Ambición, la palabra para definir a Rufus Wainwright. Ambición desmesurada, desde niño, por convertirse en prima donna de todo espectáculo en que participe. El documental de George Scott, que utiliza como excusa el proceso de creación de “Prima Donna”, la ópera soñada por el nuevo chico maravillas del pop, abarca mucho más, como no podía ser de otra manera en una progenie dada al exhibicionismo como la Wainwright-McGarrigle.
Las entrevistas a sus familiares y al equipo artístico atestiguan la ambición de Rufus por acometer retos cada vez mayores, la competitividad con su hermana como motor de creación y su deseo de sustituir al padre ausente, el cantautor Loudon Wainwright III, quien, por su parte, se jacta de que su hijo le deba su entrada en el mundo del espectáculo. De forma sutil, la película apunta las motivaciones y los miedos que Wainwright exorciza a base de exhibicionismo, como cuando afirma, con supuesta hilaridad, que su biografía se resumirá en un “crescendo hacia la nada”. Fascinante. ![]()
























