Los mejores libros “musicales” no suelen tratar solo de música sino de los entresijos humanos que la moldean, como sucedió en el caso de “Crónicas. Volumen 1” de Bob Dylan o “El ruido eterno” de Alex Ross, y como resulta evidente también en “Really The Blues”, una de las obras esenciales de la literatura pop del siglo XX, ya publicada en 1992 por Anaya con el título de “La rabia de vivir”. Que Mezz Mezzrow (1899-1972) no fuese más que un clarinetista con un rol secundario en el hot jazz de los años veinte y treinta en Chicago y Nueva York no quita para que su crónica de aquellos años, original de 1946, no resulte reveladora y excitante para cualquier melómano más allá de sus preferencias musicales.
Mezzrow, además de uno de los traficantes de marihuana más solicitados de su época, fue un blanco judío que, con su inefable labia y carisma, y en su afán por defender la negritud como fuente primigenia de la música norteamericana y por ende la pureza del jazz de Nueva Orleans por encima de cualquier desviación, prácticamente se metamorfoseó en negro. Su relato en personalísima primera persona –firmado con el escritor Bernard Wolfe (1915-1985)– estimula como las grandes novelas americanas, con la diferencia de que son figuras como Louis Armstrong, Bessie Smith, Bix Beiderbecke, Al Capone o Maurice Ravel quienes hacen correr una de las historias más grandes jamás contadas, hasta dejarnos sin aliento. ![]()























