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PELÍCULA (2010)

MATT REEVES Déjame entrar (Let Me In)

 

Revisar el clásico del terror sueco “Déjame entrar” (Tomas Alfredson, 2008) parecía una labor predestinada al fracaso, por innecesario y prematuro. El original exhala un gélido aliento de obra maestra, y el recuerdo de sus subyugantes imágenes flotaba demasiado en el ambiente para atreverse a profanar su memoria. Lo que ha hecho Matt Reeves con “Déjame entrar (Let Me In)” es admirable: su relectura de la historia de amor e iniciación entre un niño solitario y una niña vampiro desprende un emocionante sentido del respeto a una obra irrepetible e inalcanzable. No estamos hablando de un remake digno, sino de un remake realmente bueno. Probablemente, el mejor posible.

“Déjame entrar (Let Me In)” deja profunda huella con su puesta en escena, elegante, delicada, miniaturista. Se trata de un filme visualmente superdotado, cuyo cenit expresivo es, acaso, esa secuencia inicial de la ambulancia y los coches de policía cruzando de noche un campo cubierto de nieve. Hay detalles, no obstante, que decaen en su comparación con el original, fundamentalmente los referidos a la traslación del glacial universo nórdico, en sentido geográfico y emocional, a un universo norteamericano también frío en lo meteorológico, pero mucho más sensible y visceral en lo emocional. El filme, no puede olvidarse, va dirigido a la audiencia norteamericana y, para una mejor metabolización de su crudeza congénita, Reeves elimina las ambiguas aristas del niño en su fascinación por la violencia más truculenta y enfatiza el romanticismo teen en la relación entre los dos adolescentes. Todo ello, subrayado con un score poco afortunado de Michael Giacchino y un uso impropio, por efectista, de la tecnología digital en las transformaciones de la niña. En todo caso, males menores para una revisión capaz de mirar a la cara al clásico sueco.

Etiquetas: 2010
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