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RODRIGO CORTÉS, Cómo encerrar la acción

Rodrigo Cortés ha esquivado en “Buried (Enterrado)” la virguería técnica porque sí.

 
 

ENTREVISTA (2010)

RODRIGO CORTÉS Cómo encerrar la acción

Claustrofobia, angustia, terror. Un espacio mínimo, un actor omnipresente. El gallego Rodrigo Cortés construyó en “Buried (Enterrado)” (2010), su segundo largometraje, una pesadilla minimalista que se amplificó gracias a una caligrafía fílmica firme, creativa e insólita para los parámetros de producción del cine hecho aquí. Desirée de Fez habló con el director.

Sobre el papel, el segundo largometraje de Rodrigo Cortés (Ourense, 1973) debía ser pura esquizofrenia: a la vez un divertimento sin pretensiones, decididamente verbenero, y un reto, por qué no, algo presuntuoso. Una película de acción con un solo personaje, ambientada en un ataúd y contada en tiempo real. De ahí podía salir desde el mayor delirio genérico hasta la pájara más arty. Pues bien, ni una cosa ni otra. Vendida a medio mundo y masajeada en festivales por público y crítica, “Buried (Enterrado)” es a la vez un ingeniosísimo ejercicio de estilo y narrativa y una cinta de acción hipertensa y trepidante... Aunque el protagonista, un transportista secuestrado en Irak y enterrado vivo, no se mueva de la caja.

“El hecho objetivo de que una película no pueda hacerse debería ser siempre un regalo para un director. En este sentido, en ‘Buried (Enterrado)’ la sombra de Alfred Hitchcock y sus desafíos al sentido común es alargada. Pienso en retos técnicos como ‘La soga’ o ‘Náufragos’, ambientada en un bote en medio del mar”

“Siempre dije que sería una especie de ‘Indiana Jones’ dentro de una caja. Por eso, aunque el protagonista esté tumbado dentro de un ataúd, uno tiene la sensación de que avanza, avanza y avanza”, cuenta Cortés, que confiesa que lo primero que le atrajo del proyecto, levantado a partir de un guión de Chris Sparling, fue su carácter insensato: “El hecho objetivo de que una película no pueda hacerse debería ser siempre un regalo para un director. En este sentido, en ‘Buried (Enterrado)’ la sombra de Alfred Hitchcock y sus desafíos al sentido común es alargada. Pienso en retos técnicos como ‘La soga’ o ‘Náufragos’, ambientada en un bote en medio del mar”. Lo nuevo del responsable de “Concursante” (2007) tiene mucho de eso. Es un pulso al sentido común. “Es lo primero que abandoné, porque comprendí que me iba a decir muy pronto que era una película imposible de hacer. Después me olvidé de la localización porque corría el riesgo de tratarla con temor reverencial y convertirla en una especie de tótem ante el que arrodillarme. La localización es solo el lugar donde suceden las cosas, lo que importa es la verdad humana de lo que está sucediendo y la peripecia. Y siempre percibí la película como una película grande. El tamaño de las historias no depende de sus centímetros cúbicos, sino de si evoluciona, si cambia, si quieres saber qué va a suceder después”.

Ojo, ese tira y afloja con el sentido común no hace la propuesta inverosímil. Aun con la coartada del género y pese a alguna huida voluntaria y relativa al fantástico, “Buried (Enterrado)” es creíble en su artificio y su delirio. “La película no es necesariamente veraz, seguro que hay formas menos creativas y más fáciles para un secuestrador de raptar a alguien que meterlo en una caja con unos ‘gadgets’. Pero sí es enormemente realista en la sensación física de la experiencia: nuestra obsesión era que la gente perdiera dos kilos viéndola, y la gente lo pasa muy bien pasándolo muy mal cuando la experiencia es tangible. ‘Buried (Enterrado)’ tenía que ser muy física y tocar emociones muy concretas, muy primarias, en muchas ocasiones muy extremas”. Y ahí está la clave de que el miedo, la claustrofobia y el malestar físico del protagonista se contagien: “Lo fundamental no es ser verdadero, sino creíble, verosímil. Es lo que hacía Hitchcock, que insistía en que no hacía pedazos de vida, sino pedazos de pastel. La experiencia hitchcockiana la puedes extrapolar incluso a la experiencia de Irak, que en este caso es el ‘macguffin’, el telón de fondo; pero la película no es política, y muchísimo menos ideológica”.

“Estábamos haciendo una película que podía suceder en el Oeste si no fuera por el teléfono móvil, y para convertirla en una experiencia física de primer orden tenía que ser creíble. Por eso, si decidía dar vueltas alrededor del actor, en lugar de recurrir a la posproducción digital, diseñábamos un ataúd con paredes sostenidas en rodamientos hidráulicos”

En pro de esa sensación de verosimilitud, Cortés ha esquivado algo que debe ser tremendamente tentador en una propuesta como la que nos ocupa: la virguería técnica porque sí. Rodada en diecisiete días por exigencias de la agenda de su actor, el estadounidense Ryan Reynolds –protagonista en filmes como “La morada del miedo” y “Adventureland” y, atención, marido de Scarlett Johansson–, “Buried (Enterrado)” es un ejercicio de estilo interesantísimo, pero la forma nunca está por encima del fondo. “Teníamos la obsesión de no ser fincherianos. Ojo, David Fincher me gusta mucho, muchísimo, y seguro que habría hecho una película muy interesante y que me encantaría ver. Pero seguramente habría utilizado pantallas verdes, habría hecho planos imposibles, habría atravesado la madera o entrado en el interior del teléfono... Habría hecho una serie de cosas que no concebía para ‘Buried (Enterrado)’ porque estábamos trabajando con elementos muy primitivos: madera, sudor, sangre, polvo, oxígeno, fuego... Estábamos haciendo una película que podía suceder en el Oeste si no fuera por el teléfono móvil, y para convertirla en una experiencia física de primer orden tenía que ser creíble. Por eso, si decidía dar vueltas alrededor del actor, en lugar de recurrir a la posproducción digital, diseñábamos un ataúd con paredes sostenidas en rodamientos hidráulicos que se podían quitar y poner según la cámara avanzara. Esa sensación tiene que ver con el cine de Spielberg de los setenta, con ‘El diablo sobre ruedas’ y ‘Tiburón’, donde un bidón amarillo podía llegar a ser más terrorífico que las fauces del escualo”.

Dos de los aliados más importantes de Cortés en su hazaña, una película de Versus Entertainment, productora de Barcelona, han sido, sin duda, Reynolds, presente en todos y cada uno de los planos de “Buried (Enterrado)” y, en palabras de Cortés, “un actor con una sensibilidad inaudita y un sentido del ‘timing’ alienígena”, y el director de fotografía barcelonés Eduard Grau (suya es la extraordinaria fotografía de “Un hombre soltero” de Tom Ford). “Ha hecho un trabajo increíble en esa misma dirección de hacer la experiencia absolutamente tangible: si no hay luz, no hay luz; si la luz es de una llama, pues de una llama. No hace trampas, transmite la sensación de que esta experiencia es real”, apostilla Cortés.

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