Supone un reduccionismo señalar el Delta del Mississippi como exclusiva área de origen del blues al igual que lo es apuntar hacia Nueva Orleans como cuna única del jazz. No obstante, nadie discute a la zona su dominante presencia en el nacimiento de una música emocional y expresiva como pocas, convertida en tronco común de un apabullante número de ramificaciones de la música popular contemporánea. Precedido por el crédito logrado con su excelente “Historia del jazz” (1997; Turner, 2002) –el mejor volumen publicado en castellano sobre la crónica del género–, Ted Gioia delimita y analiza durante algo más de quinientas páginas unas bases, desarrollos y conexiones que trascienden el ámbito creativo para abordar un mapa cronológico por el que desfilan eventos políticos, circunstancias económicas y tramas sociales y raciales sobre las cuales se argumenta el hecho musical.
En este prisma tampoco falta espacio para la aproximación personalizada a una dinastía alimentada por nombres del peso de Charley Patton, Robert Johnson, Skip James, John Lee Hooker, Muddy Waters, Son House, Howlin’ Wolf y B.B. King. El organizado recorrido por la columna vertebral de esta “música surgida de la tierra” no se detiene en tan emblemática relación sino que también recala en posteriores procesos de resurgimiento representados por R.L. Burnside y Junior Kimbrough, entre otros.
El antropológico método no excluye el examen de la forma musical y, en menor medida, textual condensada en cien canciones seleccionadas a modo de documento que, “en esta época de descargas y listas de reproducción”, susciten una escucha “más atenta y constante”. Una relación en la que se incluyen cachorros blancos como Cream y Canned Heat, influidos y deseosos en su momento de llenar sus depósitos creativos en las seminales aguas del Delta. Un cierre oportuno para un estudio ejemplar. “Blues” (en el original, “Delta Blues”; 2008) es un libro muy recomendable. ![]()























