Tiene gracia que dos de las mejores películas que vamos a poder ver este 2011 (siempre hablando de su estreno en España) sean dos miniseries producidas para televisión que se han visto condensadas y reestructuradas para su estreno en salas cinematográficas. Hablamos, claro, de las totémicas “Carlos” (2010) de Olivier Assayas y “Misterios de Lisboa” (2010), película por la que Raúl Ruiz se alzó con el premio al mejor director en el último Festival Internacional de Cine de San Sebastián.
Y es que el veterano cineasta chileno –cuando ya nadie parecía acordarse de él– ha firmado un espectáculo tan inacabable como intenso y descarado que, tomando como base el folletín decimonónico (e incluso la telenovela sudamericana), mediante un tan inteligente (en la forma) como subyugante (en el contenido) juego de historias cruzadas, ha acabado por construir el gran relato cinematográfico de la contemporaneidad: poliédrico, elástico, transgresor y desmitificador a partes iguales.
Ruiz recoge la herencia de los directores mediterráneos más enajenados y la proyecta hacia el futuro mientras inyecta un chute de adrenalina al comatoso cine narrativo actual. ![]()


























