Cargando...
 
NICK HORNBY, Juliet, desnuda
 

LIBRO (2010)

NICK HORNBY Juliet, desnuda

Anagrama

El día que Nick Hornby (Redhill, 1957) publicó “31 canciones” (2003), ya quedó claro que algo había cambiado en la relación que el escritor británico mantenía con la música. Cosas de la edad, el hooligan apasionado que firmó “Alta fidelidad” (1995) se había transformado en un melómado maduro y reflexivo, y casi toda su obra posterior ha acabado por inclinarse hacia ese reposo calmado. Y por más que al abrir “Juliet, desnuda” (2009; Anagrama, 2010) vuelva a manifestarse durante unas cuantas páginas el espíritu impetuoso de aquel primer Hornby, todo acaba quedando en otra novela bondadosa con una primera parte espléndida y una segunda que no lo es tanto.

Se anuncia “Juliet, desnuda” como el regreso de Hornby a la música y, aunque algo de eso sí que hay, es un regreso en unplugged, una versión acústica y destripada a juego con el disco que da título al libro y al que la pareja protagonista, Duncan y Annie, entrega buena parte de su vida. El disco en cuestión, una compilación de maquetas de la supuesta obra maestra de un oscuro rockero llamado Tucker Crowe, es, al mismo tiempo, lo mejor y lo peor de la novela. Así, mientras uno de los puntos fuertes es la descripción que Hornby hace del mitómano exacerbado, ese que lo mismo inspecciona los cubos de la basura de Bob Dylan que se cuela en casa de Crowe para echar una meadita, “Juliet, desnuda” empieza a desinflarse cuando el protagonismo se traslada al propio Crowe.

Para que se hagan una idea, hablamos de un rockero maldito que desapareció un buen día y, tras años de vegetación alcohólica, pasa el rato enfurruñándose con los hijos que tiene repartidos por el mundo. Vamos, que si lo que pretendía Hornby era demostrar que la vida de un músico puede ser aburrida, sin duda lo ha conseguido. Otra cosa es que tenga más o menos gracia tratar de identificar los retales reales que componen al artista –mitad Dylan, mitad Springsteen y, según confiesa el propio Hornby, inspirado en la desaparición de Sly Stone– y que la mil veces contada historia de redención que trenza el británico le resulte a uno más o menos plomiza.

Etiquetas: 2010
BRET EASTON ELLIS, Suites imperiales
Por Juan Cervera
CARLOS ZANÓN, Yo fui Johnny Thunders
Por Kiko Amat
JONATHAN FRANZEN, Las correcciones
Por Sílvia Pons
EDWARD BUNKER, La fábrica de animales
Por Eduardo Guillot
ALICE MUNRO, Mi vida querida
Por David Morán
PHILIP ROTH, La humillación
Por Juan Cervera
JUNOT DÍAZ, Así es como la pierdes
Por David Morán
NAMI MUN, Lejos de ninguna parte
Por Juan Cervera
JONATHAN FRANZEN, Libertad

LIBRO (2011)

JONATHAN FRANZEN

Libertad

Por Ruben Pujol
HARUKI MURAKAMI, Tokio Blues
Por Sílvia Pons
NAM LE, El barco

LIBRO (2010)

NAM LE

El barco

Por David Morán
STEWART HOME, Memphis Underground
Por Laura Sangrà
JEFFREY EUGENIDES, La trama nupcial
Por Ruben Pujol
NIKOLÁI LILIN, Educación siberiana
Por David Morán
W.G. SEBALD, Austerlitz

LIBRO (2002)

W.G. SEBALD

Austerlitz

Por Ferran Llauradó
RICHARD YATES, Vía revolucionaria
Por Sílvia Pons
DAVE EGGERS, Zeitoun

LIBRO (2010)

DAVE EGGERS

Zeitoun

Por David Morán
WELLS TOWER, Todo arrasado, todo quemado
Por Juan Manuel Freire
ROBERTO BOLAÑO, 2666

LIBRO (2004)

ROBERTO BOLAÑO

2666

Por Sílvia Pons
DON DeLILLO, Punto omega

LIBRO (2010)

DON DeLILLO

Punto omega

Por Juan Manuel Freire
DON WINSLOW, El poder del perro
Por Juan Cervera
Arriba