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Twin Peaks, Confesiones de un superviviente

Bienvenidos a Twin Peaks. Población: 51 201.

 
 

ARTÍCULO (1991)

Twin Peaks Confesiones de un superviviente

“Twin Peaks” ha vuelto. Es el reencuentro con la serie que durante 1990 y 1991 conmocionó el mundo de la televisión con sus dos extrañas temporadas llenas de enigmas. Fue una de las cimas de David Lynch, quien no ha podido resistirse a reflotar el humor surreal envuelto en drama y misterio de una marca inalterable al paso del tiempo: la magia de “Twin Peaks”. Recuperamos este documento de los archivos de Rockdelux de 1991: Juan Vitoria estuvo en Snoqualmie y North Bend, poblaciones situadas a unos 50 km. de Seattle, en el estado de Washington, al noroeste de Estados Unidos, donde se filmaron los memorables capítulos de la serie televisiva. Lee, Peak Freak.

Solo con las dos primeras notas de la guitarra con trémolo que utiliza Angelo Badalamenti se abren las puertas de un nuevo mundo que ha conducido al medio televisivo a conquistar a todos los reticentes de la pequeña pantalla, ahora devotos de un culto llamado “Twin Peaks”. No es únicamente, pese a lo argumentado por la “intelligentsia” de cada país, el respeto que se profesa a David Lynch; llegado un punto, cualquier personaje del telefilme posee las características necesarias para crear un enganche inmediato a ese mundo insano y arrebatador donde el Agente Cooper, Ben Horne, el sheriff Truman o ese despliegue de bellezas femeninas se mueven… o mueren; la delicia de lo perverso, el surrealismo llevado a través de un buen cupo de capítulos donde cabe de todo: es la fusión del cine y la televisión, mil y una historias desarrolladas con tal sentido del humor que es imposible desdeñarlas. Pero Twin Peaks no existe, si no es en las mentes del equipo creativo de la serie, o por lo menos no existe como tal; y ahí está lo maravilloso del cine, o de la televisión. Lo sorprendente del asunto es la gran cantidad de fanáticos que se dirigen a los pueblos y lugares donde se rodó la ficción, en una especie de peregrinaje que aúna intelectuales defensores del medio televisivo como herramienta de comunicación, hippies que ven la resurrección de la literatura beat, amantes de Buñuel y, en fin, un buen montón de Peaks Freaks; confieso que yo fui uno de ellos.

Pero como enjuiciar a estas alturas la serie me parece una perogrullada, prefiero divertirme contando el juego que Lynch y sus compinches han desarrollado cambiando de arriba abajo todos los lugares, bares, hoteles e incluso paisajes del auténtico Twin Peaks, algo así como una guía turística para todo el que quiera disfrutar de tan “apacible” pueblecito, un lugar recomendable incluso para quien no haya visto ni un solo capítulo del embrollo. Allí no hay, por mucho que busques, ningún tipo de logia blanca o negra, ni cultos extraños ni nada por el estilo, aunque, mira por dónde, lechuzas sí puedes encontrar; sin embargo, ateniéndonos a las palabras de Lady Leño, tampoco las lechuzas son lo que parecen.

Estado de Washington, el noroeste de los Estados Unidos, patria musical del garage más vibrante de los sesenta. El punto de comienzo debe ser Seattle, la ciudad favorita, según una encuesta reciente, de los norteamericanos, con un ambiente juvenil similar al de San Francisco y un nivel de vida ciertamente alto, sin suburbios, una urbe realmente preciosa llena de islotes desde donde se divisa la siempre omnipresente la Aguja del Espacio, un edificio moderno en toda la dimensión de la palabra. Pero no nos quedamos allí: alquilamos un automóvil y nos dirigimos a la Interstate 90, atravesando la bellísima Bellevue y encaminándonos hacia Snoqualmie, a solo unos 50 kilómetros de Seattle; y allí está todo.

 
  • La gigantesca cascada y The Salish Lodge, El Gran Hotel del Norte, en su cima.

  • Juan Vitoria antes de saborear el pastel de cerezas en el Mar-T Cafe, la famosa Doble R.

  • El sabroso y famoso pastel de cerezas.

  • La oficina de la verdadera serrería de Snoqualmie.

  • La gasolinera de Ed, convertida en un puesto de venta de cometas.

  • El puente donde fue encontrada Ronette Pulaski.

 

Un poco antes de llegar a Snoqualmie la carretera se llena de increíbles abetos de una altura espectacular; son los abetos Douglas y dan el primer toque de atención cuando recuerdas lo alucinado que estaba Coopy con los mismos. La serie, desde luego, le ha hecho un favor al lugar en cuanto a popularidad; no creo que haya más de 15 000 habitantes en Snoqualmie y otros tantos en North Bend, que es el pueblo colindante y quizá donde más se ha rodado. Pero cuando de verdad te das cuenta de que estás dentro del mundo creado por el malvado Bob y el pluscuamperfecto Cooper (el Tintín de nuestros tiempos) es al llegar a Snoqualmie Falls, la gigantesca cascada con el hotel en su cima, el Gran Hotel del Norte, cuyo nombre real es Salish Lodge, un lujo al alcance de todos que merece la pena probar: solo cuesta 160 dólares la habitación doble (al cambio, unas 16 000 pesetas), pero ofrece el estilo y la apariencia de uno de 50 000 la noche; que conste que esto en Estados Unidos es carísimo, ya que el nivel hotelero allí supera con creces al europeo en todos los sentidos (por poner un ejemplo, el Holiday Inn de Holywood, junto al Teatro Chino de Grauman, solo cuesta 7000 pesetas la habitación doble, que incluye dos camas gigantescas, un espléndido baño y un tamaño aproximado de 30 metros cuadrados). En el Salish Lodge los salones de juntas han sido utilizados para rodar escenas, así como algunos pasillos, pero las habitaciones que aparecen en la serie son decorados, ya que las reales son de categoría infinitamente superior (todas con chimenea y jacuzzi incluido). El hall y la recepción son, asimismo, decorados, no están filmados en el hotel.

La montaña que aparece en ocasiones es el Mount Si y, haciendo un extraño juego, Lynch ha utilizado el nombre de un pico cercano, Jack One-Eyed (Jack El Tuerto), para el burdel situado al otro lado de la frontera. Lo más característico es la Doble R, cuyo nombre real es Mar-T Cafe. Por dentro es idéntico al de la serie y, según palabras de su propietaria, todas las escenas han sido filmadas realmente allí; antes de emitirse la serie eran conocidos por sus sabrosas tartas de manzana o el pastel de chocolate, pero no tenían ni idea de cómo era el pastel de cerezas: hoy en día cocinan 50 diarios que envían a todas las partes del país por encargo; os lo aseguro, es excepcional. El Mar-T Cafe está en North Bend, que es el pueblo más grande la zona, lleno de tiendas para esquiadores, el deporte más practicado allí en los gélidos meses invernales.

En Snoqualmie se filmaron las escenas de la high school al comienzo de la serie, y también el descubrimiento del lugar donde Laura Palmer fue asesinada, unos vagones de tren abandonados justo detrás de la estación. Cerca de allí se encuentra la serrería (¡¡¡que existe de verdad como tal!!!), y las oficinas de la misma son las que han hecho posible el edificio en el que el sheriff Truman vela por la seguridad de su condado; solo hay que poner un cartel arriba y ya vale. No demasiado lejos, en Fall City, se halla el Roadhouse, pero solo la fachada aparece en juego, ya que su interior es el de un típico (y suculento) diner americano; su nombre real es Colonial Inn, donde también acogen huéspedes. Y lo más aparatoso, la estación de gasolina de Ed es una tienda de cometas o cachirulos o como se llame en cada zona de nuestro país. La mayoría de exteriores de la serie, esos bosques inmensos de abetos, los lagos y toda la zona verde está bastante lejos, hacia el norte, sin llegar a Canadá pero casi, en el Diablo Lake, un paraje ensoñador.

Y no creáis, no hay un excesivo uso de parafernalia turística para deglutidores de “Twin Peaks” (por cierto, el nombre está sacado de dos montañas gemelas en el centro de San Francisco, ciudad favorita de Lynch), no hay camisetas hasta en la sopa, ni revistas ni cosas por el estilo. La gente que habita aquel lugar es sencilla, increíblemente amable y poco ruidosa; además, no se publicita en ningún lugar del estado de Washington, ni siquiera en Seattle, donde se ha filmado “Twin Peaks”, como rehuyendo la comparación, lejanos al enigmático proceso malsano que semana tras semana atrapó a miles de televidentes en todo el mundo.

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