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MIA HANSEN-LØVE, Alargar la noche hasta perder el sueño

Presentando el (falso) edén del “french touch” en San Sebastián. Foto: Iñaki Pardo

 
 

ENTREVISTA (2014)

MIA HANSEN-LØVE Alargar la noche hasta perder el sueño

Cineasta preocupada por los personajes, a los que dedica horas y una escritura preciosa, y con una habilidad extraordinaria para hablar con tanta naturalidad como emoción de las distintas etapas vitales y sus misterios, la francesa Mia Hansen-Løve regresó con “Edén”. En ella, convirtió la historia de un DJ parisino en una de las películas más lúcidas y bellas que se recuerdan sobre el paso del tiempo. Desirée de Fez la entrevistó en el festival de San Sebastián 2014.

Las primeras noticias sobre “Edén” (2014), lo nuevo de Mia Hansen-Løve, insinuaban una rareza en la filmografía de la directora de “Le père de mes enfants” (2009) y “Un amour de jeunesse” (2011). Se hablaba de una película sobre la escena house francesa en los noventa, incluso se decía que era el biopic de Daft Punk. No es exactamente eso. Basada en la vida de Sven Hansen-Løve, coguionista y hermano de la cineasta, esta soberbia película no solo no es un capricho aislado de la autora, sino que conecta por completo con sus anteriores trabajos. Muestra esa escena, sí, y entre sus personajes están Daft Punk. Pero, aunque como película sobre música es admirable (bien documentada, explicada con pasión y respeto), es muchas cosas más, la mayoría presentes en la filmografía anterior de Hansen-Løve. Centrada en la vida de Paul (Félix de Givry), un DJ parisino especializado en garage house, “Edén” es una maravilla, una ficción lúcida, conmovedora y adulta sobre el paso del tiempo, el sacrificio para no perder lo único que te ilusiona y la irremediable búsqueda de nuevas pasiones para no quedarse solo. Hablamos con la directora en el festival de San Sebastián.

“Sven es siete años mayor que yo y aún me preguntan por mi hermano pequeño. Es raro: la gente que vive la noche debería envejecer más rápido por una cuestión de ritmo de vida, más aún si consumen alcohol o drogas, pero muchas veces se mantienen como adolescentes”

¿Cuál fue el primer impulso que sintió para hacer “Edén”? Fue una suma de factores. Por un lado, después de hacer varias películas, creí que había llegado al final de cierta inspiración y quise entrar en otro territorio. Por otro, quería hacer un filme sobre mi generación, y me di cuenta de que podía hacerlo explicando la historia real de mi hermano, que había sido DJ más de veinte años. Sven había estado muy involucrado en la escena house francesa, y en ese momento intentaba pasar página y avanzar. Y también estaba la evidencia de que la música electrónica no solo había sido el centro de su vida, sino también de la de mucha gente joven en los noventa y los 2000.

¿Siempre quiso formular su crónica musical desde una perspectiva íntima? Sí, fue nuestra elección desde el principio. Como no existía ninguna otra película sobre esa escena musical, podríamos haber contado la historia desde un punto de vista objetivo e intentado hacerle un hueco a cada uno de sus personajes. Era una opción muy atractiva. Pero sentía que, si quería que la película fuera más universal y profunda, debía centrarme en un personaje, en concreto en una especie de “outsider” a quien le interesa el garage, una rama muy “underground” del house que nunca tuvo el éxito de otras. Eso me permitía hacer una película sobre música, sobre el house francés, pero también sobre la vida y el paso del tiempo.

El paso del tiempo es uno de los temas principales de sus películas. Sí, de alguna manera todas van de eso. La primera que hice“Tout est pardonné” (2007)–, se dividía en tres capítulos y había enormes vacíos entre ellos, grandes elipsis en las que no sabíamos lo que había sucedido. En “Edén” quería trabajar de manera distinta esa idea, y creo que es la película en la que mejor lo he conseguido porque todo fluye de forma más natural. Hay elipsis, pero no creo que transmitan una sensación de ruptura o de punto de inflexión. Esa es la imagen que tengo de la vida de mi hermano. Aunque haya pasado por hechos trágicos, su vida ha fluido de esa manera, sin cambios rotundos. Cuando te dedicas a lo mismo que él y vives tanto de noche, las fiestas y los sentimientos son tan parecidos día tras día que pierdes el contacto con el presente. Todo pasa deprisa y, al final, te queda una sensación de vacío, sientes que todo es siempre lo mismo.

Pero el mundo cambia, y es muy interesante cómo marca el paso del tiempo a través de los personajes femeninos. Sí, siempre estuvo esa idea de que las chicas que había alrededor del protagonista marcaran más el paso del tiempo que él; también que sus personalidades, incluso las de las que solo aparecen en una etapa de la vida de Paul, ayudaran a describir el momento por el que estaba pasando el personaje. Ellas cambian realmente con el tiempo, llevan vidas muy distintas, pero él solo lo hace de forma sutil: se le ve más cansado, engorda, se deja barba... Pero siente que todo sigue siendo igual. Y lo curioso es que la gente opina exactamente lo mismo. Eliminé una escena que iba de eso. En ella, el protagonista se alegraba de que una niña le dijera que parecía muy mayor. Es algo que pasa en la realidad. Sven es siete años mayor que yo y aún me preguntan por mi hermano pequeño. Es raro: la gente que vive la noche debería envejecer más rápido por una cuestión de ritmo de vida, más aún si consumen alcohol o drogas, pero muchas veces se mantienen como adolescentes.

 
MIA HANSEN-LØVE, Alargar la noche hasta perder el sueño

Basada en la vida de Sven Hansen-Løve, coguionista y hermano de la cineasta, “Edén” no solo no es un capricho aislado de la autora, sino que conecta por completo con sus anteriores trabajos. Foto: Iñaki Pardo

 

Quizá porque trabajan en algo que les ilusiona. “Edén” explica muy bien que hay gente que se dedica a la música porque realmente cree en ella, no por lo que la rodea y en lo que suele hacer más hincapié el cine. Me conmueve oír eso porque es exactamente el caso de mi hermano. Le gustaban las chicas, tomar drogas y divertirse, como a tanta otra gente joven. Pero sé que su relación con la música era verdadera y profunda. Si pasas veinte años de tu vida escuchando y poniendo música diez horas al día es porque realmente te gusta. Solo puedo sentir respeto y admiración por la gente que se dedicó a explorar la escena “underground” de Chicago para acercar esa música al público francés y hacer que la bailara y la amara. Hay ahí un gesto realmente noble porque no era una música comercial, era muy especial y específica.

“Si pasas veinte años de tu vida escuchando y poniendo música diez horas al día es porque realmente te gusta. Solo puedo sentir respeto y admiración por la gente que se dedicó a explorar la escena ‘underground’ de Chicago para acercar esa música al público francés y hacer que la bailara y la amara”

En una película como “Edén” no podía dejar fuera un tema como las drogas. Habla de ellas sin moralismos ni efectismos, algo poco común en el cine. No tenía sentido obviarlas. Mi hermano cuenta que sin ellas no podría haber llevado el ritmo de vida que llevó durante veinte años: viajar continuamente, no dormir, llegar a sitios en los que no conocía a nadie... Pero no he querido abordar el tema de forma moralista o juzgar a mis personajes. No me gusta decirles que no deberían haber hecho algo porque no soy ni un juez ni sus padres. Solo retrato a la gente que quiero e intento entenderla. En “Edén” las drogas están conectadas con lo cotidiano y no se muestran de forma espectacular. Los personajes podrían tomar drogas de forma más exagerada o podría haber alguna sobredosis. Pero eso nunca pasó en la vida de mi hermano, y he querido hacer una película lo más cercana posible a la realidad. Creo que ese realismo le da singularidad porque los filmes sobre la noche suelen ser caricaturescos. Quería encontrar la poética de ese mundo desde el realismo, no desde la fantasía.

Hay una escena especialmente emotiva en la que suena “Within”, una canción del último disco de Daft Punk. Ese momento marca el contraste entre la elección vital del protagonista y la de otros que empezaron cuando y como él, pero sí triunfaron. Sí, esa escena es crucial. Lo bonito del personaje de Paul, también lo que le hace tan frágil, es que no ha cambiado ni siquiera en sus gustos. Siente pasión por un tipo de música que nunca cambia, y eso es, en realidad, lo que acaba con su profesión. El mundo cambia, la música cambia y las modas cambian, pero la relación de Paul con la música y la música que escucha, no. Es la razón por la que se siente así, porque todos necesitamos cambiar y evolucionar para sobrevivir. Y uno de los puntos fuertes de Daft Punk es que se reinventan continuamente. El contraste entre evolucionar y no hacerlo se resume en esa escena, que también muestra la tristeza de Paul, quien ha crecido poniendo vinilos, al ver que alguien dispara las canciones desde un MacBook: el personaje está perdiendo ahí parte de su pasado.

Es una de las muchas escenas de club de “Edén”, extraordinariamente bien filmadas. Intuyo que fue una película bastante complicada a nivel técnico. Fue muy difícil. Tenía que conseguir que el espectador viera la belleza de los clubes en una película realista, sin imágenes publicitarias. Pasé muchos meses pensando cómo rodarla, cómo serían los colores y el ritmo de cada escena... Fue bastante complicado, y nunca utilicé iluminación extra a la de los propios clubes. Definimos la luz de antemano, con los técnicos de los locales, e intentamos capturar la atmósfera de cada club y evitar iluminaciones que no se correspondieran con las épocas recreadas. Era reacia al digital, pero aquí me ha salvado.


Banda sonora histórica y emocional

“Edén” cubre veinte años de la vida del protagonista, de 1993 a 2013, dos décadas musicales recogidas en una banda sonora de cuarenta y cinco canciones (de, entre otros, Frankie Knuckles, Rosie Gaines, Bootsy Collins y Daft Punk) seleccionadas por Mia Hansen-Løve y su hermano según criterios históricos y emocionales. “La mayoría de las canciones las elegimos durante la escritura del guion. No es que buscáramos canciones para musicar las escenas, es que se nos ocurrían al escribirlas porque se ajustaban a los momentos que recreábamos”, cuenta la directora.

De Daft Punk no solo suenan varios temas, entre ellos “Veridis Quo” y, evidentemente, “One More Time”, sino que son dos personajes secundarios de la historia (encarnados por los actores Arnaud Azoulay y Vincent Lacoste). Según la directora, el dúo electrónico apoyó el proyecto desde el principio: “Los conozco personalmente porque, tal y como explica la película, mi hermano formaba parte del mismo grupo de amigos que empezaron juntos en la música electrónica. Aunque fuera breve, su aparición en la película era crucial, y para nosotros era muy importante saber que no tenían ningún problema con el guion. Así fue. Fueron muy elegantes y no quisieron influirnos de ninguna manera. Y estaban de acuerdo en que no hubiéramos optado por la cosa de los robots y los hubiéramos sacado como dos amigos más de ese grupo. Además, fueron muy generosos al cedernos sus canciones a un precio muy bajo”.

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