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RICHARD BRAUTIGAN, Un general confederado de Big Sur
 

LIBRO (2010)

RICHARD BRAUTIGAN Un general confederado de Big Sur

Blackie Books

Ocurre, en ocasiones, que uno se zambulle en un libro sin saber muy bien adónde va a ir a parar. No hay guías, ni brújula ni mucho menos migajas de pan que le ayuden a uno a encontrar el camino. Y ocurre, también en ocasiones, que aparecen autores especialmente hábiles a la hora de escatimar argumentos y empujar al lector hasta conducirlo al borde del precipicio. Si han llegado hasta aquí sin despeñarse, sabrán que Richard Brautigan (1935-1984), sobre todo el Brautigan bigotudo y prehippy de “La pesca de la trucha en América” (1967), era especialmente hábil a la hora de transformar sus libros en atropellados relatos que lo mismo se interpretaban como parodias de “En la carretera” de Kerouac que eran recibidos como soplos de bendita locura.

Aparcando por un momento ese descontrol cósmico y siguiendo el orden en que Blackie Books ha empezado a construir su Biblioteca Brautigan, si “La pesca de la trucha en América” fue el primer escalón,  “Un general confederado de Big Sur” es el rellano donde quedarse a vivir una temporada siempre que uno sea capaz de vivir y carcajearse sin parar a la vez.

Porque, más allá de la comicidad absoluta, el primer libro que publicó el de Tacoma –apareció en 1964, tres años antes de “La pesca de la trucha en América”– es también el que mejor condensa el Santo Catecismo Brautiganiano. Esto es: humor de colocón mariano, frases cortas y afiladas, estrafalarias metáforas completamente tronchantes, situaciones disparatadas que poco o nada tienen que ver con el ejército confederado y, sobre todo, personajes memorables. En este caso, el foco sigue inquieto y nervioso a Jesse, el narrador, y Lee Mellon, el presunto descendiente de un general del Ejército Confederado del Sur, mientras guían la narración a trompicones entre borracheras, disparatadas tácticas de asalto, maletines repletos de dólares y secundarios aún más disparatados. De hecho, aquí no importa tanto la trama como la sucesión de momentos desternillantes y dementes, algo de lo que, sin duda, Brautigan sabía un rato.

RICHARD FORD, Acción de Gracias
Por Sílvia Pons
VICENÇ PAGÈS JORDÀ, Los jugadores de whist
Por Ruben Pujol
NAM LE, El barco

LIBRO (2010)

NAM LE

El barco

Por David Morán
NIKOLÁI LILIN, Educación siberiana
Por David Morán
SHALOM AUSLANDER, Lamentaciones de un prepucio
Por JuanP Holguera
PHILIP ROTH, La humillación
Por Juan Cervera
ROBERTSON DAVIES, El quinto  en discordia
Por Gerardo Sanz
BRET EASTON ELLIS, Suites imperiales
Por Juan Cervera
FÉLIX ROMEO, Amarillo

LIBRO (2008)

FÉLIX ROMEO

Amarillo

Por Jesús Llorente
ROBERTO BOLAÑO, 2666

LIBRO (2004)

ROBERTO BOLAÑO

2666

Por Sílvia Pons
WELLS TOWER, Todo arrasado, todo quemado
Por Juan Manuel Freire
W.G. SEBALD, Austerlitz

LIBRO (2002)

W.G. SEBALD

Austerlitz

Por Ferran Llauradó
HARUKI MURAKAMI, Tokio Blues
Por Sílvia Pons
AMÉLIE NOTHOMB, Ordeno y mando
Por Juan Cervera
NICK HORNBY, Juliet, desnuda
Por David Morán
JONATHAN FRANZEN, Libertad

LIBRO (2011)

JONATHAN FRANZEN

Libertad

Por Ruben Pujol
DON DeLILLO, Punto omega

LIBRO (2010)

DON DeLILLO

Punto omega

Por Juan Manuel Freire
THOMAS PYNCHON, Vicio propio
Por Gerardo Sanz
JONATHAN FRANZEN, Las correcciones
Por Sílvia Pons
CORMAC McCARTHY, La carretera
Por Miguel Martínez
EDWARD BUNKER, La fábrica de animales
Por Eduardo Guillot