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PETE TOWNSHEND, Who I Am. Memorias
 

LIBRO (2014)

PETE TOWNSHEND Who I Am. Memorias

Malpaso

Siempre he pensado que la concreción de hechos debía buscarse en ensayos periodísticos, en el contraste de suceso y testimonio, no en la autobiografía. El volumen autobiográfico sirve para clavar el carácter de un artista, para entender su obra a través de su subjetividad, sin dar credibilidad al cien por cien. Y, claro está, según el personaje, se espera un vehículo de entretenimiento de primera magnitud, con detalles jugosos.

Todo se cumple en el caso de “Who I Am. Memorias” (“Who I Am”, 2012; Malpaso, 2014), la largamente esperada autobiografía de Pete Townshend. Pero no quizá como uno creería: tras unas cuantas páginas, el lector tiene la sensación de que no hay nada de impostado en el striptease vital del genio. Tras sincerarse abundando en una infancia desatendida y con abusos sexuales, prosigue con su iluminación en la escuela de arte y cómo influyó la performance en la génesis de su presencia escénica.

Al entrar el rock’n’roll en juego empieza la diversión: curiosamente, si su estilo guitarrero es rocoso y explosivo, como escritor el hombre es educado, con el tono comedido de alguien de orden. Buena parte parte del libro es un ordenado catálogo de animaladas y excesos ante los cuales, en las antípodas de la cachonda autoindulgencia de Keith Richards, Townshend parece lamentarse todavía y los rememora en tono contrito. Te encuentras riéndote a carcajadas ante la narración de alguien que, cuarenta años después, no puede ver ninguna ironía o humor en haber lanzado sofás por la ventana, o en hacerle la guerra a Vanilla Fudge por ver quién detentaba el volumen más alto de la historia del rock. Townshend nunca se encontró cómodo en la figura del cock rocker folla-groupies, y sus esfuerzos por ser un marido honrado y un buen padre que provea suenan creíbles al ciento por ciento.

Como es habitual, lo mejor es el músico hablando de música; a los fans se les hará la boca agua cuando lean sobre sus procesos creativos y la relación simbiótica que se establecía entre la banda y el público, este último cargador energético de la formación británica. Townshend es dolorosamente autoconsciente y siente tanta adoración por The Who que en su tono humilde se percibe más el fan nerd que el músico (hay muy poco autobombo). De lectura obligatoria.

(Se puede comprar el libro aquí)

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