×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...

¿Qué tenían Martes y Trece que no tuviesen toda la retahíla de graciosillos televisivos?

 
 

ARTÍCULO (1991)

MARTES Y TRECE Vuelven a casa por Navidad

La singladura de Martes y Trece, entre 1978 y 1997, marcó una época en el humor en España. Y hubo un momento, en la historia de nuestra televisión, en que la Navidad cambió gracias a ellos. El turrón, el arbolito, el belén… y Martes y Trece. Una nueva tradición se incorporó a las inamovibles celebraciones navideñas, para regocijo de los que hasta entonces las despreciaban y que encontraron al fin un motivo de interés entre los compromisos familiares. ¡¡¡Martes y Trece en TVE!!! Fueron unos momentos realmente especiales. Ricardo Aldarondo lo explicó en este artículo publicado en diciembre de 1991, justo antes de una nueva entrega navideña del, por aquel entonces, dúo maravillas.

Lo que no ha conseguido la televisión por sí sola durante más de veinticinco años ha sido conquistado por los dos humoristas españoles más inteligentes, distinguidos e insobornables que se recuerdan. Ni la Misa del Gallo, ni las campanadas de Nochevieja, por mucho que en ocasiones haya tenido su gracia el caos recreado desde la Puerta del Sol a la hora de las uvas, habían conseguido incorporarse con fuerza al conjunto de tradiciones. Ni siquiera el habitualmente deleznable programa de fin de año, con sus considerables dosis de morbo y masoquismo, ni las muñecas de Famosa se dirigen al portal habían calado tan hondo en las necesidades del cambio de año como lo han hecho Martes y Trece. Solo Josema Yuste (Madrid, 1954) y Millán Salcedo (Brazatortas, Ciudad Real, 1954) hacen la televisión imprescindible en el ocaso de diciembre. Hasta el punto de que cuando aparecen en otra época, parece como que les falta algo. Así que, aunque hayan estado hace poco en la pequeña pantalla, Martes y Trece vuelven a casa por Navidad. Mmm…


ES POR ELLO, OYE

Antes de las empanadillas y después de las empanadillas. La gloria de Martes y Trece tiene una clara frontera en el sketch humorístico más celebrado de toda la televisión española, uno de esos escasos momentos en que todo un país se conmociona ante lo que ocurre en la pequeña pantalla. Solo con una conversación telefónica en la que un ama de casa hablaba con Encarna, la del insoportable programa de radio, mezclando en su conversación las empanadillas que tenía en el fuego con los hijos que tenía haciendo la mili en Móstoles. Estaba terminando 1986 y Martes y Trece apenas tenían unos minutos para intervenir en el programa de fin de año. Arrasaron con un delirio verbal y mental a la altura de los mejores momentos de los Hermanos Marx. Desde entonces, han tenido inteligencia para mantener el genio de aquel momento, y para dosificarse suficientemente, conservando el mito vivo. Y ahora su simple aparición es un acontecimiento; sus caras, sin que hagan nada, producen ya la risa. Sobre todo si inician una de sus conversaciones, monumentos a la incongruencia.

Todo lo anterior queda borrado por las obras de los últimos cinco años, pues cada uno de los programas que han hecho desde entonces forma parte de un trabajo coherente, denso e incluso analizable. Nada que ver con el habitual y triste (no hay nada peor en un humorista que provocar tristeza) desfile de supuestos graciosos por las televisiones. Pero antes hubo diez años más. Martes y Trece eran un trío que ya provocaba algunos momentos memorables de TVE (pasaron por el “Un, dos, tres… responda otra vez” y algún otro programa de variedades). Hasta que el de barbas, Fernando Conde (Ibdes Zaragoza, 1952), quiso dedicarse a otra cosa y, en 1984, dejó en plena acción a Josema y Millán. Recorrían sin cesar salas de fiesta de todo el país redondeando su inimitable lenguaje y ya dosificaban mucho sus apariciones en televisión. Porque esa ha sido la idea que les ha permitido convertirse en mitos: hacer pocas intervenciones pero todas ellas memorables. La conquista ha sido progresiva: la intervención de las empanadillas en 1987; otra aparición al año siguiente, un poco más larga, en la que el sermón del cura pasó de nuevo de boca en boca de todos los espectadores durante meses; la presentación de “¡Hola, hola 89!” con sus propios números intercalados; su primer programa completo, una hora antes de que acabase 1989 (“A por uvas”), y otro programa de sesenta minutos intensísimos, “¡Venga el 91!”. Las televisiones no podían dejar escapar la ocasión de hacerles trabajar un poco más y Televisión Española ha tenido que pagar muchísimos millones (se los merecen todos, son impagables) que todos agradecemos que hayan desembolsado: Tele 5 hubiera matado la gallina de los huevos de oro, y con ella nuestro disfrute, sacando sus caretos a cada minuto en nuestra pantalla ¿amiga? Y la magia se hubiera roto. Porque ellos tienen que hacer lo que les dé la gana. El 30 de octubre ofrecieron “A ver, a ver”, donde, aunque repitieron algunas cosas, volvieron a resultar fascinantes, y además del programa de fin de año, durante 1992 habrá dos programas más que conseguirán el milagro: batir al mismo tiempo récords de audiencia y de creatividad televisiva.

 

Les distinguía su amor por lo absurdo, su capacidad de llegar continuamente al delirio, ya fuese deformando el lenguaje, soltando incongruencias, extrayendo humor de una sílaba o un acento.

 


CALLÁNDOSE, SENTÁNDOSE

Al fin y al cabo, ¿qué tienen Martes y Trece que no tengan toda la retahíla de graciosillos televisivos? Como todos, imitan a cantantes, reproducen los tics de amas de casa y maricas, y se ríen de los acontecimientos televisivos del momento. A Josema y Millán les distingue su amor por lo absurdo, su capacidad de llegar continuamente al delirio, ya sea deformando el lenguaje, soltando incongruencias, extrayendo humor de una sílaba o un acento, llevando hasta las más lejanas fronteras del disparate cada uno de sus números. Y sobre todo, que ellos mismos se ríen muchísimo: no se podían aguantar la risa cuando se cayó uno de los muñecos en su imitación de ABBA, o cuando explicaban los sonidos de las campanadas en una genial improvisación mientras cada uno de ellos se moría de risa con lo que decía el otro. Y utilizan las posibilidades del medio televisivo, montajes, sobreimpresiones, encuadres, como nadie lo ha hecho. Además cantan, cantan muy bien y no imitan, sino que recrean voces y gestos de Víctor Emmanuel, Franco Napiato, Gabinete Canalera (con un demoledor “La culpa fue de la chacha”), Simón & Garfuskel o Juan Manuel, Cerrad. Han conseguido que las palabras vulgares se conviertan en recurso humorístico en las conversaciones de la gente y que esos “venga”, “qué bodito”, “bebodable” o “sentándose, callándose” pasen de boca en boca como consignas de una religión, la adicción a Martes y Trece. Habrán tenido muchos padres humorísticos, pero su arrolladora personalidad hace que solo se noten dos: los Hermanos Marx, por la capacidad de desbaratarlo todo, tanto en el lenguaje como en las situaciones, y Tip y Coll, especialmente el primero, al que homenajearon en el programa de Nochevieja del año pasado imitándolo en el papel de un cura que daba las bendiciones más extrañas.

En el cine no funcionan tan bien, quizá porque no han podido controlar el producto tanto como en televisión. Pero el humor de “Martes y Trece, ni te cases ni te embarques” (1982) y “Aquí huele a muerto… (¡Pues yo no he sido!)” (1989) era más bien vulgar y encorsetado. Veremos lo que pasa con “El robobo de la jojoya” (1991). De momento, Pedro Almodóvar intenta repetir sin éxito uno de los mayores triunfos del dúo: la recreación de la presentadora de informativos acompañada por la traductora para el lenguaje de los sordos en “Tacones lejanos” (1991).


12 MOMENTOS “BEBODABLES”

1. ENCANNA. Nada podrá superar a la estupefacta “Encanna” escuchando la verborrea del ama de casa a partir de unas empanadillas en el fuego y unos hijos que hacen la mili en Móstoles (Dic. 1986).

2. ELLA NO QUERÍA. Un cura en el púlpito con un catarro nasal considerable, derrapando con su lenguaje a partir de la historia de Eva hasta llegar a un anuncio de la lotería, con el ya famoso “Ella no quería” (Dic. 1987).

3. GABRIEL. El pobre representante del detergente Gabriel intentando hacer cambiar de marca a un ama de casa salvaje, despiadada, brutal (Dic. 1989).

4. Q-1, Q-2. Josema tratando de leer, hasta caer en la confusión más estrepitosa, los números y siglas de las quinielas (Dic. 1988).

5. DOMINIQUE. Millán en el papel de la monjita cantarina Jeanne Deckers, Sor Sonrisa, quien, tras pasarse varios minutos riéndose, canta con su guitarra la canción “Dominique”, con una letra en apoyo de la selección española de fútbol (Dic. 1987).

6. …ANO? …IA? Típico sketch in crescendo del dúo, con Pablo Lizcano y José María García tratando de establecer comunicación con un teléfono que produce un sonido entrecortado (Dic. 1988).

7. LA TOMA DE LAS UVAS. Una de las mejores improvisaciones, explicando el significado de los sonidos de un montón de campanitas que pueden sonar antes de tomar las uvas (Dic. 1990).

8. SOR BETE Y EL CONVENTO. Con Sor Teo, Sor Pívot y las demás, toda la congregación expectante ante la idea de ver un vídeo de Martes y Trece (Dic. 1990).

9. ELVIRA PLUS. Josema encarnando a una especialista en tratamientos faciales que se va excitando hasta el delirio mientras unta la cabeza de Millán con cremas, mermeladas, huevos y otras porquerías (1989).

10. LAUREN CASTIGO. El especialista en tonadillas presentando a Tony Sevilla, que canta con convicción “Soy maricón”, y entrevistando con sus tropiezos vocales a la Paca (Dic. 1990 y Oct. 1991).

11. EL HOMBRE DEL TIEMPO. Es la mujer del tiempo, en realidad, recibiendo sobre su cuerpo lluvias, vientos, granizos y rayos de sol (Dic. 1988).

12. ALCALDES. Millán viendo pasmado cómo le saluda el Bartolo, alcalde de su pueblo, Brazatortas, filmado junto a los habitantes del pueblo (Entrevista con Nieves Herrero).

Twin Peaks, Confesiones de un superviviente
Por Juan Vitoria
PALOMA CHAMORRO, La virtud del error
Por César Estabiel
Arriba