En pro de esa sensación de verosimilitud, Cortés ha esquivado algo que debe ser tremendamente tentador en una propuesta como la que nos ocupa: la virguería técnica porque sí. Rodada en diecisiete días por exigencias de la agenda de su actor, el estadounidense Ryan Reynolds –protagonista en filmes como “La morada del miedo” y “Adventureland” y, atención, marido de Scarlett Johansson–, “Buried (Enterrado)” es un ejercicio de estilo interesantísimo, pero la forma nunca está por encima del fondo. “Teníamos la obsesión de no ser fincherianos. Ojo, David Fincher me gusta mucho, muchísimo, y seguro que habría hecho una película muy interesante y que me encantaría ver. Pero seguramente habría utilizado pantallas verdes, habría hecho planos imposibles, habría atravesado la madera o entrado en el interior del teléfono... Habría hecho una serie de cosas que no concebía para ‘Buried (Enterrado)’ porque estábamos trabajando con elementos muy primitivos: madera, sudor, sangre, polvo, oxígeno, fuego... Estábamos haciendo una película que podía suceder en el Oeste si no fuera por el teléfono móvil, y para convertirla en una experiencia física de primer orden tenía que ser creíble. Por eso, si decidía dar vueltas alrededor del actor, en lugar de recurrir a la posproducción digital, diseñábamos un ataúd con paredes sostenidas en rodamientos hidráulicos que se podían quitar y poner según la cámara avanzara. Esa sensación tiene que ver con el cine de Spielberg de los setenta, con ‘El diablo sobre ruedas’ y ‘Tiburón’, donde un bidón amarillo podía llegar a ser más terrorífico que las fauces del escualo”.
Dos de los aliados más importantes de Cortés en su hazaña, una película de Versus Entertainment, productora de Barcelona, han sido sin duda Reynolds, presente en todos y cada uno de los planos de “Buried (Enterrado)” y, en palabras de Cortés, “un actor con una sensibilidad inaudita y un sentido del ‘timing’ alienígena”, y el director de fotografía barcelonés Eduard Grau (suya es la extraordinaria fotografía de “Un hombre soltero” de Tom Ford). “Ha hecho un trabajo increíble en esa misma dirección de hacer la experiencia absolutamente tangible: si no hay luz, no hay luz; si la luz es de una llama, pues de una llama. No hace trampas, transmite la sensación de que esta experiencia es real”, apostilla Cortés. 