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Masters Of Sex, Ciencia entre sábanas (T1, T2)

La inaccesibilidad de Bill y la búsqueda incesante de Virginia funcionan como motor de la trama de la historia de los sexólogos Masters & Johnson.

 
 

SERIE TV (2014)

Masters Of Sex Ciencia entre sábanas (T1, T2)

Susana Funes repasó aquí las dos primeras temporadas de “Masters Of Sex” (Showtime, 2013 y 2014; Canal+ Series, 2014), folletín televisivo que, aparentemente, prometía más de lo que ofreció. Aunque el ritmo y trato de algunos personajes le dieron tintes de telenovela, el atractivo se mantuvo, no obstante, en las actuaciones de Lizzy Caplan y Michael Sheen, así como en la propia historia de Masters & Johnson, los científicos del sexo que a finales de la década de los cincuenta diseccionaron los tabúes y prejuicios de la sociedad. La serie concluyó en 2016 tras su cuarta temporada.

Sexo. “Todos los museos del mundo están llenos de arte creado a partir de este instinto básico… la gran literatura, la música más hermosa... El estudio de las relaciones sexuales es el estudio del principio de toda vida”, aseguraba William Masters (Michael Sheen) a Virginia Johnson (Lizzy Caplan), en el primer capítulo, quizá aludiendo aquella básica pulsión freudiana.

“Masters Of Sex” se presentaba así como la serie de Masters & Johnson, esos nombres imprescindibles al hablar de sexualidad. Buscando estudiar cómo responden los cuerpos a los estímulos sexuales terminaron auscultando en los tabúes y prejuicios de toda una sociedad.  

El tema resultaba sugerente. Basada en la biografía homónima de Thomas Maier de 2009 y adaptada para la televisión por la productora y guionista Michelle Ashford, la serie se ambientaba –muy al estilo “Mad Men”– en los Estados Unidos de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, durante la época de la liberación sexual, de la invención de la píldora anticonceptiva y de la lucha por los derechos civiles, en un país dominado por el conservadurismo y la hipocresía.

“Sin embargo, nos sentamos acurrucados en la oscuridad como hombres de las cavernas, mojigatos, llenos de vergüenza y culpa”, continuaba Masters. Y uno de los elementos de interés desde la primera temporada fue ese: tirar del hilo de la anatomía del sexo y los secretos en la cama para alcanzar otras problemáticas, como racismo, liberación femenina y homosexualidad –entre los puntos más altos, en la historia del preboste Barton Scully (Beau Bridges) y su esposa Margaret (con la magnífica Allison Janney)–.

El centro de la historia es la relación de Masters, reconocido médico obstetra e investigador, famoso por sus logros profesionales y retraído carácter; y Virginia, una mujer “terrenal”, adelantada a su época, de formación incompleta, dos divorcios y madre de dos hijos. Su relación es la lucha constante entre dos formas diferentes y excluyentes de ver la ciencia, el sexo y el amor.

Así, la primera temporada se centró en los tropiezos del comienzo de la investigación, el enfrentamiento a los prejuicios imperantes y el inicio de su relación profesional, sexual y amorosa. La segunda se enfocó en la superación de sus divergencias, ante la imposibilidad de avanzar en la investigación desde una visión excluyente –masculina o femenina, psicológica o biológica–.

 

Todo se desarrolla en los Estados Unidos de finales de los cincuenta y principios de los sesenta, durante la época de la liberación sexual, de la invención de la píldora anticonceptiva y de la lucha por los derechos civiles, en un país dominado por el conservadurismo y la hipocresía.

 

La tensión entre ellos impregnó los episodios de una fuerte carga erótica, bien explotada en la figura de Caplan en la primera temporada. Pero su magnetismo no alcanzó para sostener la serie. A pesar de su aparente densidad dramática y su pretensión transgresora, se decantó por un relato previsible, y no por su apego a la biografía, sino por acercarse demasiado al culebrón.

El ritmo aletargado y monótono, que postergaba la tensión del drama y el clímax hasta el final de los episodios, más la proliferación de subhistorias torpemente desarrolladas –el Dr. Langham (Teddy Sears), inicialmente un toque de distensión, convertido en caricatura para el test de Bechdel–  transformó algunos capítulos en verdaderas telenovelas.

Ciertamente, la historia de Bill y Virginia –la inaccesibilidad de él, la búsqueda incesante de ella– funcionaron como motor de la trama. También ayudó a mostrar cómo en la realidad Masters & Johnson llegaron a su método de tratamiento de las disfunciones al integrar las visiones fisiológica y psicológica.

No obstante, el pobre desarrollo de los personajes –Libby Masters (Caitlin Fitzgerald), un sketch de rubia insatisfecha que solo despierta de su estupor con la infidelidad– y una visión estereotipada del pasado, demasiado anclada en los valores actuales, le restan verosimilitud e impacto –Virginia se desvanece en la idealización, impecable en su triple rol de investigadora, madre y amante, hasta el último minuto–.

Destacable resultó, sin embargo, la evolución de otros personajes femeninos de manera independiente a los masculinos, con un enfoque más seguro y de una racionalidad matizada. Muy interesantes fueron las conversaciones de Virginia con la Dra. DePaul (Julianne Nicholson) y, especialmente, todo el desarrollo de Betty DiMello (Annaleigh Ashford), la prostituta lesbiana que, tras su fallido intento de “felicidad tradicional”, se transformó en la más eficiente gerente.

Narrativamente mucho se ha relacionado a “Masters Of Sex” con “Mad Men” (Draper/Masters, Betty/Libby). Ambas series evocan por momentos personajes como salidos de Cheever o Carver, en ambientes oscuros, resaltados por las tomas en interiores o exteriores nocturnas. Comparten una aparente objetividad por la focalización externa de los personajes, de quienes siempre adivinamos sus intenciones o pensamientos a través del diálogo.

Lamentablemente, la ambición de retrato de época no cuaja del todo. Si bien gana en el laboratorio y en las relaciones personales, “Masters Of Sex” se diluye cuando intenta abarcar los “grandes temas” –como en los ingenuos y forzados paralelismos entre los obstáculos de Masters y la lucha por las reivindicaciones civiles–. Más efectiva fue al llevarlos al plano íntimo, como en el caso de la Dra. DePaul y el cáncer.

Publicado en la web de Rockdelux el 1/10/2014
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