Antes de escribir el guión, Paco se documentó sobre el terreno. “Fui a diferentes residencias. Estuve hablando con médicos, enfermeros, familiares y personas mayores que vivían allí. También recopilé historias de amigos con padres en residencias o que padecían Alzheimer. Con todo ese material fui escribiendo el guión”. Entre otras cuestiones, dudó sobre el tipo de dibujo que debía usar. “A veces pienso que quizás hubiese funcionado mejor en blanco y negro y con un dibujo menos ‘amable’. Hubiese tenido más dramatismo, pero quizás lo hubiese alejado de un público más general”. Aunque la historia de “Arrugas” toca un tema realista, su tratamiento no siempre lo es porque emplea recursos de género para dramatizarla. Paco parece muy consciente de ello. “La estructura que hay debajo es muy clásica, casi de una historia de aventuras. Me gusta el género y pensé que esa estructura podía hacer más digerible una historia dura como esta”.
El reto parece entonces descubrir nuevos recursos narrativos, especialmente si se trata de temas poco abordados por el cómic. El dibujante norteamericano Chris Ware dice que cada vez que intenta escribir sobre la vida utilizando la estructura heredada del cómic, el resultado acaba pareciendo una comedia de situación. Y cree que la única forma de cambiar eso es “seguir haciendo cómics, una y otra vez, hasta que el lenguaje acumule los medios para transmitir esos detalles y matices”. “Estoy de acuerdo”, contesta Paco. “Hemos crecido leyendo a Mortadelo, Tintín, Corto Maltés o a los superhéroes... A veces me cuesta encontrar soluciones diferentes. Por eso es importante para determinadas cosas olvidarse de esos referentes y mirar más la vida real. O buscar soluciones en la literatura o el cine e intentar traducirlas a los tebeos. En el cómic, aún se están creando los caminos para contar determinadas historias”.
Paco siente un cariño especial por su obra anterior, “El faro” (Astiberri, 2004), una fábula sobre la imaginación y los sueños ambientada en la Guerra Civil que estaba inspirada en hechos reales. “El abuelo de mi novia de entonces había luchado en la Guerra Civil española. Falsificó su cartilla de nacimiento para poder ingresar en los carabineros y así tener dinero para llevar al cine a la chica que le gustaba. Tuvo la mala suerte de que estalló la guerra y con 16 años se fue a combatir”. Al joven carabinero le tocó el bando perdedor y, poco antes de que la contienda terminase, huyó a Francia. Allí estuvo en un campo de refugiados hasta que acabó la guerra. “Después fue devuelto a España, y de ahí enviado a trabajar a Marruecos. Hasta muchos años más tarde, no pudo volver a España y recuperar su vida. Y lo hizo sin ilusión y sin ningún sueño. Me interesó esa pérdida de un sueño por el que vivir. Cogí el comienzo de esta historia y la usé para ‘El faro’. Luego le añadí un personaje quijotesco y las novelas de aventuras de marineros que buscan mar adentro un mundo mejor”.
Paco insiste en que tener sueños en la vida es básico para el ser humano. “Hace poco leí ‘El hombre en busca de sentido’, del psiquiatra Viktor Frankl. Trata de su experiencia como recluso en un campo de concentración nazi. Allí aprovechó para analizar psicológicamente por qué los nazis actuaban así, por qué los judíos elegidos como vigilantes eran peores que los propios nazis y, sobre todo, por qué unos judíos se dejaban morir y otros lograron sobrevivir. Su conclusión es que los que tenían la esperanza de volver a ver a sus mujeres, a sus hijos, los que esperaban recuperar algo importante cuando todo terminara, sobrevivieron. En definitiva, los que tenían un sueño. De una forma más poética que racional, es a la conclusión a la que llegué en ‘El faro’”.
Paco está terminando su siguiente novela gráfica, “Las calles de arena”, que saldrá simultáneamente en Francia y España el próximo mayo. “Es una historia de realismo fantástico a lo Kafka o Borges. Trata sobre el destino, sobre si podemos o no cambiarlo”. Y ya tiene en mente sus próximos proyectos. “El siguiente álbum aún no tiene nombre y estoy todavía recopilando información; tratará sobre los cubanos que estudiaron en la Unión Soviética. Mientras me documento, estoy preparando otro proyecto con Miguel Gallardo, una especie de diario. Me apetecía mucho hacer algo con él”. 