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Treme, Let The Good Times Roll

Steve Zahn (Davis McAlary) y Fats Domino, buscando el ritmo de Nueva Orleans.

 
 

SERIE TV (2012)

Treme Let The Good Times Roll

“Huracanes. Inundaciones. Exilio. Crimen. Corrupción. Traición. Codicia. Negligencia. ¿Eso es todo lo que tienes?”: así se anunciaba la tercera temporada de “Treme” (HBO; 2012), de la que aquí opinó Miquel Botella. Una serie ambientada en el Nueva Orleans pos-Katrina que, pese a su calidad y autenticidad, no ha llegado a conquistar a un público amplio porque, en el fondo, trata de algo tan menospreciado hoy en día como es la cultura en general (y la música en concreto). Y con el final marcado: una cuarta tanda de tan solo cinco episodios. Más información sobre las dos primeras temporadas de “Treme”, aquí.

Cinco años después de que el huracán Katrina asolara Nueva Orleans a finales de agosto de 2005, Andrea Aguilar escribía en ‘El País’ un artículo titulado “El Katrina como una de las bellas artes”, donde explicaba cómo la tragedia había inspirado documentales, libros y series. Sí, en plural. Porque muchos desconocen que “Treme” no es la primera serie grabada (y ambientada) en la ciudad tras la inundación. El honor se lo lleva “K-Ville”, una producción policíaca de la Fox de 2007. Un fracaso: no llegaron a emitirse sus trece episodios y no gustó nada por no reflejar fielmente la realidad.

¿Fue la creación de “Treme” producto del oportunismo? Para nada: la génesis de la serie de David Simon y Eric Overmyer, los autores de “The Wire”, se remonta a varios años atrás. Así lo explica Simon en el making of incluido en la edición en DVD de la primera temporada: “Eric y yo queríamos hacer una serie en Nueva Orleans, incluso antes del Katrina, que tratara sobre la cultura musical de la ciudad, entre otras cosas”. Y es que, de hecho, el huracán acaba siendo una mera excusa que, de acuerdo, en la primera temporada tenía una mayor presencia, con las calles aún tomadas por el ejército, casas destrozadas, problemas en el suministro de agua, gas y electricidad...

En la segunda temporada, la historia incorporó varias subtramas –la corrupción policial y política, el regreso del crimen a la ciudad y la especulación urbanística– y se añadieron nuevos personajes. Pero, sobre todo, irrumpió la violencia, golpeando brutalmente a algunos protagonistas. Las localizaciones se ampliaron, y Nueva York cobró una especial relevancia de la mano de algunos de los allí “exiliados”. La tercera recupera a algunos de los personajes que vuelven a Nueva Orleans tras la diáspora, presenta nuevas caras (con alguna sorpresa interesante, como Isabella Rossellini), introduce nuevas perspectivas a través del periodismo de investigación, la educación y el sistema judicial, e incide en la gastronomía.

Si comparamos las tres temporadas de “Treme”, nos encontramos con un problema: la primera tuvo un final tan espléndido, cerrando todas las historias paralelas, que podría haber terminado allí mismo. La segunda, aunque nos proporcionó el placer de contemplar la evolución de los personajes, perdió algo de fuelle al adentrarse en tramas policiales. Y la tercera es más de lo mismo: apasiona cuando la música toma el control, pero se torna cansina al contar dramas personales y pesquisas policiales.

 

“Treme” es la serie que todos los amantes de la música llevábamos años esperando y que debería haberse hecho, con o sin Katrina de por medio.

 

¿Pero cuál es, realmente, la historia principal de “Treme”? En el fondo, responde a ese axioma según el cual la creatividad se incrementa en situaciones de escasez de medios o falta de libertad. Por eso, y por extraño que parezca en los tiempos televisivos intrascendentes que corren, la trama trata más sobre la recuperación de la cultura de la ciudad (no solo la música en sus diferentes usos; también la gastronomía, otro de sus grandes valores) que sobre la reconstrucción de las casas que el viento y el agua se llevaron. Eso no excluye el carácter documental de las imágenes, llevado a extremos enfermizos en pos del rigor: no se trata solo de la ambientación, sino también –y sobre todo– de los personajes.

Una de las muestras más evidentes de la obsesión por la autenticidad que impregna “Treme” la encontramos en el hecho de que muchos de los protagonistas están inspirados en personas reales, algunas de los cuales se han convertido en asesores de la serie. Así, Antoine Batiste está inspirado en el trompetista Kermit Ruffins; Davis McAlary es un trasunto de Davis Rogan, DJ y fundador del grupo All That; el referente de Janette Desautel es la chef Susan Spicer; Toni Bernette se inspira en otra abogada, Mary Howell, especialista en casos de brutalidad policial; y el espejo del trompetista Delbet Lambreaux es el jazzman (y también jefe indio) Donald Harrison Jr.

Se podría argumentar que “Treme” tiene dos niveles de lectura: uno estaría dirigido al espectador corriente, que contempla una historia con tragedias personales e intrigas policiales; el otro apuntaría directamente al amante de la música. Y ese es el que convierte esta serie en algo excelso. Hasta ahora, todas las producciones (televisivas y cinematográficas) ambientadas en Nueva Orleans habían considerado la música como un simple atrezo exótico y localista. En “Treme” desempeña literalmente un papel central no solo como telón de fondo, sino que se convierte en un personaje más de la narración y se entrelaza con ella orgánicamente: es el “pegamento” que une todas las piezas y está en todas partes: en la radio, en los funerales, en los carnavales, en los bares y hasta en las casas. Además, se percibe el esfuerzo por atrapar la música de forma natural, casi como grabaciones de campo (todas las actuaciones se registran en directo, incluidos los desfiles callejeros).

Nuevamente, siguiendo las pautas habituales en busca de la autenticidad de las producciones de David Simon, en “Treme” hay un cuidado especial en utilizar música que pertenezca a la línea temporal de la historia. Asimismo, los guiones están plagados de referencias y guiños en los diálogos que difícilmente captará el espectador medio sin un cierto background. Un ejemplo al azar: “Olvida todo lo que te han dicho de Jesús, Buda o Alá, porque solo existe un Dios y se llama Professor Longhair”. ¿Y qué decir de los títulos de cada capítulo? Todos ellos pertenecen a canciones asociadas a Nueva Orleans y a sus artistas.

Y queda, claro está, la enorme cantidad de cameos de músicos que aparecen interpretándose a sí mismos. La lista es increíble, y en la tercera temporada cuenta con, entre otros, Fats Domino, The Neville Brothers, Quintron & Miss Pussycat, Marcia Ball, Kermit Ruffins, Tab Benoit y Jill Sobule. Esta apabullante selección, cómo no, responde también al rigor “histórico”, al incluir únicamente a artistas que realmente estuvieran en la ciudad en ese período pos-Katrina. Y es que, en definitiva, “Treme” es la serie que todos los amantes de la música llevábamos años esperando y que debería haberse hecho, con o sin Katrina de por medio.

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