montaje es discutible: se cortan las dos primeras canciones para hablar de las circunstancias del momento (intervienen Judy Collins, Kris Kristofferson y Joan Baez entrevistados en 2009 echando la vista atrás), que son útiles pero rompen un poco el clima. Tampoco se explica por qué la filmación no incluye todos los temas, que sí aparecen en el CD anexo. Pero la fuerza de un documento extraordinario se impone. ![]()
























