Michel Hazanavicius responde al reto de narrar la crisis que supuso para algunos habitantes del primitivo Hollywood el advenimiento del sonoro en un filme sin diálogos que emula las formas, códigos y registros del cine silente. Como si nos encontráramos en una variante de “Ha nacido una estrella” inspirada a medias en la relación entre Greta Garbo y John Gilbert, “The Artist” está protagonizada por un antiguo galán del cine mudo que no consigue acoplarse a los nuevos tiempos mientras ve cómo una joven admiradora suya asciende como la espuma. Las referencias cinematográficas en el filme son infinitas y desbordan su propio período histórico.
Pero, a pesar de su innegable naturaleza posmoderna (atención a algunos memorables gags metalingüísticos, como la pesadilla sonora del protagonista), el éxito de “The Artist” (2011) debe atribuirse al hecho de que no se contenta con llevar a cabo un mero pastiche, cuidado hasta el mínimo detalle, de homenaje al cine mudo ni convierte la ironía en el registro principal del filme. Hazanavicius sabe contagiar las emociones de su personaje principal como hicieron los grandes maestros de la época, pero sobre todo convierte “The Artist” en todo un canto a la capacidad narrativa del cine más allá de la palabra hablada. ![]()


























