Sidney Lumet, 83 años. Ópera prima, “12 hombres sin piedad” (1957); hitos destacables, “Serpico" (1973) y “Tarde de perros" (1975). Casi el último reducto de la narrativa clásica norteamericana. Entrega una cinta en la que se incluye el oficio de toda una vida, su habitual generosidad hacia los actores y un mensaje envenenado: “El mundo es perverso y algunos sacan dinero de ello, mientras que a otros este hecho los destruye”. Una proposición antigua renovada estéticamente.
“Antes que el diablo sepa que has muerto” (2007) cuenta la peripecia de dos hermanos que intentan asaltar la joyería de su propia familia, secuencia que se repite para mostrar puntos de vista e información oculta. Víctimas y acusados en el mismo banquillo. El mal del mundo se encarna en la mala suerte, en accidentes fortuitos. Pulsiones ocultas que acaban bañadas en sangre por culpa de la estupidez. También por envidia y avaricia, pero sobre todo por estupidez. Narrado en un suma y sigue de tensión y entronización de la tragedia griega. Los personajes se muestran, ni se justifican ni perdonan.
Y quizá ese método sea el único para mantener el “bulto redondo” de una narración. Albert Finney, Ethan Hawke y sobre todo Philip Seymour Hoffman suman la profundidad de sus personajes a la película. Profundidad perdida en la alta definición de la filmación en HD, que mata los fondos y descontextualiza a los actores de su entorno (separata: deberíamos plantearnos de dónde nace el infantil entusiamo por el digital, quién lo alimenta y qué argumentos usa para dar por muerto el celuloide). En esta película el formato de superficie eléctrica y achispada funciona como si fuera una herramienta de extrañación que añade misterio a la descomposición temporal y a la tarantinesca dosificación informativa. Son unos recursos que se ajustan como un guante a propuestas cercanas al noir. Todo lo que sabía el caballero Sidney Lumet llevado al siglo XXI. ![]()


























