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Orange Is The New Black, La revolución naranja (T1)

Piper Chapman, la protagonista de “Orange Is The New Black”, a su llegada al penal de Litchfield.

 
 

SERIE TV (2013)

Orange Is The New Black La revolución naranja (T1)

“Orange Is The New Black” es el salto a la ficción de la historia real de Piper Kerman, una escritora que cumplió trece meses en una cárcel de Estados Unidos por blanquear dinero del tráfico de heroína diez años después de cometer el delito. Con este punto de partida, la tragicomedia se desarrolla en una prisión para mujeres por primera vez en una serie de televisión. Escrita por Jenji Kohan, creadora de “Weeds”, “Orange Is The New Black” cuenta con un tema de Regina Spektor en la música de créditos. Montse Virgili informó de la primera temporada (Netflix, 2013; Canal+ Series).

Del respeto a la legalidad no salen buenas historias. De esto es de lo que quiere convencernos la creadora de “Orange Is The New Black”, Jenji Kohan. Si en “Weeds” nos relataba la historia de una madre de clase media americana que traficaba con marihuana, la protagonista de “Orange Is The New Black” es una universitaria acomodada que ingresa en la cárcel como consecuencia del tráfico de heroína. A pesar de tratarse de argumentos similares, esta vez la realidad ha brindado a Kohan una trama a la altura de sus creaciones. La guionista y productora de televisión vuelve a contarnos las aventuras de una mujer blanca de clase media en un ambiente ajeno. Las chicas como ella ni trafican con drogas ni van a la cárcel, y es en esta descontextualización tan potente donde radica su fuerza.

El argumento de “Orange Is The New Black” se construye a partir del best seller autobiográfico de Piper Kerman. A principios de los noventa, después de acabar la universidad, Piper se enamoró de una traficante de drogas y acabó blanqueando dinero para ella. Fue inculpada por los hechos y, diez años después de cometer el delito, cuando ya se había olvidado de ello, estaba prometida y gozaba de una vida convencional, tuvo que ingresar en prisión. En este libro de memorias, Kerman contó su experiencia de los trece meses que pasó en una prisión federal de Estados Unidos. “Orange Is The New Black” arranca de ese trágico suceso y lo lleva a la ficción. Kohan mantiene el nombre de Piper, aunque cambia el apellido a la protagonista. En la serie, la chica será Piper Chapman (Taylor Schilling), una rubia a lo Meg Ryan, acomodada y universitaria, que dirige un negocio de cosmética natural con una amiga de la infancia. Acaba de prometerse con Larry (Jason Biggs, famoso por la saga “American Pie”) cuando se entera de que debe cumplir la condena.

Aunque el punto de partida es prácticamente idéntico, a partir de ahí Kohan nos adentra en el ambiente carcelario de una prisión para mujeres. “Oz” y “Prison Break” nos mostraron la violencia y el clima opresivo de una cárcel de hombres. Por primera vez en una serie televisiva, asistimos a la vida diaria de un grupo de convictas. Aquí, la agresividad queda a un lado. Nadie quiere escaparse. A lo sumo, desean que la condena se acorte. 

 

Dentro del penal de Litchfield van a reunirse mujeres de todos los colores, edades y complexiones físicas. Religiosas, yonquis, transexuales, universitarias, algunas madres y también sus hijas deberán interactuar.

 

Desprendidas de cualquier elemento de identidad (las reclusas llevan el típico uniforme de camisa de pico y pantalones anchos), solo cuentan con su cerebro y emociones para reivindicarse. Dentro de la cárcel, las mujeres se categorizan de dos formas: por un lado, el color de su vestimenta. Las reclusas novatas se distinguen por el uniforme naranja y las veteranas se visten de caqui. De ahí sale el título de la serie, “Orange Is The New Black”, que tan extraño nos suena aquí. En inglés norteamericano, cuando algo está de moda se dice que es “the new black”, considerando que el negro nunca deja de ser tendencia. Por tanto, podría traducirse como “el naranja es lo que se lleva”. Piper, la chica de Brooklyn que estrenaba modelitos cada semana, va a mantenerse fiel durante una buena temporada al “nuevo negro”.

La otra forma de reconocimiento entre las reclusas va a ser la división en grupos raciales. Latinas, negras, blancas, cada una va a pertenecer al grupo con el que se siente más cómoda, social y culturalmente. En el ambiente hostil de la cárcel, el sexo se convierte en un elemento fundamental. La masturbación y el sexo lésbico sirven para soportar la espera y para ahuyentar la soledad.

Dentro del penal de Litchfield van a reunirse mujeres de todos los colores, edades y complexiones físicas. Religiosas, yonquis, transexuales, universitarias y algunas madres (también sus hijas) deberán interactuar. Y en eso, “Orange Is The New Black” es absoluta y radicalmente novedosa. Ni “Girls” ni “Sexo en Nueva York” ni tan siquiera “Las chicas Gilmore” han sido tan abiertamente femeninas ni feministas.

Justo cuando la sociedad las ha expulsado, ellas buscan crear otra estructura de convivencia dentro de la prisión. Cada una de las reclusas ocupará un lugar en una jerarquía que posee unas normas propias. La mandamás de Litchfield es la tiránica Red, la jefa de cocina, interpretada por Kate Mulgrew. A través de flashbacks, uno de los hallazgos potentes de esta serie, conoceremos el pasado de cada una de ellas y cómo llegaron a la cárcel.

Contado el argumento, la serie puede parecer un dramón, pero, igual que en “Weeds”, Kohan siempre mira hacia al lado soleado de la vida. A pesar del abuso y la homofobia de los funcionarios de prisiones y de la rigidez de las normas penitenciarias, la guionista soluciona los conflictos y los momentos más crudos de la serie con finales disparatados o con los trucos propios de alguien que sabe mucho de los resortes de la comedia. La segunda temporada está por llegar.

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