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OLIVIER ASSAYAS, La tristeza es de la juventud

Director con pasado de crítico, Olivier Assayas no se ha amoldado nunca a un género, no ha apostado jamás por un solo patrón.

 
 

ENTREVISTA (2012)

OLIVIER ASSAYAS La tristeza es de la juventud

El director de “Finales de agosto, principios de septiembre” creía que no había ninguna película sobre los setenta que los reflejara con fidelidad. Y, al haber sido adolescente en el posmayo del 68 y haber vivido intensamente aquel tiempo, se sentía en la obligación de hacerla él. El resultado fue “Après mai” (“Después de mayo”), drama en el que partió del recuerdo íntimo para describir con honestidad una época en la que los ideales (también la tristeza) eran de la juventud. Desirée de Fez entrevistó a Olivier Assayas durante el festival de cine de San Sebastián 2012.

Es posible distinguir su huella en sus películas, pero no es la suya una filmografía monocorde o ensimismada. Director con pasado de crítico, Olivier Assayas no se ha amoldado nunca a un género, no ha apostado jamás por un solo patrón. Sin embargo, hay al menos tres cosas que coinciden en sus películas. La primera, una supeditación de las tramas a las relaciones afectivas de los personajes. La segunda, una necesidad casi sobrenatural de relacionar a los protagonistas de sus historias con la época y el lugar donde les ha tocado vivir. Y la tercera, un espíritu rock que trasciende la extraordinaria colección de canciones que suele elegir para sus filmes. En “Après mai” (2012) sigue a rajatabla dos, pero se salta la tercera. Centrada en las decisiones de un grupo de adolescentes en el posmayo del 68, su película parte de la colección de recuerdos íntimos para convertirse en la crónica de una época. Pero, según cuenta, “no es una película rock porque los primeros setenta no lo eran. El rock llegó después”. También llegaron nuevas generaciones de chavales que le hicieron añorar cada vez más la suya. De eso, de un pasado mejor o al menos más idealista, hablamos con él en el último festival de cine de San Sebastián.

“La juventud es melancólica porque va de descubrir el mundo, y porque hay muchísima soledad en ella... Otras cosas que también son propiedad de la adolescencia son la desilusión y la esperanza. Es una etapa llena de ideales colectivos, de deseos abstractos sobre lo que puedes hacer con tus amigos. Llega un momento en el que te das cuenta de que tienes que romper con el colectivo para convertirte en un individuo”

Lo más interesante e insólito de “Après mai” es su visión desmitificadora del posmayo del 68. Su película parece una respuesta realista al cine que idealiza y romantiza en exceso aquella época. Sí. La respuesta está en tu comentario. En todo momento tuve claro que “Après mai” iría sobre los setenta, época sobre la que no creas que hay tantas películas... Y las que hay suelen estar equivocadas porque o la idealizan o la ridiculizan. Siempre deseé que hubiera algún filme sobre los setenta que les hiciera justicia; y pensé que igual yo, que hago cine y viví esa época, cargaba de alguna manera sobre mis espaldas la responsabilidad de hacerlo.

¿Por qué cree que la mayoría de intentos de reproducir esa década han sido fallidos? Porque los setenta son una época muy difícil de representar por su complejidad y su locura. Como el mayo del 68, que tampoco ha sido demasiado bien capturado en el cine. Yo no podría hacer una película sobre ello porque cuando sucedió era un testigo demasiado joven y no podía llegar a entenderlo. Pero sí pensé que podía hacerla sobre los setenta porque estuve inmerso en ellos.

Sus impresiones sobre aquella década empapan su película, pero ¿se atrevería a describirla en unas líneas? Sí. Fue una época en la que la gente creía y confiaba en las ideas. Estábamos convencidos de que los tiempos estaban cambiando, y todo el mundo tenía una fe enorme en el futuro, en lo que estaba por venir. Si la política era una locura, creíamos que la sociedad tenía que cuestionársela. No se daba nada por hecho. Los chavales crecíamos en un mundo en el que todos éramos valiosos. Teníamos la sensación de que la juventud transformaba el mundo y queríamos ser parte de ello, del experimento. Estábamos preparados para experimentar, y eso es lo que hizo mi generación. Incluso las ideas más ridículas y locas tenían valor porque enfocábamos nuestras vidas en esa dirección.

“Après mai” también tiene un poso de tristeza que rompe con las representaciones idealizadas de la época. Esa tristeza está porque la tristeza y la melancolía son cosas que pertenecen a la juventud. La juventud es melancólica. Cuando veo todas esas películas sobre la adolescencia en las que los chavales se lo pasan bien, persiguen a las chicas y hacen fiestas, pienso que no representan para nada mi recuerdo de aquella etapa. La juventud es melancólica porque va de descubrir el mundo, y porque hay muchísima soledad en ella... Es algo común en todas las épocas, no solo en mi generación. Otras cosas que también son propiedad de la adolescencia son la desilusión y la esperanza. Es una etapa llena de ideales colectivos, de deseos abstractos sobre lo que puedes hacer con tus amigos. Llega un momento en el que te das cuenta de que tienes que romper con el colectivo para convertirte en un individuo, en ti mismo. Y eso provoca tristeza, pero también, simultáneamente, esperanza, porque ves que tienes toda una vida por delante.

 
OLIVIER ASSAYAS, La tristeza es de la juventud

De un pasado mejor o al menos más idealista, hablamos con él en el festival de cine de San Sebastián 2012. Foto: Iñaki Pardo

 

¿Cree que los adolescentes de hoy tienen también esos ideales colectivos? Bueno, las cosas han cambiado. Es evidente que los setenta fueron muy específicos porque, más allá de conectar con un grupo o con una generación, los chavales teníamos ideales políticos y la certeza, que hoy se ha perdido, de que una generación podía cambiar el mundo. No era una idea abstracta. Esa posibilidad de cambio se vivía como un hecho. Íbamos a cambiar el mundo y teníamos sentido de la Historia, estábamos convencidos de que éramos parte de ella.

“En los setenta tener miedo no era una opción. Estabas descontento con la estructura social y creías que podías hacer cualquier cosa para cambiar el mundo. No confiábamos en la sociedad del momento, no creíamos en sus valores. Fuimos una generación que rompió con la idea de que para ser feliz debías tener un buen trabajo o cualquier tipo de carrera; rompimos con la universidad, con la familia... Decidimos no seguir el sendero que habían preparado para nosotros. El 68 había dejado a la sociedad del revés, y todo estaba preparado para que experimentáramos con nuestras vidas”

Aun en busca de ese pulso colectivo, propone personajes muy distintos y los describe con precisión. Sí, en eso se basó la escritura de la película. Todo empezó con anécdotas personales, con recuerdos. Casi todo está relacionado de una u otra manera con mi biografía. Pero cuando empecé a escribir vi que no solo estaba contando la historia de Gilles, el protagonista, el personaje que se parece más a mí. Me di cuenta de que también estaba lidiando con algo más grande, de que era una crónica de aquellos tiempos porque, más que sobre el recuerdo de lo que hice, iba sobre el recuerdo de lo que yo no hice, pero sí hicieron mis amigos. Creo que nos definimos tanto por lo que hacemos como por lo que dejamos de hacer. La historia de mis amigos fue muy importante para contar la mía. Todos los personajes de “Après mai” se inspiran en personas concretas, aunque la película al final tiene la dimensión de un recuerdo colectivo... Y eso conecta con el proceso de hacer películas: empieza como algo íntimo y, gradualmente, como cineasta te das cuenta de que todo eso puede tener eco en el mundo real si lo transcribes de la forma adecuada.

Me llama la atención que ni un solo personaje, ni siquiera los más vulnerables, tengan miedo. Es que en los setenta tener miedo no era una opción. Estabas descontento con la estructura social y creías que podías hacer cualquier cosa para cambiar el mundo. No confiábamos en la sociedad del momento, no creíamos en sus valores. Fuimos una generación que rompió con la idea de que para ser feliz debías tener un buen trabajo o cualquier tipo de carrera; rompimos con la universidad, con la familia... Decidimos no seguir el sendero que habían preparado para nosotros. El 68 había dejado a la sociedad del revés, y todo estaba preparado para que experimentáramos con nuestras vidas.

Una vez más en esa huida de la idealización, “Après mai” muestra que no todos los que decidieron experimentar consiguieron algo. Sí, como la sensación general era que todo era posible, la gente fue en las direcciones más locas. Y, obviamente, muchos de esos caminos fueron callejones sin salida y, a finales de los setenta, muchos chicos despertaron de esa especie de sueño colectivo después de intentar sin suerte encontrarse a sí mismos en la India, de criar ovejas en la Francia rural o incluso de pasar un tiempo en prisión por haber perseguido a los políticos dementes de aquella época. Fue una generación que empezó de cero en los setenta dejándolo todo ardiendo tras ellos.

Una escena clave acaba con una casa en llamas en lo que parece la metáfora de un fin. ¿El de una época? ¿El de una etapa? “Après mai” va sobre el individuo y el grupo, y siempre lo tuve en mente. Ya cuando empecé a escribirla, me di cuenta de que había un movimiento constante entre las escenas individuales y las colectivas, en las que explicaba la historia de mi generación. Para que la película fuera completa, era importante mostrar a los chavales en grupo: en la escuela, analizando la política del centro, en un concierto de indie rock, haciendo cola para ver una película experimental o en una fiesta. Y es cierto que la escena colectiva que comentas marca el final de algo: la fiesta empieza de día y todos están felices, oscurece poco a poco, se hace de noche y, en medio de la noche, la casa se quema. Esa escena nos recuerda que cualquier cosa que hacemos con nuestra vida está construida sobre las cenizas de otros.


Manual de selección de canciones

Melómano, tipo de admirable gusto musical y uno de los directores más hábiles y elegantes a la hora de elegir canciones y repartirlas en sus películas, Olivier Assayas siguió un proceso distinto al habitual en su confección de la banda sonora de “Après mai”.

“Por lo general, el proceso de selección de canciones es muy intuitivo y suele acabar en la sala de montaje. Tienes en la cabeza una canción y la pruebas y, si no funciona, empiezas a buscar hasta que encuentras la correcta. Pero en esta película fue diferente porque las canciones llegaron primero, era la música que tenía en mi mente cuando estaba escribiendo el guión por algo tan sencillo como que se trataba realmente de la banda sonora de aquellos años para mí”, explica Assayas.

Una de sus obsesiones era esquivar una banda sonora que traicionara la época reflejada: “Los setenta tenían el trasfondo elegíaco del folk-rock británico, la poesía de la música folk, el sonido de la psicodelia británica de Syd Barrett o Kevin Ayers. También desprendían algo naíf que tenía que ver con la relación con la naturaleza. Los setenta iban de abandonar la ciudad para volver a algo más luminoso, y eso se plasmó en determinada música de aquellos años que está en una especie de olvido porque todos tenemos la fantasía de los setenta como puro rock’n’roll. Y simplemente no fue así. Esa es la razón por la que he utilizado música pastoral de bandas olvidadas como The Incredible String Band, o la música mística barroca de Amazing Blondel. Fuera de contexto, son canciones difíciles, pero en la película funcionan porque representan esa época”.

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