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PHILIP ROTH, Indignación
 

LIBRO (2009)

PHILIP ROTH Indignación

Mondadori

Ninguna de las dos cosas que, a sus 76 años, espera Philip Roth (Newark, 1933) le van a sorprender sin un libro entre manos. La primera, el Premio Nobel, no tardará: la Academia sueca y su cerril resistencia vencidas por el peso de medio siglo de intachable trayectoria literaria. La segunda, menos inminente pero igual de ineluctable, es la que, de la confesión de David Kepesh en “El animal moribundo” (2001) a la jubilación de Nathan Zuckerman en “Sale el espectro” (2007), ha teñido de luto su reciente hiperactividad. La muerte, sí, el sentido de la vida evocada en “Elegía” (2006) y una obsesión que, a la espera de las inéditas “The Humbling” y “Nemesis”, culmina en su última novela.

Ambientada en el albor de unos años cincuenta marcados por la Guerra de Corea, “Indignación” (“Indignation”, 2008; Mondadori, 2009) convierte el viaje de iniciación de un joven airado en una crónica, la de un pasado irremediable, contada desde la eternidad. Su protagonista, Marcus Messner, trata de escapar a su destino cambiando la tutela de un carnicero kosher paranoico por las convenciones académicas de la universidad de Winesburg (Ohio). En su camino hacia la perfección, se cruzarán el choque cultural, el conservadurismo religioso y una compañera de aula (que no de clase), Olivia Hutton, responsable de su amanecer al sexo y del atardecer de una existencia que, por culpa de una serie de pequeños errores, desemboca en el trágico final que su padre tanto temía.

Pese a su liviana apariencia, a lo recurrente de su eje argumental –las imprevisibles y, a menudo, fatales consecuencias de los actos impulsivos– y a la certeza de que personajes como el decano Caudwell o el dandi Bert Flusser merecían mayor recorrido, la triste historia de “el chico más agradable del mundo” nos devuelve a un Philip Roth quizá melancólico pero todavía rebelde. Y es que, por mucho que el carpetovetónico Juan Manuel de Prada lo tilde de irritante y anacrónico, el mejor escritor estadounidense vivo siempre tendrá quien lo lea.

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