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RICHARD FORD, Crónica de una América desencantada

Robaba coches a los 16 para hacer carreras, se alistó en los marines, aunque no llegó a ir a Vietnam por una hepatitis, y superó un examen para trabajar en la CIA en 1968. Foto: Robert Yager

 
 

ENTREVISTA (2008)

RICHARD FORD Crónica de una América desencantada

En búsqueda de la Gran Novela Americana del cambio de siglo, el estadounidense Richard Ford completó una trilogía con su personaje de clase media Frank Bascombe al entregar “Acción de Gracias” (2006), la novela más extensa de una saga de más de mil quinientas páginas y veinte años de sueño colectivo roto. Para el autor de tamaño proyecto no se trataba ni de una autobiografía ni de una narración definitiva sobre los males individuales y políticos que asolan a su sociedad, aunque así lo pareciese. Fue escogido mejor libro del año 2008 (cuando se publicó en España) en el Rockdelux 269. Vicenç Batalla pudo entrevistar entonces a Richard Ford a su paso por París.

La cita es en la francesa Editions de l’Olivier, en París, y el metro noventa centímetros de Richard Ford (Jackson, 1944) aparece en la biblioteca de la editorial como si Frank Bascombe se hubiera tomado unas vacaciones en Europa tras tres décadas buscando su Nivel de Aceptación personal cumplidos los 55 años, a pesar de que el escritor cuenta ahora con 64. La biografía del autor no es menos llamativa, si uno descubre que robaba coches en Misisipi a los 16 para hacer carreras, que se alistó en los marines, aunque no llegó a ir a Vietnam por una hepatitis, y que superó un examen para trabajar en la CIA en 1968 antes de que su mujer Kristina, que no le ha abandonado desde entonces, le convenciera de que era mejor que se dedicara a escribir.

“En esta ocasión, me centré en cosas específicas. Por ejemplo, el final de milenio y el inicio del siguiente, las elecciones del 2000 y cómo la vida privada podía verse afectada por la vida política. Todo ello en un hombre como Frank Bascombe, de 55 años y que padece un cáncer de próstata. Pero no creo que sea un libro en el que todo el mundo pueda encontrarlo todo sobre América. La gente ha dicho que es de lo que trata y yo no lo sé”

De eso es de lo que hablaremos durante la entrevista, sin poder desligarlo de su compromiso político con la situación en Estados Unidos, a pesar de que en un momento dado su larga pierna derecha se estirará por encima de la mesa en un signo inequívoco de que tampoco es un escritor convencional, al modo académico francés. ¿No se le ha inscrito dentro del género del dirty realism que se acuñó en los años ochenta con la figura destacada de Raymond Carver, su amigo desaparecido, en torno a un grupo que tenía su residencia en Montana?

Pero de lo que se trata ahora es de comentar su última obra, “Acción de Gracias” (2006), titulada en el original “The Lay Of The Land”, publicada este año en castellano por la editorial Anagrama como el resto de su producción de ficción, que incluye seis novelas y tres libros de cuentos. Una cantidad modesta en número de títulos, pero sin duda prolífica en páginas.

“Yo soy el primer sorprendido. No pensaba que cada vez fuera más extensa. Cuando empecé a escribir ‘Acción de Gracias’, me planteaba que la novela no fuera más larga que ‘El Día de la Independencia’. En cambio, me salieron cuarenta páginas más. La verdad es que no pude hacer nada porque ya retiré ciento veinte del primer original”. La trilogía ha ido aumentando en espesura a medida que avanzaba. El primer capítulo fue “El periodista deportivo” (1986) y el segundo, “El Día de la Independencia” (1995), siguiendo a un personaje que abandona la literatura para convertirse en comentarista de deportes para la prensa y, luego, en agente inmobiliario.

“En esta ocasión me centré en cosas específicas. Por ejemplo, el final de milenio y el inicio del siguiente, las elecciones del 2000 y cómo la vida privada podía verse afectada por la vida política. Todo ello en un hombre como Frank Bascombe, de 55 años y que padece un cáncer de próstata. Pero no creo que sea un libro en el que todo el mundo pueda encontrarlo todo sobre América. La gente ha dicho que es de lo que trata y yo no lo sé”.

Ford, ante la responsabilidad de suceder en el envite a los maestros norteamericanos, prefiere adoptar un perfil más modesto, sin dejar de reivindicar el valor de su trabajo. “Cuando los libros funcionan, lo único que sucede es que te aumenta la moral. De esta manera se pueden acometer nuevas tareas de envergadura. La única dificultad que tuve fue la forma de terminarlo. Trabajé duro para encontrar las doscientas veinte mil palabras”, comenta el autor sobre el hecho de que “El Día de la Independencia” hubiera recibido, por primera vez en la historia para una misma obra, los premios Pulitzer y PEN/Faulkner.

 
RICHARD FORD, Crónica de una América desencantada

Se le ha inscrito dentro del género del “dirty realism” que se acuñó en los años ochenta con la figura destacada de Raymond Carver, su amigo desaparecido.

Foto: Maria Teresa Slanzi

 

Sus detractores lo acusan de un hiperrealismo que se pierde en el detalle de los decorados y las carreteras de Nueva Jersey durante los tres días de noviembre en que se prepara el thanksgiving“No creo que lo explique todo. Detallo lo que considero importante. Intento escribir libros sobre elementos en los que la gente se pueda sentir reconocida”, se defiende el novelista, que no tiene palabras demasiado elogiosas para la crítica, a la que considera “reduccionista”.

“Frank es una persona de la clase media. Pero no trataba de que fuera típico ni un símbolo de nada. No creo que el libro sirva para explicar toda la clase media norteamericana. En primer lugar, y es lo más importante, se trata de que se le permita ser él mismo. En el año 2000 estaba contento y preocupado. De alguna manera, huye en su vida privada de las responsabilidades públicas”.

Porque Ford considera su sarcástica narración en primera persona, con alusiones continuas a la campaña electoral entre George W. Bush y Al Gore y el episodio del ganador suspendido por el recuento de votos en Florida durante el mes de noviembre, como una ficción decididamente política, a pesar de que el tema solo se apunte para tratar a Bush de idiota y a Al Gore de payaso. “No creo que se pueda encontrar el principio de la crisis de las ‘subprimes’ porque estas se inventaron mucho más tarde. Pero en el libro se ven las semillas del 11 de septiembre. Está claro. No es la primera vez que esto pasaba. En los años noventa ya se habían cometido atentados contra el World Trade Center. Y hubo otro ataque en un edificio de Oklahoma City. Ya había mucha indiferencia por parte de los políticos”.

Si debe votar, en todo caso, Frank/Richard escoge al payaso. “¡Con Al Gore no hubiéramos hecho una guerra en Irak! ¡No hay duda! ¿Si hubiera ocurrido lo del 11 de septiembre? No tengo ni idea. Pero con Gore no se hubiera ido a la guerra en Irak y muchos chicos y chicas norteamericanos estarían vivos”.

“¡Con Al Gore no hubiéramos hecho una guerra en Irak! ¡No hay duda! ¿Si hubiera ocurrido lo del 11 de septiembre? No tengo ni idea. Pero con Gore no se hubiera ido a la guerra en Irak y muchos chicos y chicas norteamericanos estarían vivos”

La réplica a Frank es Mike Mahoney, su asociado inmobiliario nacido en el Tíbet y votante de Bush. “Me pregunté si podía colocar al Dalai Lama en mi novela y me dije ‘¡no puedo hacer una cosa así!’. Pero podía colocar a alguien que fuese budista, como una reencarnación del Dalai Lama, aunque culturalmente vinculado a la sociedad norteamericana. Me pasé mucho tiempo persuadiéndome de por qué no debía hacerlo. Se lo pregunté muchas veces a mi mujer y le leí pasajes. ‘¿Crees que esto tiene sentido?’. Me gusta la posibilidad de utilizar todos los recursos de una novela para que parezca creíble. Este es el camino para las palabras porque, en nuestras vidas, pasan cosas terribles y buscamos la manera de integrarlas”.

Frank ha transitado en esta tercera y definitiva entrega para el autor (“me ha agotado”) del Estado Existencial de “El Día de la Independencia” al Estado Permanente, en el que se siente poco interesado por lo que pasa a su alrededor, hasta que halla El Siguiente Nivel, donde no tiene más remedio que asumir el Nivel de Aceptación que le devuelve a la vida en pleno proceso radioactivo contra el cáncer de próstata. ¿Es una alegoría sobre un futuro menos negro?

“Es normal que ocho años de George W. Bush desmoralicen a cualquiera. Para mí, es asombroso que dispongamos de un candidato inteligente y tan complejo como Barack Obama, dado el estado del Partido Demócrata. Es alguien que casi no tiene que ver con los demócratas. Entre ellos, culturalmente no comparten muchas cosas. Un partido que pierde dos veces contra un candidato como Bush no puede estar bien. Bush es un inepto, un mentiroso, un idiota. De acuerdo, todo el mundo actúa así, pero fue él quien ganó. Si ahora los demócratas ganan, es porque el país está a punto de hundirse, no porque aporten nuevas ideas”.

Son comentarios de un ex militante del partido que tuvo como candidatos a Al Gore en el año 2000 y a John Kerry en 2004. Apoyó a Obama en las primarias de primavera, pero luego se dio de baja. “Yo me llamo a mí mismo demócrata. Afiliarse a un partido se ha convertido en una profesión en América. Quizá no para los republicanos, pero en el caso de los demócratas es ridículo”.

“Creo en el gobierno, en la eficacia del gobierno. No soy un cínico. El gobierno une al país, proporciona servicios. Es su centro espiritual y el mejor lugar para tomar decisiones. No en vano, posee sesenta billones de dólares para gastar”. Lo explica alguien que hace unos meses pretendía vender el piso de Nueva York donde ha vivido cuarenta años para ahorrar gastos, pero ha tenido que renunciar porque “nadie quiere comprarlo”. Finalmente, no parece que vaya a tener que exiliarse como había anunciado si gana el republicano John McCain. “No sería una elección muy feliz”

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