¿Puede una novela de más de mil páginas mantener la atención del lector sin cansarle ni aburrirle? Si la obra en cuestión es “2666” (2004), novela póstuma de Roberto Bolaño (1953-2003), la respuesta es un rotundo sí. En su estado de gracia habitual, el chileno logró en un más difícil todavía superar “Los detectives salvajes” (1998), cenit de su producción literaria que le granjeó el aplauso y el reconocimiento tanto de la crítica como de los lectores.
“2666” es mucho más que una novela, es una opus magna que gesta cinco novelas en una, cuya lectura como un todo (si bien pueden ser consumidas por separado sin que por ello se resientan su calidad ni la comprensión de la obra) aboca al lector a una vorágine de sensaciones que aturde, marea y nubla los sentidos en una cogorza literaria descomunal. Aunque el mismo aire de fatalidad se respira en todas ellas, cohesionándolas en un bloque compacto Bolaño escogió para cada una de las partes un estilo diferente, y en todos ellos se desenvuelve con soltura y agilidad de gimnasta, pasando del relato detectivesco a la crónica periodística, de lo épico a lo mágico, del objetivismo más puro a las emociones más intensas.
Varios misterios conviven en sus páginas, misterios cuya resolución poco importa pero que le valen a Bolaño como excusa para enzarzarse en disquisiciones que van de lo divino a lo profano, conjurando humor y horror en dosis iguales. Como en “Los detectives salvajes”, una multitud de personajes se ven implicados en dichos enigmas, viajando de Europa a América, donde el destino les conducirá irremisiblemente a un desolado puerto de llegada: el desierto de Sonora. Para el escritor chileno no hay personajes pequeños. Los moldea a todos y cada uno con paciencia y destreza, conferiéndoles un rostro, un nombre, un trocito de vida apenas vislumbrado. Del único que no se sabe nada es del narrador, que nunca llega a presentarse (¿acaso sea el detective salvaje Arturo Belano, como se apunta en la nota final a la edición?) y que en su peculiar recorrido por el siglo XX desenterrará cadáveres, escritores fantasma, críticos sólo capaces de emocionarse con la literatura, policías enamorados, profesores con el corazón roto... hasta llegar a la actualidad, donde la impunidad del mal y la corrupción campan a sus anchas en una sociedad inmunizada a la violencia.
“2666” es como embarcarse en una expedición con rumbo al abismo a través de un relato exuberante, tan rico en detalles que a una se le abren los ojos de admiración a cada paso que da en este viaje lisérgico directo al universo de Roberto Bolaño. Sería una lástima que, parafraseando a Amalfitano, uno de los protagonistas de la novela, algún lector se dejara amedrentar por la envergadura de esta gran obra, pues se estaría privando del mejor momento literario del año. Si la lectura es placer, “2666” es el éxtasis total. ![]()























